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Los Tzitzit de mi Padre

Los Tzitzit de mi Padre

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Cuando era pequeña iba con mi padre a la sinagoga. Uno de los primeros recuerdos es de cuando era tan niña, que aún podía sentarme en la falda de mi padre en el sector de los hombres y compartíamos dos juegos especiales. Al primero lo llamábamos "Encontrar el Alef", la primera letra del alfabeto hebreo. Puede sonar como algo muy fácil pero créanme que, desde la óptica de una niña de tres o cuatro años, era un enorme desafío sumergirme en ese mar de letras hebreas e ir encontrando cada Alef que había en la página. Lamentablemente, aunque el objetivo de este juego era que me quedara callada tenía un efecto contrario, ya que cada vez que podía encontrar la letra, en tono triunfal gritaba "¡Alef!"

Fue entonces que mi padre ideó el segundo juego, uno mucho más tranquilo. Mi padre me enseñó a trenzar sus tzizit. Supongo que nunca me trenzó mi largo cabello castaño, pero me enseñó a trenzar los flecos que colgaban de su suave y blanco manto de oraciones.

Seguramente te estarás preguntando si todo esto es importante. Por supuesto que un hombre puede hacer una simple trenza ¿y qué tiene de particular que le haya enseñado esta manualidad básica a su única hija? Verás, es que mi padre era un inmigrante.

Hablaba varios idiomas, algunos mejor que otros. No siempre pude entender sus palabras o costumbres. Pero lo que siempre comprendí fueron sus abrazos, la manera en que me hacía cosquillas en el cuello y los caramelos que siempre tenía en su bolsillo. Y, de alguna manera, entendía sus silenciosas instrucciones. Por encima, por debajo, una y otra vez hasta que mis deditos fueron aprendiendo la lección que me daban sus grandes y tiernas manos, y la trenza fue tomando forma.

A medida que fui creciendo, no me acuerdo que me haya enseñado más cosas. Después de todo ¿qué le podía enseñar a una niña que sacaba sobresaliente en la escuela y que quería asistir a una de las ocho universidades más prestigiosas de los Estados Unidos?; que valoraba más su educación secular que cualquier sabiduría popular del viejo mundo que él me hubiera podido transmitir.

Aún así, hoy en día lo que recuerdo de la universidad me parece una enorme imagen borrosa de un conjunto de banalidades intelectuales, si las comparo con las simples lecciones de mi padre: me enseñó a pronunciar el Shemá antes de dormir, y el Modé Aní al despertar. Me enseñó las bendiciones para el pan, el vino, e incluso para algún ocasional whisky. No siempre me acuerdo de pronunciar esas oraciones, pero todas las sé de memoria. Al igual que recuerdo mi número de seguridad social... y mi nombre judío.

Cuando después de una breve enfermedad, a los ochenta y dos años mi padre murió en paz, un hombre de la Jevrá Kadishá vino para preparar el cuerpo según las normas de la ley judía. Me preguntó si mi padre tenía un talit con el que querría ser enterrado, como una especie de mortaja. Le dije que por supuesto, él tenía su talit. En su mesa de luz estaba el gastado sobre de terciopelo que me era tan familiar y, de ahí extraje el viejo y atesorado manto de oraciones.

El hombre de la Jevrá Kadishá, cuyo nombre no recuerdo, pero cuya bondad nunca voy a poder olvidar, me hizo una pregunta que, debido a mi consternación y pena, ni siquiera estaba segura de haber oído bien. Me preguntó si quería quedarme con uno de los tzizit. Me quedé mirándolo sorprendida y casi empecé a reírme por la inesperada sensación de alegría y alivio. "¿Realmente puedo quedarme con uno de los tzizit?", pregunté con sorpresa, porque no creía que las estrictas normas del ritual del entierro judío permitieran este gesto tan sentimental, pero cargado de contenido. Me aseguró que estaba permitido.

Tomé uno de los tzizit y sentí como me tensaba interiormente antes que el hombre lo cortara. En ese momento también se cortó uno de los últimos lazos de mi padre con el mundo terrenal y casi lo sentí como el corte del cordón umbilical de la ligazón entre el padre que había llenado los días de mi vida y el que ahora pasaba a vivir en mi recuerdo. Aún así, al romperse la conexión física, surgió un nuevo vínculo.

Hoy en día, cada vez que toco los tzizit siento que es como si estuviera tocando a mi padre. El cordón trenzado –porque le hice una trenza- es un recuerdo tangible de una de sus lecciones más dulces. En la trenza de sus tzizit están los cordones de su vida, lo temporal entrelazado con lo espiritual, en una especie de unión particular que sigue vigente mucho tiempo después de la partida de su alma. Los tzizit son ahora un marcalibros que llevo en mi libro de oraciones y, al ir pasando las hojas, encuentro los Alef y recuerdo a mi padre, cuya tranquila sabiduría espero honrar cada vez que toco su último regalo.

Por Jessica Klein Levenbrown
Jessica Klein Levenbrown es una exitosa escritora y productora de televisión. Comenzó su carrera en el programa Plaza Sesamo, fue la escritora principal del programa “Mientras el mundo gira” y junto a su socio Steve Wasserman produjo la aclamada serie “Beverly Hills, 90210” Jessica creo el programa para adolescentes Just Deal basándose en sus experiencias personales como madre judía y recientemente produjo la serie Scout Safari.
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martin L. argentina 30 Octubre, 2016

impresionante historia. gracias Reply

gilbert Tanzania 14 Agosto, 2016

Bella historia wmocionante. Reply

miguel 6 Abril, 2016

Hermoso. Cada tanto lo leo y siento un calorsito dentro. Bendiciones. Reply

Rogelo Orizaba 23 Enero, 2016

que hermosa historia, me gusto mucho, y que bonito recuerdo de su padre, felicidades, shalom Reply

Pedro Santa Cruz (Bolivia) 15 Diciembre, 2015

Me gusta lo que has escrito. Gracias Reply

Verónica Victoria Montevideo 6 Agosto, 2015

Toda raba que bellezas que emocion Reply

Veiga da Silva 24 Junio, 2015

Que linda esta experiência, nuestro Padre pensó en todas las cosas cuando dejó SUS mandamientos para que lo observarmos. Reply

MaEugenia Chile 18 Junio, 2015

Muy hermoso. Reply

Yehoshua Grandin Yengle PERU 12 Junio, 2015

que bonita historia Reply

Gilberto Menchaca Indiana 29 Nov, 2014

Grande es HaShem, atravez de las convivencias familiares y sus relatos nos enseñan a muchos lo que alguna vez nuestros antepasdos practicaban y con el tiempo se olvido. Estoy retomando el camino para el foturo con la ayuda de El Santo bendito , es .
"BH" Reply

María eliana 30 Agosto, 2014

Que emoción ,me acorde de mi padre, bello artículo gracias Reply

Yosef Sarmiento Meneses san jose , costa rica 24 Mayo, 2014

bellisimo articulo, trajo a la memoria de mi padre cuando realizaba los ultimos rezos y ponia su kipa antes que HASHEM le llevara a su descanso.
Yosef Reply

Anónimo 1 Abril, 2014

hermoso simplemente hermoso Reply

samuel Guerrero,México. 22 Nov, 2013

La narración de la escritora Jessica Klein Levenbrown es conmovedora y bonita enseñanza,ademas aprendí la gran importancia que representan los TZITZIT en la familia judía. Gracias por compartir estos conocimientos.DI-S los bendiga. Reply

Anónimo Guadalajara, Mex. 19 Julio, 2013

Que bellas enseñanzas y tan profundas que llegan al corazón para amar y alabar a Dios. Gracias Reply

Grevyc Venezuels 27 Mayo, 2013

Solo una palabra HERMOSO... Reply

Anónimo hurlingham, argentina 23 Marzo, 2013

lei tu escrito, dedicado en homenaje a tu padre.
sé del amor, respeto, que dan como familia.Por sobretodo fomentan la educación en sus hijos.
Lloré con tu relato. Mi padre fué así como el tuyo, aunque no era judío. Uno recuerda estas pequeñas cosas, que llenan tu vida y que dan enseñanza.
Cariños. Andrea Díaz de Keilis Reply

Anónimo Filadelfia 2 Enero, 2013

Empecé a trabajar y convivir con una familia judía, y me sorprende sobremanera el amor y respeto que se tienen entre ellos y lo bien educados que están su hijos. El hecho de bendecir y alabar constantemente a nuestro creador y llevar a cabo sus enseñanzas, costumbres y celebraciones por medio de la Torah, me parece que aplica no sólo a la religión judía, sino al mundo en general no importa que religión profesen, pues en resumen es una guía de como llevar una vida plena bajo los preceptos de Di-s. Todo mi respeto al judaísmo... Reply

antonio jose Parada Diaz maracaibo, Zulia-Venezuela 23 Septiembre, 2012

este comentario extraordinario, nos lleva a la niñes, pasando a revisar y recordar las relaciones padres e hijos, Baruh atah adonai, en relacion al ztitzit para hacer comprender lo profundo del significado de las vestimentas para la oracion judia.
Esto nos lleva desde lo temporal hasta la eternidad espiritual
gracias. Reply

Yishai Medellin, Colombia 10 Agosto, 2012

Gracias por este hermoso mensaje. Estas palabras me han hecho salir lagrimas. Reply