En una ocasión un maestro jasídico interrogó a su joven discípulo por sus frecuentes ausencias en su participación comunitaria.

“Rebe” le dijo, “Tiene que entenderme. Trabajo muy duro para mantener a mi familia.

Si fuera por mí, no me perdería ni una sola clase de Torá o rezo.

Pero ¿Cómo hacer para criar a mis hijos sanos, fuertes y piadosos?

Es por los chicos, créame, solo por los chicos.”

El maestro sonrió “¡Que interesante! Cuando les pregunto a mis alumnos por el decrecimiento de su participación en la sinagoga culpan a los niños.

En veinticinco años a esos niños ya crecidos, les harán la misma pregunta sus respectivos rabinos y darán la misma respuesta. ¡Que lo están haciendo por sus hijos!

Pasaran los años y la historia se repetirá con los nietos

¿Cuándo llegará finalmente ese niño del que todos hablan?

Ese niño que generaciones y generaciones de padres ocupados sacrificaron su propio judaísmo por él.

¿Dónde está? ¿Cuándo llegará? ¿Alguna vez existirá?

Ni un momento libre

Vivimos muy ocupados, es entendible. Todos los sabemos.

De hecho, el status quo en estos días no se basa en el código de vestimenta, hábitos o cultura, sino en cuan ocupado uno parece estar.

Nuestros sabios nos enseñan e insisten destacando la importancia del rezo de Minjá, el rezo de la tarde, porque, hay que reconocerlo, nos corta el día al medio.

No es como Shajarit, el rezo matutino, que arranca antes del caos o Maariv, el rezo de la noche, que puede esperar a que terminemos de trabajar y los chicos se vayan a dormir.

El momento de Minjá se encuentra en la intersección entre el caos laboral y el estrés y la locura del día a día, justo en medio de la vorágine del día laboral.

Minjá, te puede atrapar en la mitad de un proyecto de trabajo, buscando a los chicos de la escuela, en tú casa en el momento del merecido “break” o disculpándote de tu esposa por haber llegado tarde otra vez.

Y a pesar de todo eso, hay que hacer tiempo para rezar.

Minjá, es el rezo que requiere carácter y disciplina.

Mientras más difícil es lograr algo, tanto más grande es la recompensa.

Ganar un partido de tenis contra un jugador amateur es minúsculo comparado a ganar un Grand Slam.

El Minjá de la vida

El rezo diario de Minjá asoma en el medio del día, en el momento más ocupado de la jornada, pero el Minjá de la vida, ¿Cuándo es?

La juventud es comparable a Shajarit, uno todavía está libre de responsabilidades.

Poder y lograr: crecer, estudiar y rezar en la juventud, es impresionante, pero esperable.

¿Qué otra cosa puede estar haciendo un chico en plena edad de crecimiento, si no es abocarse al estudio, apasionarse por las ideas y redefinir su naturaleza? ¡Este es el momento!

Lo mismo sucede en el ocaso de la vida, los años dorados, cuando terminamos de criar a los hijos y tenemos cierta seguridad financiera, tener participación comunitaria y asistir a reconectarnos con nuestras raíces es previsible. ¡Ya era hora!

Pero, en estos años turbulentos, luchando el día a día, proyectando, creciendo, haciendo veinte cosas al mismo tiempo, construyendo una carrera, edificando un hogar, una familia, tratando de tener la despensa llena y estar al día con la cuota del colegio. ¡Ahí es cuando nuestro compromiso se pone a prueba!

Estas son las grandes ligas del judaísmo, el verdadero desafío de mi relación con Di-s. El Minjá de la vida.

Justamente por eso, cuando estamos atravesando el estado Minjá de la vida, es fundamental e importantísimo hacernos tiempo para participar y activar en la sinagoga, en las clases de Tora, en la comunidad.

¿Es más difícil? Absolutamente. Pero es también más gratificante.

No solo te harías un favor, destinando un tiempo de los mejores años de la vida, para dedicarles algunos momentos a Di-s, le estarías haciendo un favor a toda la familia.

Entonces, la próxima vez que tu Rabino te mande un mensaje de texto, “Falta uno para el minian” deja todo lo que estás haciendo y corre a dedicarle un tiempo al Minjá de la vida.

Basado en un discurso de Rabi Iosef Itzjak Schneerson, 6to Rebe de Lubavitch, Sefer Hamaamarim Kuntreisim, vol. 1.

* El grupo de personas que se encuentra entre los 35 y los 55 años. Y es que es muy posible que se vean ante la tesitura de tener que cuidar a la vez de sus padres (y/o suegros) y de sus hijos. Son la llamada generación sándwich.