Nosotros soñamos. Planificamos, trabajamos y tenemos esperanzas y expectativas para nosotros y para aquellos que amamos. La vida comienza a tomar forma y parece fluir, hasta a veces predeciblemente.

Y entonces las cosas pueden cambiar.

La mayor parte de mi infancia estuvo delineada por planes y estrategias. Mi familia tenía sueños para mí, como así también yo. Proveniente de un hogar ortodoxo y rabínico, yo estaba en camino de seguir una línea de rabinos y me entrenaba para mi propia semijá (ordenación rabínica) y usaba mis talentos en computación para difundir el judaísmo.

En julio del 2005, terminé mi segundo año de escuela rabínica y me embarqué en un Merkos Shlijut de verano —Programa de Visita de Estudiantes Rabínicos de Jabad —y viajé desde mi hogar en Orange County, California, a un entorno completamente diferente en Lituania. Estaba comprometido a ayudar a la comunidad judía local trabajando en un campamento de verano para niños, enseñando algo de judaísmo y ayudando en un comedor popular.

Justo antes de mi vuelo, comencé a luchar con una especie de gripe o alguna otra infección. Nada de lo que algunos antibióticos no pudieran ocuparse —o así pensé al comienzo. A mi arribo a Europa Oriental comencé a sentirme progresivamente más débil y no respondía a los tratamientos típicos.

Eventualmente me hice algunos exámenes médicos. La cara del doctor estaba seria cuando me dijo que algo estaba muy mal y que debía volver a casa inmediatamente. Desde ese momento las cosas de desenvolvieron muy rápidamente.

Una ambulancia me llevó al aeropuerto y el vuelo de regreso fue sólo una de las muchas pesadillas que estaría por experimentar en los días y meses venideros. Mis padres me recogieron en el aeropuerto y me llevaron directo al hospital. Menos de tres horas después de retornar a los Estados Unidos, supe cuanto mi vida —si vivía —estaba por cambiar.

Los doctores nos informaron que estaba sufriendo de LMA, Leucemia Melagenosa Aguda, un cáncer de sangre muy agresivo y de crecimiento rápido. Inmediatamente comencé con un régimen de quimioterapia y se comenzó la búsqueda de un donante de médula. Pronto caí en un coma de una semana de duración y fue mantenido con soporte vital. Por la gracia de Di-s, doctores muy dotados y algunos milagros médicos, avancé de alguna manera.

Recuerdos que Elevan

Mi último recuerdo antes de caer en coma fue un llamado telefónico de mi más querido amigo, Shloime Weiss.

"¿Shloime, estás sentado?"

"Si"

"Shloime, se me diagnosticó leucemia. No estoy seguro de lo que ocurrirá. Quiero que vayas al Ohel (lugar de descanso del Lubavitcher Rebe) y ores por mi".

Shloime abandonó todo y fue inmediatamente, junto con un grupo de amigos, a orar. Esa fue la primera de muchas de tales bondades que experimentaría durante los largos y dolorosos meses que seguirían (Postdata: recientemente volé a Israel y alegremente bailé en la boda de mí querido amigo Shloime).

No faltó dolor, temor y confusión durante las siguientes semanas. Seguí los conteos de sangre como muchas personas siguen los torneos de baseball o box, esperando ganar algún día.

Janucá me encontró aun en el hospital. Necesitaba tener esa luz, ese símbolo de próximas grandes probabilidades, el símbolo de esperanza y milagros. Por supuesto el bombero no permitía fuego en los cuartos de los pacientes, por razones obvias de seguridad. Pero ángeles humanos estaban trabajando detrás de la escena, aparentemente guiados por mis padres. En la primera noche de Janucá, en diciembre de 2005, encendí la primera luminaria de la Menorá en mi cuarto del hospital con cuatro generaciones de mi familia presentes para festejar conmigo. Todo bajo la mirada del bombero.

Durante ese período se desarrolló una relación entre mi padre, Rabí David Eliezri, directos de Jabad Lubavitch de Yorba Linda, y el Dr. Eugene Spiritus, jefe médico de la Universidad de California en el Irvine Medical Center. Esta relación llevó a una clase regular de Torá en el hospital para el cuerpo docente, estudiantes y médicos —una clase que continúa hasta hoy. Fue inaugurado un nuevo rollo de la Torá en mi cuarto con un escriba presente para escribir las primeras palabras. (Ese rollo de la Torá fue completado unos meses después en el Centro de Jabad de mis padres). Hubo un servicio de plegarias con lectura de la Torá. Tuve una aliá, como así también el Dr. Spiritus. En la mejor tradición de Jabad, se pidió al buen doctor que se pusiera tefilín. El lo hizo, por primera vez desde la mañana de su bar mitzvá. Uno de los rabinos le señaló "Comprenda, es Di-s que trabaja a través de sus manos".

Corto Respiro

Todo el proceso tomó nueve penosos meses. Mi último tratamiento de quimioterapia fue en marzo de 2006. Un mes después, justo antes de Pascua mi doctor me anunció que el mal estaba en remisión.

Mi vida gradualmente volvió a su curso, a pesar de que no fue sin retrocesos. Lentamente volví a estar saludable y realmente volví a pensar en el futuro más allá del siguiente tratamiento, evaluación o ronda de medicamentos.

Un viernes de agosto fui del doctor para un seguimiento de rutina. Tras revisar los análisis, me dijo que había algunas posibles preocupaciones y que tenía que regresar el lunes siguiente para otro análisis de sangre. Si esos resultados seguían siendo desfavorables, sería necesaria una biopsia de la médula.

Fui el lunes y complete el estudio de la sangre. Entonces me durmieron para la biopsia.

Cuando desperté, mi madre yacía en el piso —se había desmayado por la conmoción. Sabía que había vuelto.

Más tarde ese día, mi doctor vino y confirmó mis peores temores. "Yosef" dijo "Lo siento, volvió". Mi vida había caído desde lo alto hacia abajo nuevamente, y en ese momento sabía que la única forma de seguir viviendo era encontrar un donante adecuado y que me hicieran un trasplante de médula.

Mi Ángel

A la mañana siguiente fui admitido en el CHOC (Children´s Hospital of Orange County). Mi doctor vino y me comunicó la noticia por la que había estado esperando por más de un año —tenía un donante de médula.

Fue una bocanada de aire fresco. Ahora sabía que iba a estar bien. Sabía que sería un proceso muy difícil, pero sabía que mi vida estaba salvada gracias a un ángel desconocido que era el donante adecuado.

Fui admitido para el trasplante el 9 de octubre de 2006. Recibí diez días de quimioterapia de inducción —la peor quimioterapia que existe, está programada para matar su médula para bien. Pasé la festividad de Simjat Torá en el hospital.

Déjenme contarles acerca de esa festividad. En Simjat Torá celebramos la finalización del ciclo anual de lectura de la Torá.

Ese Simjat Torá yo yacía en el hospital, muy agotado —había comenzado mi tratamiento previo al TM. Dos amigos muy cercanos pasaron ese Simjat Torá conmigo, y hasta trajeron un viejo rollo de la Torá. Las enfermeras y el personal trataron a la Torá con un respeto asombroso, y dispusieron un cuarto especial para guardarlo. Esa noche era el momento de las Hakafot. Mis amigos trajeron la Torá y cantaron y bailaron alrededor de mi cama. No puedo decir que estaba completamente en ello, pero tengo ese vívido recuerdo de dos estudiantes rabínicos bailando alrededor de mi cama en la noche de Simjat Torá, con una alegría que no puedo describir.

Recibí las células el 19 de octubre, tres litros de médula de algún ángel de algún lugar del mundo. En ese día vi la etiqueta amarilla balanceándose en la bolsa plástica que estaba nutriendo con células de médula a mi estragado cuerpo. Las enfermeras vinieron y cantaron el Happy Birthday, para simbolizar lo que todos nosotros esperábamos que marcara un nuevo comienzo para un joven paciente de leucemia. Mi familia oraba y recitaba Salmos. Sentado ahí, aun confundido por la quimioterapia, me preguntaba que extraño había donado este precioso regalo. Pedí ver la etiqueta. En ella se leía: Schneider Children´s Medical Center of Israel. "De ahí debe ser el donante" le dije a mi padre. Escondí la tarjeta debajo de mi almohada y quedé dormido.

Encuentro con Moshe

Tras cincuenta y cinco días de aislamiento, y muchos y difíciles meses de infecciones y recuperación, ahora estoy mucho mejor, gracias a Di-s, y lentamente vuelvo a la normalidad.

Dieciocho meses después de mi trasplante, volví al CHOC. Traje también la etiqueta —mi indicio de la identidad del donante —y un nuevo amigo: Moshe Price. El hombre de veintidós años que salvó mi vida.

Moshe no me conocía. Moshe no sabía toda mi historia. Todo lo que sabía era que era la única persona en el mundo que pudo salvar la vida de alguien. Y sin pestañear, estuvo dispuesto a pasar por la dolorosa cirugía requerida para donar médula.

Nos encontramos por primera vez en abril del 2007. Fue uno de los días más maravillosos de mi vida. Es una persona realmente extraordinaria.

En Moshe encontré un amigo para toda la vida, una persona real para reemplazar la etiqueta —que aun guardo. Fue un poco de esperanza para mí; jugó un papel importante en mi vida durante ese trasplante. Representaba mi esperanza de que algún día encontraría a la persona que fue tan buena conmigo.

Avanzando

Moshe se casó hace casi un año. Él y su esposa Tova viven en Jerusalén, donde el se dedica a estudiar Torá, mientras que Tova trabaja en Educación especial.

Y mi sueño personal de avanzar recién comenzó a hacerse realidad.

Recientemente recibí mi ordenación rabínica y un interinato en Chabad.org, el más grande proveedor de contenido judaico en la Web. Planeo aumentar mi conocimiento en diseño Web, marketing, dirección de proyectos y programación. Planeo casarme y comenzar una familia judía, y usar la tecnología para diseminar el judaísmo. Tengo muchas ideas y sueños; tengo toda la vida por delante.

El cáncer derrumbó mi vida. Cuando lo diagnosticaron, y nuevamente cuando recaí, pensé que mi vida había terminado. He visto el horror, el dolor, el sufrimiento —e incontables actos de bondad. Durante todo este proceso mi comunidad, familia y amigos han estado detrás de mí. Implemento nuevas cosas que he aprendido de mi experiencia diaria.

Mis desafíos han sido difíciles, pero me han hecho más fuerte. Cada vez que enfrento un desafío en la vida, pienso en héroes como Moshe Price, quien dio de sí para salvar la vida de un extraño. La gente como él me dan motivo para vivir otro día y vencer los obstáculos de la vida.

Así que los llamó a ustedes, que están pasando momentos difíciles. Convoquen a su fuerza interior, y tomen fuerzas de su familia y amigos. Venzan los desafíos de la vida. Sueñen, sueñen en grande, y hagan que esos sueños se vuelvan realidad.

Deseo mucho animarlos a que firmen para ser donantes de médula. Eso salvó mi vida, y ha salvado la vida de decenas de miles de otros en todo el mundo.