Cuando una persona hace prevalecer su Alma Divina [sobre su Alma Animal] y cuando lucha contra el Alma Animal al punto de erradicar y eliminar [de su lugar de residencia,] del lado izquierdo [del corazón,] el mal que hay en ella, como está escrito: "Y erradicarás el mal que está dentro de ti", pero, no obstante, el mal no se ha convertido realmente en bien, [esta persona] es denominada "tzadík incompleto" (tzadík sheeinó gamur). [También se la denomina] "tzadík que conoce el mal" (tzadík verá lo), o sea, que aún persiste dentro de él —en la parte izquierda [de su corazón]— cierto vestigio de mal, sólo que, por su insignificancia, es subyugado y anulado por el bien. Por lo tanto, [el tzadík] puede creer que lo ha expulsado y que ha desaparecido del todo. En verdad, sin embargo, si todo el mal dentro de él hubiera partido y desaparecido, se habría convertido en bien verdadero.

La explicación del tema es la siguiente: El "tzadík completo", en quien el mal ha sido convertido en bien, y quien en consecuencia es denominado "un tzadík que [sólo] conoce el bien", [ha logrado este nivel] al despojarse completamente de las vestimentas sucias [suyas] de mal. Es decir, él aborrece en extremo los placeres de este mundo, [hallando repugnante] obtener de ellos aquel placer que obtienen otras personas o sea, [el placer de] la mera gratificación del apetito físico, en lugar de [utilizar este placer] hacia el servicio a Di-s. [Los odia] porque se derivan, y reciben su apoyo espiritual, de la kelipá y la sitrá ajará. Pues el "tzadík completo" odia en extremo cualquier cosa que sea de sitrá ajará, por su inmenso amor —un "amor inmenso gozoso"— y su fenomenal afecto a Di-s y Su santidad, como se mencionara previamente, puesto que ellos son antitéticos. Así está escrito: "Los odio con un odio que consume, ellos se han vuelto mis enemigos, sondéame, y conoce mi corazón". Por lo tanto, según la abundancia del amor a Di-s, así es la extensión del odio a la [sitrá ajará que nutre al placer físico] y la extrema repugnancia al mal [de los placeres físicos mismos]; porque la repugnancia es el opuesto exacto de amor, igual como lo es el odio.