En una época, los judíos que hablaban Idish acuñaron la palabra luftmentsh para describir a ese soñador incurable que siempre está construyendo castillos en el aire. Luft significa aire, y alguien que vive en el aire con fantasías califica para esta dudosa distinción. "¡Si me sale este negocio, estoy hecho de por vida!", "Cuando gane la lotería...", etc., etc. Ya gastó el dinero antes de haber comprado el billete. Siempre está anticipando el gran salto y luego, al final, explicando por qué no sucedió. Esa es la historia de nuestro luftmentsh.

Hay una línea en el comienzo de la parashá de esta semana con respecto al esclavo judío que resume este fenómeno. Im begapo iavo, begapo ietzei, "Si vino solo, se va solo". Hablando simplemente, esto nos dice que, si entró en su período de servicio sin estar casado, debe salir sin estar casado, y su amo no puede explotarlo haciendo que tenga hijos que nazcan en la servidumbre. Pero esta frase de la Torá se ha vuelto una forma tradicional de expresar una de las verdades más básicas de la vida: sin inversión no hay ganancia. Sin esfuerzo, no hay recompensa. Sin riesgo, no hay frutos.

Tanto sea en los negocios, las relaciones, la interacción social de comunidades y naciones, o al educar a nuestros hijos, el principio se mantiene. "El único lugar donde el éxito está antes que el trabajo es en el diccionario". O, en palabras del salmista, "Aquellos que siembran con lágrimas, cosecharán con cánticos de alegría."

Se cuenta la vieja historia de Shmerel, un hombre pobre que una vez pasó por la casa del hombre más rico del shtetl. Había un aroma que salía del comedor donde el rico disfrutaba de su plato favorito, blintzes de queso. Shmerel inhaló el aroma y lo superó la tentación. Tenía que probar esos blintzes. Tan pronto como llegó a su casa, le pidió a su buena esposa, Jasha, que le hiciera unos de esos blintzes. Jasha dijo: Me encantaría hacerte blintzes, Shmerel, pero no tengo queso. Nu, mi querida, hazlos sin queso. Pero tampoco tengo huevos. Jasha, dijo Shmerel, eres una mujer de gran ingenio. Estoy seguro de que podrás hacerlo. Así que Jasha se puso a hacer lo mejor que pudo dadas las circunstancias. Una vez terminado su trabajo, puso el plato de blintzes frente a su querido esposo. Shmerel prueba un bocado, tuerce su nariz y dice: Sabes Jasha, por mi vida, no puedo entender qué le ven esos ricos a los blintzes.

Obviamente, no se pueden hacer buenos blintzes sin los ingredientes correctos. Así también es claro, que no podemos tener najes (satisfacción) de nuestros hijos sin poner los ingredientes necesarios de una buena educación judía, una crianza sólida en la casa, tiempo familiar de calidad, y por encima de todo, dando el buen ejemplo.

Demasiados padres asumen que las najes son un derecho democrático, casi una certeza genética. Si los padres son buenos, gente exitosa y judíos comprometidos, seguramente sus hijos saldrán igual. Pero no hay garantías. Especialmente en la muy compleja, confusa y problemática sociedad de hoy en día.

Cien años atrás, Rabi Sholom Ber de Lubavitch dijo: Así como es un mandamiento bíblico ponerse tefilin todos los días, así también es obligatorio pensar media hora todos los días sobre nuestros hijos y hacer todo lo que sea posible para asegurar que sigan el camino en el que están siendo guiados.

Así que no sea un luftmentsh. Esfuércese, y con la ayuda de Dios, verá los resultados. Tanto sea en nuestro trabajo como en nuestros hijos, que disfrutemos de los frutos de nuestro trabajo.