La sociedad europea sufrió rápidos cambios en el siglo 18. Fue la Era del Iluminismo y nuevas ideologías se pusieron de moda, ideologías que a menudo parecían estar en desacuerdo con los valores judíos. En las nuevas formas de pensamiento, la razón humana fue considerada la máxima negociadora de la verdad. La religión fue dejada de lado por el poder de la ciencia.

El Iluminismo inflamó una era de expresión cultural en Europa, y una rebelión de talentos emergió. Las artes visuales, la arquitectura y la escultura florecieron; la expresión musical fue traída a una nueva vida por el genio del compositor Ludwig Van Beethoven y otros grandes músicos. La literatura, el drama y la poesía fueron partes vitales de la cultura europea, y las tendencias educativas cambiaron para poner un énfasis más grande en la experiencia cultural y en el desarrollo de la auto-expresión.

Acompañando al cambio cultural vino la concepción errónea de que la fe y la razón eran mutuamente excluyentes y que la obediencia y la auto-expresión no pueden funcionar al unísono.

En verdad, en la tradición judía, la fe y la razón son muy compatibles. Abran cualquier página del Talmud y verán la aguda habilidad de razonamiento de los sabios talmúdicos. E pensamiento crítico y la educación son parte de la tradición judía. No es por nada que hemos sido llamados el pueblo del libro.

Obediencia y auto-expresión tampoco son mutuamente excluyentes. En la Era del Iluminismo, se creía que el compromiso religioso paralizaba la expresión creativa, pero realmente, en la tradición judía, la expresión creativa es alentada. En efecto, es vista como una de las más potentes herramientas en nuestro servicio a Di-s.

La auto-expresión creativa es eufórica. Ver el éxito de los talentos de uno es un dulce mensaje para la psiquis cuando esta experimenta el placer natural del logro. Pero en el pensamiento judío, la expresión de los talentos de uno es vista como algo más —cada alma tiene una misión única como agente de Di-s. Como agente, el alma es dotada de las herramientas que necesita; esas herramientas son diseñadas a medida para su tarea. Si uno tiene conciencia de su alma y su misión como agente de Di-s, la experiencia de la auto-expresión creativa toma una dimensión diferente.

Las mujeres que viajaron con Moisés en el desierto tenían una aguda conciencia de su alma. Cuando Moisés enumera las contribuciones que los judíos hicieron para el Tabernáculo, menciona entre ellas la contribución de las mujeres, quienes tejieron exquisitas telas para las cortinas del Tabernáculo. Como podemos ver, esas mujeres vieron su expresión creativa como parte de su servicio a Di-s, y Di-s valoró tanto sus dones que en la Torá se hace una mención especial de ellos.

“Todas las mujeres cuyos corazones las inspiró con sabiduría, hilaron los carneros” (Éxodo 35:26).

¿Por qué la Torá dice que ellas “hilaron los carneros”? ¿Por qué no dice que hilaron la lana, los vellones de los carneros? De esta expresión inusual el Talmud explica que ellas usaron una técnica única para hilar la lana de los carneros.

“Era una artesanía extraordinaria, pues ellas hilaban de los vellones en el lomo de los carneros [antes que fuera esquilada]” (Shabat 74b).

¿Por qué ellas eligieron hilar los vellones mientras aun crecían en el lomo de los carneros? Rabí Obadia ben Jacob Sforno, un rabino y filósofo italiano del signo 16, explica que la lana de carnero pierde mucho de su brillo una vez que es esquilada, y al peinar e hilar la lana mientras aun crecía, las mujeres mantenían su brillo. Di-s no les dijo que hilaran los vellones para las cortinas de esta manera. Por su propio sentido de la belleza, ellas diseñaron las cortinas de la forma más creativa, para embellecer el Santuario.

El Rebe agrega otra dimensión a esta idea. Esas mujeres, explica, no vieron su contribución sólo como una donación; ellas la vieron como un sacrificio a Di-s. Si ellas tenían ojo para diseñar y mano para coser, quisieron dar a Di-s un sacrificio usando su ojo y mano, las herramientas que les fueron dadas.

Entre los sacrificios que fueron traídos al Templo, había dos categorías: sacrificios animales y sacrificios de alimentos. El sacrificio animal era el más generoso, superior a la ofrenda de alimentos. Las mujeres, que vieron su contribución como un sacrificio, quisieron que el suyo fuera de la mejor clase, el sacrificio animal. Pero ellas trajeron cortinas, no animales. ¿Cómo podían hacer cortinas vivientes? Pero ellas pudieron a través de “hilar los carneros” —hilando los vellones mientras aun eran nutridos por el cuerpo del carnero. De esta manera, las cortinas estaban diseñadas como un sacrificio vivo, ellas tejían tela de lana viva.

Cuando vemos nuestros talentos como un atributo de Di-s para nuestra alma, entonces el cultivar ese talento se convierte en un imperativo. Hay humildad en este conocimiento, que la expresión creativa es un medio del alma para cumplir su misión única. Cuando es visto de esta manera, no hay limitaciones para cuan lejos la expresión creativa puede avanzar.