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Tehilim Diario

Capítulos 69-71

El Tehilím constituye un diálogo franco entre el hombre mortal y su Padre Celestial.

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Capítulo 69

Para el Director del Coro, sobre el [instrumento] shoshaním, por David: ¡Sálvame, Dios, pues las aguas [me] llegaron hasta el alma! Me he hundido en profundidades fangosas sin lugar de apoyo; he venido a aguas profundas, y la corriente me arrastra. Estoy exhausto por mi clamor, mi garganta se reseca; mis ojos languidecieron en espera a mi Dios. Más numerosos que los cabellos sobre mi cabeza son quienes me odian sin razón. Poderosos son aquellos que me cercenarían, aquellos que son mis enemigos sin causa. Lo que no he hurtado, entonces tendré que devolver. ¡Dios! Tú conoces mi insensatez, y mis equívocos no están ocultos a Ti. Que no se avergüencen por mí quienes en Ti confían, mi Señor, Dios de las Huestes; que quienes Te buscan no sean humillados por mí, Dios de Israel, pues en aras de Ti he soportado deshonra, el bochorno cubre mi cara. Me he vuelto un extraño a mis hermanos, forastero a los hijos de mi madre, pues la envidia de Tu Casa me ha consumido, y la humillación de quienes Te desprecian se abatieron sobre mí. Lloré mientras mi alma ayunaba, fue para mi indignidad. Hice arpillera mi vestido, y [así] me volví su modelo [de desprecio]. Quienes se sientan en el portón hablan de mí, [fui] canción de borrachos. En cuanto a mí, sea mi plegaria a Ti, Adonái, en un momento propicio; Dios, en Tu abundante bondad, respóndeme con Tu verdadera salvación. Rescátame del fango, para que no me hunda; sea yo salvado de mis enemigos y de las aguas profundas. Que la corriente de agua no me arrastre, ni el abismo me trague; y que la fosa no cierre su boca sobre mí. Respóndeme, Señor, pues Tu benevolencia es buena; conforme Tus abundantes misericordias, vuélvete a mí. No ocultes Tu rostro de Tu sirviente, pues estoy afligido. ¡Pronto, respóndeme! Acércate cerca a mi alma y libérala; redímeme, para [que] mis enemigos [no se sientan triunfantes]. Tú conoces mi humillación, mi vergüenza y mi deshonra; todos mis mortificadores están ante Ti. La humillación partió mi corazón, y he enfermado. Anhelé comodidad, pero no la hubo; por quienes me consolaran, más no encontré. Ellos ponen hiel en mi alimento, y para mi sed me dieron vinagre de beber. Que su mesa se vuelva una trampa ante ellos, y [su] serenidad, una celada. Oscurézcanse sus ojos, que no puedan ver, y que sus caderas vacilen continuamente. Vierte Tu cólera sobre ellos, y que la fiereza de Tu enfado lo alcance. Que su palacio esté desolado, que no haya morador alguno en sus tiendas. Pues a quien Tú golpeaste persiguieron, y cuentan [con placer] el dolor del por Ti herido. Suma [este] pecado a su pecado, que no vengan a Tu justicia. Borrados sean del libro de los vivos, que no sean inscriptos con los justos. Mas yo, pobre y dolorido soy; que Tu salvación, Dios, me fortalezca. ¡Alabaré el Nombre de Dios con canción, Lo ensalzaré con agradecimiento! Ello placerá a Adonái más que [la ofrenda de] un toro con cuernos y pezuñas. Los humildes lo verán y se regocijarán; quienes buscan a Dios, [verán] y sus corazones revivirán. Pues Adonái escucha a los necesitados, El no desprecia [la plegaria de] Sus [propios] reclusos. Que cielo y tierra Lo alaben, mares y todo lo que se mueve en ellos, pues Dios salvará a Tzión, construirá las ciudades de Iehudá, y ellos se radicarán allí y la poseerán; y la semilla de Sus sirvientes la heredará, y quienes aman Su Nombre morarán en ella.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 70
Una súplica de que los enemigos de David sean avergonzados y humillados por ultrajarlo y regocijarse por sus aflicciones. Entonces se alegrarán los justos y entonarán siempre cánticos y alabanzas.

Para el Director del Coro, por David, para hacer recordar. Dios, [ven] a salvarme; Adonái, apresúrate a mi asistencia. Que quienes buscan mi vida sean avergonzados y humillados; que quienes me desean daño retrocedan y sufran bochorno. Que quienes dicen: "¡Ajá! ¡Ajá!" regresen por causa de su vergüenza [a mí]. Que se alegren y regocijen en Ti todos los que Te buscan, y que quienes aman Tu salvación digan siempre: "¡Sea enaltecido Dios!" Más yo soy pobre y necesitado. ¡Apresúrate a mí, Dios! Tú eres mi ayuda y redentor, ¡Dios, no Te demores!

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Chapter 71
Una imponente plegaria en la que David habla de sus enemigos que desean matarlo, declarando que merece la pena de muerte.

En Ti, Adonái, me he cobijado; jamás me avergonzaré. Sálvame y libérame en Tu rectitud; préstame oídos y redímeme. Se para mí una roca que ampara, para entrar siempre. Tú ordenaste mi salvación, pues Tú eres mi roca y mi fortaleza. ¡Mi Dios! Rescátame de la mano del perverso, de la palma del que conspira y es violento. Pues Tú eres mi esperanza, Adonái mi Dios, mi seguridad desde mi juventud. En Ti he confiado desde la matriz; Tú me sacaste de las entrañas de mi madre; mi alabanza es de Ti siempre. Fui ejemplo para los muchos, y con todo Tú eras mi poderoso refugio. Llénese mi boca con Tu alabanza, todo el día con Tu gloria. No me eches de lado en la vejez; no me abandones cuando mi fuerza flaquea. Pues mis enemigos dicen de mí, y quienes acosan mi alma conspiran juntos diciendo: "Dios lo ha abandonado. Persíganlo y atrápenlo, pues no tiene salvador". ¡Dios! ¡No Te alejes de mí! ¡Mi Dios! ¡Date prisa en mi asistencia! Que los adversarios de mi alma sean avergonzados y consumidos; quienes procuran mi daño, sean envueltos con bochorno y humillación. En cuanto a mí, siempre guardaré esperanzas; agregaré a todas Tus alabanzas. Mi boca contará Tu rectitud, todo el día [hablaré] de Tu salvación, pues desconozco su número. Vengo con la fortaleza de mi Señor, Dios; menciono Tu rectitud, sólo la Tuya. Dios, Tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta éste [día] cuento Tus maravillas. También en la vejez y la ancianidad, Dios, no me abandones, hasta que yo cuente de Tu poderío a las generaciones, de Tu fortaleza a todos lo que habrán de venir. Tu rectitud, Adonái, llega a los altos cielos, pues Tú haces grandes cosas; ¡Dios, quién se asemeja a Ti! Tú, Quien me ha mostrado muchas y nefastas aflicciones, Tú me volverás a revivirme; me alzarás de nuevo desde las profundidades de la tierra. Aumentará mi grandeza; Te volverás y me consolarás. También yo Te agradeceré con lira por Tu fidelidad, mi Dios; Te cantaré con el arpa, Santo de Israel. Mis labios se regocijan cuando Te canto, tal como mi alma a la que has redimido. También mi lengua pronunciará Tu rectitud todo el día, pues quienes buscaron mi daño fueron avergonzados y humillados.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.


Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.
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