Estimados Lectores:

Esta semana leemos en la Torá sobre la muerte de los dos hijos de Aarón, y eso le da el título a nuestra Parashá “Ajarei Mot” “Después de la muerte”.

No hay nada más doloroso en la vida que la muerte de un hijo, es tan indescriptible el dolor, que ni siquiera hay un nombre para describir esta situación, quien pierde un padre es huérfano, quien pierde a su pareja es viudo, pero el dolor de perder un hijo no es posible ponerlo en palabras.

No obstante se puede encauzar ese dolor en acciones. Siempre vi con mucha admiración a aquellos padres que toman la muerte de sus hijos como estandartes y luchan para transformar la realidad que permitió que esas muertes ocurran, organizaciones que luchan contra el abuso de las drogas, los accidentes de tránsito, la violencia policial, y muchas enfermedades, han sido fundadas y motorizadas por padres con corazones quebrados que lucharon y luchan para que nadie vuelva a pasar por lo que ellos pasaron.

Si el dolor tiene algo positivo es que nos permite empatizar con el prójimo, nos sensibiliza frente al dolor ajeno y nos moviliza para cambiar la realidad. Quien nunca sufrió difícilmente sienta el dolor y la necesidad del prójimo

Este año vivimos “Iom Hashoa”, el día de la memoria de los mártires del Holocausto, durante la porción semanal de Ajarei Mot. El Holocausto es la herida más grande que sufrió nuestro pueblo en los últimos tiempos.

Frente a este inmenso dolor inexplicable e injustificable, nos queda solo pensar cómo podemos canalizar ese dolor en acciones que impidan que el antisemitismo, la xenofobia, el racismo y el odio irracional sean parte de nuestra sociedad, este dolor nos debe movilizar para que la llama judía siga siendo llevada con orgullo por las nuevas generaciones . Para que esos mártires no hayan muerto en vano.

¡Shabat Shalom!

Rabino Eli Levy