Las historias en el capítulo anterior se centraron en los encuentros que las personas tuvieron con el Rebe, donde los ayudó a replantear sus experiencias actuales para avanzar hacia un futuro más positivo. En este capítulo, centramos nuestra atención en un aspecto más sensible del sesgo de positividad del Rebe: replantear el pasado.

La mejor manera de perder dinero

Una vez, en una audiencia con el Rebe, R. Bentzion Wiener mencionó algo que lo había estado molestando durante mucho tiempo. Hace un tiempo, le había prestado a su amigo una gran suma de dinero, que su amigo nunca le había devuelto.

Profundamente frustrado por esta traición, preguntó: “¿Cómo puede ser que después de realizar una buena acción y ayudar a otra persona, pierda tanto? ¿Cómo podría Dios permitir que esto suceda?”

El Rebe respondió:

“A veces se ordena desde el cielo que una persona ‘pierda’ su dinero pagando facturas médicas, multas de estacionamiento o algún otro tipo de desgracia. Sin embargo, cuando dicho decreto está en vigencia pero aún no se ha aplicado, tenemos la oportunidad de perder la misma cantidad de una manera diferente y más amable, realizando una buena acción, como ayudar a un amigo necesitado”.1

Con la ayuda de la reformulación del Rebe, el Rabino Wiener pudo ver su desgracia bajo una luz diferente, y comprender la imagen más amplia y el proceso del cual él era parte. En sus propias palabras: “En lugar de perder dinero con lágrimas, podía perderlo con una sonrisa”.

Aunque la historia anterior hace un señalamiento fuerte, es cierto que está en el lado más ligero de la vida. Las siguientes historias se sumergen en aguas más profundas y abordan algunos de los aspectos más oscuros de la historia personal y judía.

El amor de Di-s es incondicional

Nuestra autodefinición y limitación es el resultado de la forma en que percibimos y procesamos nuestro pasado. Nuestras experiencias dolorosas a menudo necesitan un replanteamiento. El Rebe aplicó constantemente este enfoque incluso a las experiencias humanas más dolorosas y teológicamente complejas.

Moshé Levy fue sargento de las Fuerzas Especiales de las FDI durante la Guerra de Yom Kipur. La unidad que dirigió defendió el Fuerte Budapest, el único búnker israelí en el Canal de Suez que resistió el ataque egipcio. Es una de las cuarenta personas en recibir la Medalla del Héroe de Israel, la condecoración más alta de Israel por su valor en combate. Sin embargo, como resultado de su desgarradora experiencia en combate, se quedó con una serie de preguntas sin responder.

Pocos días después de que comenzara la guerra, la unidad de Moshé recibió la noticia de que el Ejército egipcio avanzaba rápidamente hacia su posición, que era la única fortificación entre los egipcios y Tel Aviv. No tenían armas suficientes para enfrentarse a los tanques.

Entonces, un valiente soldado pidió permiso para hablar.

“Ten fe en Di-s”, gritó con todo su ser, “ya que solo el que mira la muerte a los ojos puede”.

“¿Sabes cómo nos protegeremos del enemigo?” continuó con emoción. Levantó un libro de salmos, “¡Con nuestras sinceras oraciones al Todopoderoso!”

Sus palabras penetraron sus corazones.

Moshé, experimentando la fe por primera vez en su vida, hizo un voto a Di-s: “Maestro del mundo, si salimos vivos de este infierno, ¡prometo usar tefilín todos los días por el resto de mi vida!”

En un destello explosivo de sonido y furia, polvo y metal, todo había terminado. Por un milagro, los egipcios habían sido rechazados. Pero Moshé, que había hecho un voto a Di-s, había resultado herido.

Había perdido un brazo. Su brazo izquierdo, de hecho, el brazo sobre el cual se envuelven los tefilín.

Él estaba devastado. Esto era demasiado para soportar. ¿Podía Dios estar burlándose de él? La nueva fe que acababa de descubrir amenazaba con desaparecer.

Visitó a numerosos rabinos con su pregunta candente: ¿Cómo pudo Di-s tomar el brazo con el que esperaba unirse a Él? Las respuestas que le dieron no satisfacían su alma torturada, y se hundió aún más en la desesperación.

Todo eso cambió en una reunión nocturna con el Rebe en la que Moshé le contó indignado su historia. Juntos, lloraron.

Entonces el Rebe dijo suavemente: “Quizás esta fue la forma en que Di-s te dijo que su relación contigo es incondicional. Él te ama no por lo que puedes o no hacer, sino simplemente tal como eres. Como un padre ama a un niño”.

Toda la ira y la confusión que había internalizado durante tanto tiempo se desvanecieron instantáneamente. La respuesta compasiva del Rebe al sufrimiento de Moshé transformó por completo su comprensión de lo que significa estar en una relación con Di-s. Se dio cuenta de que el amor de Di-s no es algo por lo que tenga que regatear o ganarse, es simplemente incondicional e infinito. El brazo de Moshé nunca volvería, pero en ese momento su corazón comenzó a sanar.2

Replanteando el Holocausto

De todas las historias del Rebe incluidas en este libro, incluyo la siguiente con la mayor cautela, por temor a que, Di-s no lo permita, sea tomada como insensible o fuera de contexto. Expresa conmovedoramente un punto de vista muy profundo que puede ser difícil de digerir emocionalmente para muchos, incluso que sea intelectualmente sensato. Pero, en última instancia, elegí incluirlo, porque reformula la forma en que la mayoría de nosotros nos relacionamos con la pérdida personal en particular y las tragedias de la historia judía en general.

En un discurso público pronunciado el 11 de Nisán de 5733 (1973), el Rebe, que rara vez habló públicamente sobre el Holocausto, compartió la siguiente perspectiva:3

Un principio fundamental a considerar: si le preguntas a una persona pensante, “¿Puede una lanza o una espada dañar algo espiritual?” se reirían de la pregunta, porque las dos cosas no tienen conexión. ¿Qué habilidad tiene una espada o lanza—o fuego o agua, en este caso—para dañar algo espiritual?

Todo el mundo sabe que el fuego solo puede dañar el cuerpo, y [aunque] puede cortar la conexión entre el cuerpo y el alma, no puede quemar el alma más de lo que el agua puede ahogarla... Y si le preguntaras a un individuo racional, “¿Cuál es la esencia de una persona?” Si se tomaran un momento para considerar a las personas que aman, con quienes están cerca, como su padre o madre o hijo, y se preguntaran: “¿Qué son realmente, cuerpo o alma?” ¡seguramente responderán que una persona es su alma! Porque a pesar de que están hechos de carne y hueso, y se conectan físicamente con ellos al tocarlos y hablar con ellos, ¿con quién están realmente conectados? ¿Quién [o qué] es lo que es [realmente] precioso para ellos? ¿A quién defienden? ¿De qué sufrimiento se alarman? De hecho, es el alma de la persona amada con quien tienen una conexión.

Esta alma, incluso cuando fue enviada a Auschwitz, y dio su vida por ser judía, [solo] el cuerpo fue tomado, pero el alma permanece. La conexión entre cuerpo y alma puede haberse roto, pero el alma sigue viva. El alma permanece [entera] un día después de Auschwitz, un año después de Auschwitz, y una generación después de Auschwitz ... ¿Cuánto tiempo permanece completa?

No hay razón para decir que cualquier cambio [físico] en este mundo afecta el alma. No hay razón para decir que el alma en algún momento deja de existir. ¿Qué nos dice este principio?

Si alguien viniera a informar: “Conocí a una persona una vez por un momento, y esa persona estaba llorando; ¡Debe ser que toda su vida estuvo llena de un dolor increíble e insoportable! ¿Cómo sé esto? ¡Porque en el momento en que los vi, estaban llorando y gritando de dolor terrible!” O, si informan lo contrario, “conocí a unas personas en un momento y estaban llenas de gran júbilo, por lo que su vida debe ser una larga historia de alegría y felicidad, ¡sin ningún tipo de dolor!” Tal persona sería llamada tonta. El hecho de que [ellos] observaron un momento de los 120 años de vida de una persona no indica de ninguna manera la historia [o la calidad] de toda la vida, pasada o futura de esas personas.

Del mismo modo, aquellos que perecieron en Auschwitz vivieron una cierta cantidad de años hasta ese momento, y luego, sus almas [continuarán] viviendo durante miles de años... [Es cierto que] vimos a la persona por un momento [terrible de dolor], [pero] en comparación con la vida eterna del alma, [fue] fue menos que un momento pasajero en 120 años. [Por lo tanto] es ilógico concluir, observando un minuto de la vida eterna de un alma, que esto demuestra inequívocamente lo que esa alma siente eternamente.

En lo que respecta a todas las preguntas que se hacen sobre la Segunda Guerra Mundial, cómo podría suceder y cómo se refleja en la existencia eterna del pueblo judío, es similar a observar la vida de una persona por un solo momento y juzgar a partir de esto cómo debe haber sido y siempre será su vida.

Es crucial poner las cosas en perspectiva al analizar la calidad de nuestras vidas personales o la historia judía en su totalidad. Uno puede quedar atrapado o congelado en un momento particular del pasado, especialmente si estuvo lleno de trauma y pérdida. Cuando esto sucede, nos definimos a través de una lente de dolor. Sin embargo, cuando damos un paso atrás y reflexionamos sobre lo que precedió a nuestro trauma, así como sobre lo que seguirá a nuestra esperanza de vida inmediata, podemos ver tal dolor y sufrimiento como un punto fugaz y finito dentro de un panorama infinitamente vasto. Nuestras almas atemporales no están atadas ni definidas por ningún momento.

En un nivel individual, el Rebe habla a aquellos que al experimentar pérdida y tristeza dejan de ver el mundo como lo hacían antes—a quienes han llegado a definirse por su dolor. Peor aún, su historia de vida se ve y se experimenta a través de un marco de dolor, que les impide vivir y amar de nuevo.

En el nivel colectivo de la historia judía, las palabras del Rebe abordan la típica narrativa de víctimas posterior al Holocausto, que enfatiza las muchas persecuciones que los judíos han sufrido a manos de sus enemigos, destacando cómo los judíos han perdido, en lugar de vivir, sus vidas a lo largo de la historia. Al reformular nuestro enfoque nacional y autodefinición, el Rebe no devaluó ni trivializó la colosal pérdida y destrucción de la vida judía provocada por el Holocausto, Di-s no lo quiera. En cambio, intentó asegurarse de que no se limitara la forma en que el pueblo judío ve su pasado, presente y futuro, que también están llenos de alegría, abundancia, fe y belleza.

Las tres historias anteriores exploran la pérdida en diferentes niveles. Al expandir el alcance de nuestra visión para incluir la dimensión espiritual, el Rebe nos recuerda que cada evento en nuestras vidas, sin importar cuán doloroso, ocurre dentro de un campo infinitamente más grande de importancia y significado. Si el tiempo cura todas las heridas, como dicen, entonces imagina lo que la eternidad puede hacer.

Traducción: María Sánchez Varón

Traducción, corrección y estilo: Carlos Sánchez Corrales