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Tehilim Diario

Capítulos 49-54

El Tehilím constituye un diálogo franco entre el hombre mortal y su Padre Celestial.

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Capítulo 49
Un gran mensaje e inspiración para todos, ricos y pobres, reprochándoles sus pecados que, por hábito, ya no consideran tales. Pero estos lo acusan el Día del Juicio, especialmente a los ricos, quienes se fían de su riqueza y no de Dios.

Para el Director del Coro, por los hijos de Koraj, un Salmo: Oigan esto todas las naciones, presten oídos todos los moradores de la tierra decaída. También los hijos de Adám, también los hijos del hombre, juntos rico y pobre. Mi boca hablará sabiduría y las meditaciones de mi corazón estarán llenas de discernimiento. Inclinaré mi oído a la parábola, explicaré mi enigma con el arpa. ¿Por qué temeré los días del mal? ¡El pecado que pisé me rodea! Aquellos que se fían de sus riquezas y de su gran opulencia se vanaglorian, mas a un hermano él no puede redimir, ni redimirse; ni dar a Dios su rescate. Pues preciosa es la redención de su alma, e inalcanzable por siempre. Entonces, ¿debe vivir para la eternidad, y jamás ver la tumba? Pues él ve que los sabios mueren; juntos el tonto y el insensible perecen y dejan sus fortunas para otros. Entretanto, imaginan que sus casas son para siempre, sus paradas para una generación tras otra generación. Mas en lo que respecte al hombre, en gloria él no reposará; se asemeja a los animales silenciados. Este es su camino — tontos de ellos; de sus destinos sus bocas hablan de forma calmante, sela. Como ganado menor, están destinados al abismo. La muerte los consumirá, los íntegros los dominarán en la aurora, y sus formas corroerán en el abismo, que no será un refugio para ellos. Pero Dios redimirá mi alma de la garra del sepulcro, pues El me tomará por siempre. No temas cuando un hombre enriquece, cuando aumenta el esplendor de su casa. Pues con su muerte nada tomará, su esplendor no descenderá detrás de él; pues a sí mismo él se bendice en su vida; otros te alabarán si te perfeccionas. Llegará a la generación de tus padres, hasta la eternidad ellos no verán luz alguna. El hombre está en la gloria mas no comprende, se asemeja a los animales silenciados.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 50
Una serie de valores éticos y morales, reprochando a quienes no se arrepienten con humildad y modestia. También a los que no practican lo que estudian y sólo simulan devoción. Pecan, y hacen pecar a otros.

Un Salmo de Asaf: El Todopoderoso, Dios, Adonái, habló convocando a la tierra, desde el levante del sol hasta el poniente. De Tzión, belleza consumada, Dios Se apareció. Que nuestro Dios venga y guarde silencio. Un fuego consumidor delante de El, a Su alrededor mucha turbulencia. El convocará a los cielos encima de la tierra, para que El vengue a Su pueblo. Júntense a Mí, Mis devotos, que confirman Mi alianza mediante el sacrificio. ¡Y los cielos proclamarán Su rectitud, pues Dios es por siempre el Juez! Presta atención, pueblo Mío, y Yo hablaré, Israel, y prestaré testimonio contra Ti. Dios, tu Dios, soy Yo. No te censuraré por tus sacrificios, ni son tus Holocaustos Mi constante preocupación. No tomo de tu casa ni un buey, ni de tus cercados cualquier cabra, pues Mía es cualquier bestia del bosque, los behemot de millares de montañas. Yo conozco todos los pájaros de las montañas, y quien rastrea Mis campos esta Conmigo. Si estuviera hambriento no te lo contaría, pues Mío es el mundo y su abundancia. ¿Preciso comer la carne de los toros? ¿O la sangre de las cabras preciso beber? Ofrece a Dios gratitud — entonces redime a Dios tus votos. Implórame en el día de la aflicción; Yo te liberaré y tú Me honrarás. Mas, al perverso, Dios dice: "¿Con qué propósito cuentas tú Mis decretos, alzando Mi alianza sobre tus labios?" Pues tú odias la disciplina y arrojaste hacia atrás Mis palabras. Si viste un ladrón, lo aprobaste, y con los adúlteros estuvo tu parte. Enviaste tu boca para el mal y tu lengua adheriste a la falsedad. Cuando te sientas, hablas contra tu hermano, contra los hijos de tu madre esparces deshonra. Eso hiciste, y Yo guardé silencio; pensaste que Yo sería como tú. ¡Te censuraré y pondré al descubierto delante de tus ojos. Comprended esto, por favor, vosotros que olvidasteis a Dios, no sea que El os despedace y nadie haya para salvarte. Quien trae ofrenda de gratitud Me honra; entonces, preparando el camino, Yo le mostraré la salvación de Dios. PARA EL MARTES

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 51
Después de que el Profeta Natán reprochó a David su pecado con Batsheva, éste, a solas, elevó considerables plegarias pidiendo perdón. Todos deben recitar este Salmo por sus transgresiones y faltas.

Para el Director del Coro, un Salmo por David, cuando el profeta Natán vino a él después de que él hubo ido a Batshéva: Agráciame, Dios, conforme Tu benevolecia; de acuerdo a Tu abundante compasión, borra mis transgresiones. Límpiame a fondo de mi iniquidad, y purifícame de mi pecado. Porque reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre frente a mí. Contra Ti solo he pecado, y he hecho aquello que es malo ante Tus ojos; [perdóname] a fin de que estés justificado en Tu veredicto y vindicado en Tu juicio. Lo cierto es que fui engendrado en pecado, y en pecado me concibió mi madre. Lo cierto es que tú deseas la verdad en lo más íntimo; enséñame la sabiduría de lo recóndito. Púrgame con hisopo y seré puro; lávame y seré más blanco que la nieve. Hazme oír [nuevas de] alegría y regocijo; entonces los huesos que Tú has quebrantado se alborozarán. Oculta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis transgresiones. Crea en mí un corazón puro, Dios, y renueva dentro de mí un espíritu recto. No me arrojes de Tu presencia, y de Tu Espíritu de Santidad no quites de mí. Restitúyeme el regocijo de Tu salvación, y con espíritu de magnanimidad susténtame. Yo enseñaré a transgresores Tus sendas, y pecadores retornarán a Ti. Sálvame de la culpa de sangre, Dios, Dios de mi salvación; mi lengua cantará Tu justicia. Adonái, abre mis labios, y mi boca dirá Tu alabanza. Pues Tú no deseas que yo traiga ofrendas, ni quieres holocaustos. La ofrenda [propicia] a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y quebranto, Dios, no desdeñas. Concede el bien a Tzión en Tu buena voluntad; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces querrás Tú los sacrificios [ofrendados] con justicia, holocaustos e incinerados por completo; entonces ellos ofrendarán novillos sobre Tu Altar.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 52
David lamenta su sufrimiento a manos de Doeg --quien se jacta del mal que hizo-- y pregunta: "¿Qué cree? ¿Considera la fechoría una marca de fortaleza?", maldiciéndolo, y a quienes son como él.

Para el Director del Coro, un Maskíl, por David, al llegar Doeg, el edomita, quien informó a Shaúl diciendo: "David vino a la casa de Avimélej": ¿Por qué te vanaglorias con el mal, poderoso [guerrero]? La benevolencia de Dios es todo el día. Tu lengua trama traición, cual lámina afilada haciendo falsedad. Amas el mal más que el bien, más la mentira que expresarte con honestidad, sela. Amas las palabras devoradoras, la lengua del fraude. De idéntica forma, Dios te destruirá para la eternidad; El te despedazará y apartará de la tienda, y te desarraigará de la tierra de la vida por siempre. Los justos lo vieron y temieron, y de él se rieron: "Es el hombre que no pone a Dios como su fortaleza; en cambio, se fió de su abundante riqueza, obteniendo fuerza de su traición". Más yo soy como una oliva siempre verde en la Casa de Dios; confío en la benevolencia de Dios por siempre jamás. Te agradeceré eternamente porque Tú lo hiciste, y deposito esperanza en Tu Nombre, pues Tú eres bueno con Tus devotos.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 53
Este Salmo habla de cuando Tito desgarró la cortina del Santo de Santos con su espada, y creyó que había matado "a sí mismo" [un eufemismo para Dios].

Para el Director del Coro de Majalat, un Maskíl por David: El desgraciado dice en su corazón: "¡No hay Dios alguno!" Se corrompieron y actuaron abominablemente por vías de la iniquidad. Ninguno de ellos hace el bien. Dios observó desde el cielo a los hombres para ver si hay alguien que reflexiona, alguien que procura a Dios. Cada uno de ellos es impuro, no hay quien haga el bien, no hay siquiera uno. ¿No saben, los hacedores de maldad, los que devoran a Mi pueblo como si comieran pan, los que no claman a Dios? Los acosará el miedo, un terror como jamás hubo. Pues Dios esparce los huesos de aquellos acampados contra ti, los avergonzaste pues Dios los aborreció. ¡Quién dará que de Tzión venga la salvación de Israel! Cuando Dios haga retornar a los cautivos de Su pueblo, Iaacov se alegrará, Israel se regocijará!

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

Derechos Reservados.

Capítulo 54
Una maravillosa plegaria a Dios, que con Su poderío salve a quienes anhelan Su benevolencia. Léela, y descubrirás que inspira temor reverencial; todos deberían decirla en el momento apropiado.

Para el Director del Coro, con música instrumental, un Maskíl por David. Cuando los habitantes de Zif vinieron y dijeron a Shaúl: ¿No se oculta David entre nosotros? Dios, por Tu Nombre sálvame, y por Tu poder defiéndeme. Dios, oye mi plegaria, presta oídos a las expresiones de mi boca. Pues extranjeros se irguieron en mi contra y hombres poderosos buscaron mi alma. No pusieron a Dios frente a sí, jamás. Es que Dios es quien me asiste, mi Dios está con los que sostienen mi alma. Que retribuya el mal de quienes me acechan; en virtud de Tu verdad, ¡abátelos! Con donativo ofrendaré a Ti, agradeceré a Tu Nombre, Adonái, pues es bueno. Pues de toda angustia El me libró, y mi ojo vio a mis enemigos.

Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

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Extraído del libro Tehilím con Fonética y Español, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana.

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial.

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