Es la advertencia con la cual se previno al juez de no temer a un hombre dañino, insolente y de mal carácter, hasta que (por ello) no dictamine sobre él un veredicto justo. En cambio, debe dictaminar y no ha de tomar en cuenta qué daños puedan ocurrirle de aquella persona.

Dijo El, exaltado sea: No temáis ante (ningún) hombre. Dice el Sifrá: "No temáis ante (ningún) hombre — quizás has de decir: 'Temo a Fulano, no sea que mate a mi hijo, incendie mi parva, corte mis plantíos' — para enseñarnos (que está prohibido) fue dicho: No temáis ante (ningún) hombre".