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Una noche en Ben Yehuda

Una noche en Ben Yehuda

Me dijo: “Vas a pensar que soy raro y loco, pero, en verdad, tengo algo interesante para contarte"

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Esta historia ocurrió un sábado de noche común y corriente hace poco. Estaba sentada charlando con mis amigas en la calle de Ben Iehuda en Ierushalaim.

Entre toda la gente que llenaba la calle, había muchos mendigos que caminaban y pedían dinero. Uno de ellos se me acercó, y moviendo su mano, decía “Tzedaká, Tzedaká...”.

Mi primera reacción no fue en darle, no tenía ganas. Pero al pensarlo otra vez, pensé: en realidad, ¿qué excusa tengo? No me cambia nada darle algunas monedas, y no tengo ninguna razón para no hacerlo. Saqué mi billetera y le di dos shekalim. El mendigo se puso feliz, y continuó su camino. Yo, también, me alegré, en darme cuenta que mi Mitzvá chiquita valió la pena.

De repente, se me acerca otro tipo, con unos veinticinco años, y me pregunta si hablaba inglés.

Ya que no es mi cosa favorita hablar con extraños, le contesté, “¿Qué precisas?”

“No preciso nada,” dijo.

“Y en realidad, tú vas a beneficiarte de esto.”

Yo tenía cero interés, y casi ni le presté atención a lo que me decía. Pero empezó a hablar, y me dijo: “Vas a pensar que soy raro y loco, pero, en verdad, tengo algo interesante para contarte. Hace una semana dejé con mi novia y fue muy feo. Es por eso, que quiero deshacerme de todo lo que me recuerda a ella, incluso en el más mínimo. Yo le había comprado un regalo, pero no llegué a dárselo, y ahora, no sabía qué hacer con él. Pensé y pensé hasta que me decidí. Me dije a mi mismo, ‘la próxima persona que veo dar Tzedaká, recibirá este regalo, porque él o ella se lo merecerá por su bondad.’ Estuve caminando por aquí, y, finalmente, encontré la persona con quien cumplir mi promesa. Eres tú.”

Cuando terminó de hablar, sonrió y puso una bolsa roja y arrugada con algo dentro, en mi regazo y se fue. Me asusté, entrenada como estamos de sospechar de cada paquete no identificado. Tiré el paquete y me levanté para irme a buscar un policía.

Se dio cuenta y volvió hacia nosotras. Levantó el paquete, abrió la bolsa y sacó una caja. En la caja había un flamante par de auriculares muy caros. Si bien la noche empezó como una noche común y corriente, terminó siendo una de las experiencias más increíbles de mi vida. Sentí que D-os me estaba mandando un mensaje personal.

Sólo en Israel pasan estas cosas.

Por Lea Shemtov
Extraído de Revista Kesher de Jabad Uruguay
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