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Martes, 29 Nisan 5777 / 25 Abril, 2017
El Tehilím constituye un diálogo franco entre el hombre mortal y su Padre Celestial.

Tehilim Diario

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Capítulos 140-144

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Capítulo 140
David compuso este Salmo contra sus difamadores, especialmente el principal conspirador, Doeg. Quien enfrenta un difamador debe recitar este Salmo.

Para el Director del Coro, un Salmo por David: Libérame del hombre perverso, protégeme del hombre de violencia que idea planes perversos en su corazón; todos los días ellos se reúnen para guerras. Afilan sus lenguas como una serpiente; el veneno de la araña está siempre bajo sus labios. Protégeme, Adonái, de manos del malvado, cuídame del hombre de violencia, aquellos que traman hacer tropezar mis pasos. Los arrogantes ocultaron una celada para mí, y sogas; tienden una red en mi sendero, colocan trampas para mí continuamente. Yo dije a Adonái: "(Tú eres mi Dios!" Oye, Adonái, la voz de mis súplicas. Dios, mi Señor, fortaleza de mi rescate, Tú resguardaste mi cabeza en el día de la batalla armada. No concedas, Adonái, los deseos del malvado; no concretes su plan, hazlo inasequible para siempre. En cuanto a la cabeza de quienes me acosan, que la falacia de sus propios labios los sepulte. Que caigan carbones ardientes sobre ellos; que los haga caer en el fuego, en fosas profundas, para nunca subir más. No dejes que el hombre infamatorio se establezca en la tierra; que la maldad del hombre de violencia lo atrape hasta derribarlo. Sé que Adonái librará el juicio para el pobre, justicia para el necesitado. Por cierto, los justos ensalzarán Tu Nombre; los rectos morarán en Tu presencia.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 141
Una importante lección: Se debe pedir a Dios que ayude a que la boca no exprese lo que no alberga el corazón, como el guardia que sólo permite abrir la puerta cuando es necesario.

Un Salmo por David: Adonái, Te he llamado, apúrate a mí; escucha mi voz cuando Te llamo. Establézcase mi plegaria ante Ti como incienso, el alzado de mis manos como la ofrenda de la tarde. Adonái, pon resguardo a mi boca, monta guardia sobre la puerta de mis labios. No inclines mi corazón a una cosa mala, a realizar actos en maldad, con hombres, hacedores de maldad; no me dejes participar de sus delicias. Haz que el justo me golpee con bondad y que me reprenda; como el aceite más fino, que mi cabeza no lo rehúse. Pues mientras tanto [vivo], mi plegaria es [para conservarme] de su daño. Pues sus jueces han tropezado a causa de su [corazón de] roca, aunque oyeron mis palabras y se complacieron. Como quien fragmenta y astilla [madera] sobre el suelo, así fueron nuestros huesos esparcidos a la boca de la tumba. Pues hacia Ti, Dios, mi Señor, están mis ojos; en Ti me refugio; no derrames mi alma. Protégeme de manos de la trampa que colocaron para mí, y de la celada de los que hacen el mal. Que los malvados caigan juntos en sus propias redes, hasta que yo pase.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 142
Una plegaria portentosa compuesta por David al ocultarse en la cueva y cortar el extremo de la ropa de Shaúl [demostrando que pudiendo matarlo, no lo hizo]. Dijo: "¿A dónde me dirigiré, dónde huiré? ¡Sólo puedo clamar a Ti".

Un maskíl de David, cuando estuvo en la cueva, una plegaria: Con mi voz clamaré a Adonái; con mi voz imploraré a Adonái. Derramaré mi súplica ante El; declararé mi angustia en Su presencia. Cuando mi espíritu se debilita dentro de mí, Tú conoces mi sendero. En la senda por la que camino, ellos han ocultado una celada para mí. Mira a mi derecha y ve, nadie hay que me conoce; todo escape se me ha perdido. A nadie le importa mi alma. Clamé a Ti, Adonái; dije: "Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivos". Presta atención a mi cántico [de plegaria], pues he sido llevado muy bajo. Sálvame de mis perseguidores, pues son demasiado poderosos para mí. Saca mi alma del encierro, para que pueda reconocer Su Nombre. A causa de mí, los justos [Te] coronarán voluntad [Tú] cuando me tratarás con gracia.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 143

Un Salmo de David: Adonái, oye mi plegaria, presta oídos a mis súplicas. Con Tu fidelidad respóndeme, y con Tu rectitud. No vengas en juicio con Tu sirviente, pues ningún ser viviente será reivindicado ante Ti. Pues el enemigo ha perseguido mi alma; ha aplastado mi vida al suelo; me ha puesto en sitios oscuros, como aquellos que están eternamente muertos. Entonces se debilitó mi espíritu; mi corazón se consternó dentro de mí. Recuerdo los días de antaño; medité sobre todas Tus obras; hablé de la obra de Tus manos. Extiendo mis manos a Ti; como una tierra languideciente, mi alma [anhela] a Ti, sela. Respóndeme pronto, Adonái, mi espíritu se desvanece; no ocultes Tu rostro de mí, no sea que me asemeje a quienes desciende a la fosa. Déjame oír Tu bondad en la mañana, pues en Ti he confiado. Hazme conocer el camino por el que debo andar, pues a Ti he alzado mi alma. Sálvame de mis enemigos, Adonái. He ocultado [mis tribulaciones de todos, salvo] de Ti. Enséñame a hacer Tu voluntad, pues Tú eres mi Dios. Que Tu buen espíritu me conduzca en un sendero recto. En aras de Tu Nombre, Adonái, dame vida; en Tu rectitud, saca mi alma de la angustia. Y en Tu bondad, cercena a mis enemigos y elimina a todos los que oprimen mi alma, pues soy Tu servidor.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 144
Tras triunfar en todas sus batallas, David compuso este Salmo de alabanza a Dios.

Por David: Bendito sea Adonái, mi Roca, quien entrena mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra. Mi fuente de bondad y mi fortaleza, mi alta torre y mi salvador, mi escudo, en quien me refugio; es El quien somete a mi pueblo a mí. Adonái, )qué es el hombre, que lo has reconocido; el hijo de un mortal, que lo tengas presente? El hombre es como un hálito; sus días como una sombra transitoria. Adonái, inclina Tus cielos y desciende; toca las montañas y se volverán vapor. Haz destellar un relámpago y los esparcirás; envía Tus flechas y los confundirá. Extiende Tus manos desde lo alto, libérame y sácame de muchas aguas, de la mano de forasteros, cuya boca habla falacia y cuya diestra es una diestra de falsedad. Dios, entonaré una nueva canción a Ti, te cantaré con un arpa de diez cuerdas. Aquel que concede victoria a reyes, El librará a David, Su servidor, de la espada maligna. Libérame y sálvame de mano de los forasteros, cuya boca habla falacia y su diestra es diestra de falsedad. Nuestros hijos son como retoños cuidados desde su mocedad, nuestras hijas como piedras angulares, modeladas a la manera de un palacio. Nuestros almacenes están llenos, desbordando toda suerte de alimento; nuestro ganado aumenta de a millares, creciendo de a decenas de miles en nuestros campos abiertos. Nuestros líderes soportan la carga más pesada; no hay quien produzca quebranto, ni hay mal informe, ni clamor en nuestras calles. Dichoso el pueblo cuyo destino es éste; dichoso el pueblo cuyo Dios es Adonái.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.


Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

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