Hoy cuesta imaginar a Afganistán como un lugar que un judío pueda llamar hogar. Sin embargo, durante siglos, allí vivió una comunidad judía numerosa y vibrante. Con raíces que se remontan a la antigüedad, los judíos afganos lograron forjar una vida rica y significativa, a pesar de la inestabilidad política y muchos otros desafíos. A continuación, te compartimos 14 datos fascinantes sobre los judíos de Afganistán.

1. Los judíos han vivido en Afganistán durante más de 2.500 años

Muchos estudiosos creen que los judíos llegaron a Afganistán después del exilio babilónico (siglo VI a. e. c.), cuando fueron dispersados por todo el Imperio persa, incluyendo regiones que hoy forman parte de Afganistán. El Libro de Ester describe al Imperio persa como abarcando 127 provincias,1 lo que podría haber incluido zonas de Afganistán. Dado que Afganistán formaba parte del reino de Jorasán bajo el Imperio aqueménida, es probable que hubiera judíos allí en la época de la historia de Purim.

Hallazgos arqueológicos con inscripciones en hebreo y fuertes tradiciones orales indican que la vida judía floreció en ciudades antiguas como Balkh y Samangán.

2. Un famoso viajero medieval menciona a los judíos afganos

En el siglo XII, el rabino Benjamín de Tudela, un viajero judío proveniente de España, documentó comunidades judías en todo Medio Oriente y Asia. Señaló la existencia de una población judía en Ghazna (actual Ghazni), lo cual refleja una presencia judía vibrante durante la época medieval.2

3. Los judíos afganos recibieron a refugiados de Persia y Bujará

Una gran ola de inmigración judía llegó a Afganistán en 1839, cuando los judíos de Mashhad (Persia) fueron forzados a convertirse al islam bajo un régimen chiita fundamentalista. Muchos de estos conversos huyeron a Herat, un centro judío cercano a la frontera, donde pudieron retomar abiertamente sus prácticas judías.

A comienzos del siglo XX, judíos de Rusia y de Bujará también huyeron a Afganistán escapando de la persecución. Cada grupo aportó sus propias costumbres (minhagim), dialectos lingüísticos y tradiciones culinarias, sumando así diversidad al entramado del judaísmo afgano.

4. Herat y Kabul fueron centros judíos

Una ketubá (contrato matrimonial judío) del 16 de marzo de 1880.
Una ketubá (contrato matrimonial judío) del 16 de marzo de 1880.

Para fines del siglo XIX, Herat y Kabul eran el hogar de la mayoría de los judíos de Afganistán.

Herat contaba con cuatro sinagogas (algunas aún en pie hoy), un cementerio judío y escuelas comunitarias donde se enseñaba Torá, hebreo y persa.

La comunidad judía en Kabul estaba más modernizada. Allí los judíos trabajaban en comercio, tejido de alfombras, medicina herbolaria y orfebrería, contribuyendo significativamente a la economía local.

5. Enfrentaron dificultades y persecuciones

Una cubierta artesanal para plato de henna, finamente bordada a mano.
Una cubierta artesanal para plato de henna, finamente bordada a mano.

A pesar de sus contribuciones, los judíos en Afganistán enfrentaban discriminación con frecuencia. A veces se les confinaba en barrios exclusivamente judíos (mahallas), se les imponían códigos de vestimenta estrictos y se les prohibía ejercer ciertas profesiones.

Las luchas internas provocaban mayor inestabilidad, y los judíos quedaban atrapados en medio de los conflictos. En 1857, por ejemplo, fuerzas persas invadieron Herat y expulsaron a los judíos mashhadíes de sus hogares. Fueron encarcelados en condiciones miserables y sufrieron enfermedades y hambre. Pasaron dos años hasta que los sobrevivientes pudieron regresar a sus casas.3

6. La Tierra Santa siempre estuvo en sus corazones

Los judíos afganos mantenían fuertes vínculos espirituales con la Tierra de Israel. Contribuían regularmente con fondos de jaluká (caridad) para apoyar a los judíos en Jerusalén y Safed. A partir de fines del siglo XIX, algunos comenzaron a hacer aliá, instalándose principalmente en el barrio bujariano de Jerusalén.

Para 1950, tras la creación del Estado de Israel, la mayoría de los judíos afganos ya había hecho aliyá, cumpliendo con la antigua creencia de que el pueblo judío pertenece a su tierra ancestral.

7. Fuertes lazos con los judíos persas y bujarianos

Velo de novia artesanal, confeccionado con hilo de seda. Herat, año 1940.
Velo de novia artesanal, confeccionado con hilo de seda. Herat, año 1940.

Los judíos afganos formaban parte de una esfera cultural judeo-persa más amplia. Compartían idioma (judeo-persa y judeo-tayiko), gastronomía, costumbres religiosas e incluso textos litúrgicos (Tafsír) con comunidades judías de Irán, Uzbekistán y Tayikistán. Eran comunes los matrimonios intercomunitarios, y los líderes colaboraban frecuentemente en asuntos religiosos y financieros.

En Jerusalén, los judíos afganos, persas y bujarianos continuaron viviendo juntos, se casaban entre sí y asistían a las mismas yeshivot.

8. Los niños creaban cuadernos personales de Torá

Una de las tradiciones más singulares del judaísmo afgano era el dastak, un cuaderno artesanal para el estudio del hebreo que los niños elaboraban. Estos libros, coloridos e ilustrados, eran a la vez educativos y artísticos, y a menudo incluían poesía religiosa y versículos bíblicos.

Algunos dastakim se conservan hoy en colecciones privadas y museos.

9. Le dieron un toque judío a la cocina afgana

La cocina judía afgana combinaba las leyes dietéticas del kashrut con los sabores locales. Las comidas de Shabat solían incluir pulao Shabbati, un plato de arroz con carne cocido a fuego lento, inspirado en el plato nacional kabuli pulao. Otros platos favoritos eran:

  • Gondi (albóndigas especiadas al estilo persa)
  • Chalaw Sanzi (arroz con verduras)
  • Ashak (empanadillas de puerro)

La comida desempeñaba un papel central en las festividades, especialmente en los dulces de Purim, el cordero de Pésaj y las bandejas de frutas en Tu Bishvat.

10. El sidur hebreo más antiguo que se conoce

Una página del sidur más antiguo que se conoce, con una sección de la Hagadá.
Una página del sidur más antiguo que se conoce, con una sección de la Hagadá.

A comienzos de la década de 2010, investigadores descubrieron la Genizá afgana, un tesoro de manuscritos judíos ocultos en cuevas cercanas a Bamiyán. Estos documentos, que datan de los siglos XI al XIII, incluyen textos legales, comentarios bíblicos y cartas personales escritas en hebreo, judeo-árabe y judeo-persa.

Entre los tesoros hallados se encontraba el “Sidur afgano”, posiblemente el libro de oraciones hebreo más antiguo que se conoce, datado en los siglos VIII o IX.

11. El misterioso origen de los pastunes

Algunas tradiciones sugieren que los pastunes—el grupo étnico más grande de Afganistán—podrían ser descendientes de las Diez Tribus Perdidas de Israel.4 Esta teoría, basada en la tradición oral de los ancianos pastunes y en costumbres compartidas, apunta a paralelismos como:

  • Yibum (matrimonio levirato)
  • Encender velas los viernes por la noche
  • Nombres tribales similares a los de Israel antiguo (por ej., Yusufzai = hijos de Yosef, Rabani = Rubén, Garji = Gad, Afridi = Efraím)
  • Circuncisión a edad temprana
  • Descanso en Shabat, no el viernes como los musulmanes
  • Comer solo carne sacrificada por ellos, y evitar la carne de camello
  • No afeitarse la barba ni las patillas
  • Uso de un chal que recuerda al talit

Sin embargo, muchos son escépticos y la teoría sigue siendo motivo de debate.

12. Costumbres judías afganas únicas (minhagim)

Solideo bordado (bork), utilizado por los judíos afganos como kipá. Años 40.
Solideo bordado (bork), utilizado por los judíos afganos como kipá. Años 40.

Los judíos afganos desarrollaron tradiciones religiosas particulares, entre ellas:

  • Shavuot se conoce como la “Fiesta de las Flores” (Jag Mo’ed Gol). Durante la lectura de la Torá, los congregantes se colocan en dos filas y lanzan pétalos de rosa sobre el Sefer Torá, en base al midrash que describe cómo el monte Sinaí floreció.
  • Shabat Zajor se celebra con huevos decorados y un divertido juego para romperlos, acompañado del canto: “¡Destruye el recuerdo de Amalek; no lo olvides!”
  • Educación judía: A niños y niñas se les enseñaba Torá desde pequeños en escuelas privadas judías (chamullás). Las niñas recibían educación especial en las leyes de kashrut, incluyendo el nikur (eliminación de grasas y venas prohibidas), horneado de matzot, etc.

13. El Rebe se interesó por los judíos afganos

Incluso después de que la mayoría de los judíos emigrara de Afganistán, el Rebe incluyó al país en los itinerarios de los emisarios itinerantes, quienes llevaban artículos judíos a la comunidad restante y evaluaban qué podía mejorarse. Según el informe del rabino Shmuel Bogomilsky, quien visitó en 1963, el Rebe instó a los líderes de la comunidad afgana de Nueva York a restaurar las sinagogas en ruinas y reconstruir la mikve en Kabul, lo cual hicieron.5

14. La comunidad judía afgana sigue viva... en el extranjero

La sinagoga Yu Aw en Herat fue bellamente restaurada a fines de 2024 por la empresa Hach Co., bajo la supervisión del Sr. Julian Liesl, a pesar de estar bajo el régimen talibán.
La sinagoga Yu Aw en Herat fue bellamente restaurada a fines de 2024 por la empresa Hach Co., bajo la supervisión del Sr. Julian Liesl, a pesar de estar bajo el régimen talibán.

Para 1979, tras la invasión soviética y el aumento de la inestabilidad, casi todos los judíos habían abandonado Afganistán. El último judío conocido en Kabul, Zebulon Simantov, mantuvo la única sinagoga funcional hasta que se fue en 2021, tras el regreso de los talibanes al poder.

Hoy, las comunidades judías afganas prosperan en Israel (especialmente en Jerusalén, Beit Shemesh y Bnei Brak), así como en Nueva York, Los Ángeles y Londres. Siguen preservando sus tradiciones únicas, fusionando la herencia afgana con identidades judías sefardíes y mizrajíes.