El Tania del Día
Igueret HaKodesh, en medio de Epístola 10
Ahora bien, en vista de que los mandamientos nos fueron entregados por medio de su investidura en el atributo de guevurá y la contracción de la radiación [Divina], etc., la mayoría de los mandamientos tienen una medida delimitada —por ejemplo, el largo de los tzitzít debe ser de doce veces el ancho del pulgar; los tefilín, [una medida del ancho de] dos dedos por dos dedos, y necesariamente cuadrados; el lulav, [el largo de] cuatro puños; la sucá, siete puños; el shofar, un puño; y la mikvé, cuarenta seá. Los sacrificios, también, tienen una medida delimitada en cuanto a su edad, como, por ejemplo, "ovejas de un año", "carneros de dos años", y "bueyes"....
Lo mismo se aplica al acto de caridad y a la práctica de benevolencia con el dinero propio; pese a que éste es uno de los pilares sobre los que descansa el mundo —como está escrito: "El mundo es construido por jésed"—, tiene, no obstante, una medida prefijada de preferentemente un quinto [del ingreso propio] si se desea cumplir el precepto de la mejor manera posible, y de un décimo para una medida media, etc. Esto es lo que se denomina "jésed del mundo". Es decir "el jésed de Di-s que perdura a lo largo del día", que está investido en los mundos superiores e inferiores a través del estímulo del [ser] inferior, es decir, por los preceptos de caridad y benevolencia que las personas practican una con otra. Pero dado que el mundo es finito y medible —"De la tierra a los cielos hay una distancia de 500 años y análogamente de un cielo a otro [hay una distancia de 500 años]", y "Seis mil años existirá el mundo..."— al precepto de caridad y bondad de la Torá también se le ha asignado un límite y una medida, como los demás mandamientos de la Torá.