Moshé luego enseñó al pueblo judío que, una vez que estuvieran asentados en la Tierra de Israel y comenzaran a labrar los campos, D-os los obligaría a llevar la décima parte del aceite, el vino y la cosecha obtenidos a la ciudad del Templo y consumirlo allí. Esto aseguraba que el pueblo visitara asiduamente Jerusalem (la ciudad elegida para el Templo) para renovar su inspiración espiritual.
La caridad y la riqueza
עַשֵּׂר תְּעַשֵּׂר אֵת כָּל תְּבוּאַת זַרְעֶךָ הַיֹּצֵא הַשָּׂדֶה שָׁנָה שָׁנָה: (דברים יד:כב)
[Dijo Moshé al pueblo judío:] “debéis sacar un diezmo del producto de la cosecha del campo cada año.” Deuteronomio 14:22

Este versículo incluye la obligación de donar parte de nuestros ingresos en caridad. Los sabios del Talmud indican que el parecido entre las palabras hebreas para ‘diezmar’ (teaseir) y ‘volverse rico’ (titasheir) alude al hecho de que D-os recompensa con abundantes riquezas a quienes dan caridad.

Más aún: cuando decidimos dar caridad más allá de nuestros medios, D-os nos otorga la riqueza necesaria para que demos la caridad que queremos donar.1