Estimados lectores:

A pocas horas del ayuno de Iom Kipur, mientras disfruto de mi café, pienso en cuanto lo voy a extrañar durante el ayuno.

En Iom Kipur meditamos sobre nuestros exabruptos y errores del año pasado y tomamos la resolución de no volverlos a repetir.

Pero, ¿Por qué tenemos que ayunar para tomar esta decisión?

Se me ocurren tres razones:

1. Humildad: Durante el año la soberbia y el ego nos lleva a creernos muy importantes y sofisticados, pero a las 3 de la tarde de Iom Kipur estamos tan hambrientos y débiles que somos capaces de sacarle una galleta a un nene. El hambre nos recuerda lo primitivos que somos y nos baja del pedestal en el que creíamos estar.

2. Autoestima: La mayoría de los pecados los cometemos por no resistir a alguna tentación. Una vocecita nos dice: “No podrás resistirte, ni lo intentes”. Aguantar 25 horas sin comer ni tomar, nos ayuda a ejercitar nuestro autocontrol y cuando venga la próxima tentación sabremos que somos fuertes para resistirla.

3. Empatía: Pasar un día sin comer, ni tomar, sin bañarnos, sin zapatos cómodos nos ayuda a reflexionar sobre las millones de personas que por diferentes motivos experimentan lo mismo. Es necesario sentir hambre aunque sea una vez al año para ponerse en el lugar de los hambrientos.

Espero que tengan un ayuno fácil pero cargado de reflexiones y decisiones positivas para el año que recibimos.

¡Gmar Jatima Tová!

Rabino Eli Levy