El ajedrez es uno de los juegos más antiguos conocidos por la humanidad. Jugado en distintas culturas y continentes por niños, grandes maestros y todos los que están en el medio, ha captado la atención de mentes judías a lo largo de las generaciones, a veces de maneras sorprendentes. Sigue leyendo para conocer 14 datos sobre los judíos y el Juego de Reyes.

1. Se menciona en el Talmud

El Talmud menciona que las mujeres adineradas de la antigua Persia pasaban su tiempo libre “jugando con perritos y nadarshir”.1 ¿Qué es nadarshir? Rashi traduce la palabra como échecs, que en francés significa ajedrez.

2. Los rabinos escribieron poemas sobre él…

Quizás resulte sorprendente, pero algunos grandes sabios de la Torá se inspiraron para escribir poesía sobre el ajedrez. Rabí Abraham Ibn Ezra, el famoso comentarista medieval (quien también fue un destacado poeta), compuso un largo poema que describe el juego y sus reglas. Un poema similar fue escrito por un erudito medieval menos conocido, Maestro Ibn Iajia.2

3. … ¡E incluso libros!

Un erudito italiano del siglo XVII, Rabí Iehudá Arié de Módena, escribió un libro entero sobre ajedrez titulado Maadanei Melej (“Delicias del Rey”). ¿Qué llevó a esta figura colorida y controvertida a hacerlo? Un padre acudió a él con dos hijos que discutían. El hermano mayor se quejaba de que su hermano menor perdía el tiempo jugando a las cartas. El hermano menor explicó que sufría de depresión, y que su médico le había recomendado dedicar cada día un tiempo a hacer algo placentero. Rabí Iehudá Arié sugirió el ajedrez como una alternativa mejor, y luego se sentó a escribir un libro explicando cómo jugar.3

Más recientemente, Rabí Aharon Fisher (Jerusalén, 1896–1942), quien en su juventud había sido campeón de ajedrez en su Rumania natal, también escribió un libro sobre ajedrez. Sin embargo, finalmente lo destruyó, temiendo que pudiera distraer a otros del estudio de la Torá.4

4. Tiene beneficios, pero no exageres

Las fuentes de la Torá señalan los beneficios de jugar al ajedrez: agudiza la mente y refresca el espíritu, mejorando la capacidad de concentrarse en los estudios.5 También hay muchas enseñanzas significativas que pueden extraerse del juego (ver más abajo). Dicho esto, es importante mantener el equilibrio correcto y enfocarse en el objetivo. El ajedrez y otras actividades recreativas no son fines en sí mismos, sino una forma de renovar fuerzas y dar vitalidad al servicio de Di-s mediante el estudio de la Torá y las mitzvot.6

5. La ventaja del ajedrez: rabinos italianos opinan

En la Italia del siglo XVIII surgió una controversia halájica cuando un joven que había prometido no jugar juegos por entretenimiento quiso saber si podía hacer una excepción con el ajedrez. Nada menos que ocho rabinos opinaron sobre el tema. Algunos consideraron que, mientras otros juegos implican engaño y son una pérdida de tiempo, el ajedrez requiere una mente aguda y es una actividad más valiosa. Otros no estuvieron de acuerdo, argumentando que muchos juegos requieren pensamiento agudo, y que es simplemente cuestión de suerte que la gente vea al ajedrez con más prestigio.7

6. Los rabinos lo jugaban (a veces)

Hay varios rabinos documentados como jugadores de ajedrez, aunque nunca a expensas de su estudio de Torá. Algunos ejemplos:

  • Cuando Rabí Iosef Trani (Tzfat/Constantinopla, 1568–1639) veía a dos personas jugando al ajedrez, se acercaba y les daba consejos.8
  • Rabí Abraham Shmuel Diskin (Polonia, 1821–1887) era experto en ajedrez, y su habilidad una vez lo salvó de una situación difícil (aunque se desconocen los detalles del episodio).9
  • Rabí Moshé Feinstein, una de las máximas autoridades halájicas del siglo XX, jugaba ajedrez de niño, pero dejó de hacerlo a los ocho años. Como explicó más tarde: “Si voy a usar la cabeza, ¡mejor usarla para estudiar Torá!”.10

7. Cuando el Rebe jugó al ajedrez

En 1937, Rabí Iosef Itzjak Schneerson, el sexto Rebe de Lubavitch, visitó la ciudad turística de Perchtoldsdorf, Austria, por motivos de salud. Sus médicos le recomendaron descansar de actividades mentalmente exigentes. Con ese fin, una vez se sentó a jugar al ajedrez con su yerno, el futuro Rebe.

En cierto momento, el Rebe maniobró deliberadamente el juego para que su suegro ganara. Cuando Rabí Iosef Itzjak lo notó, le dijo claramente: “¡Tienes que jugar honestamente!”.11

8. El gobernador británico y sus compañeros judíos de ajedrez

Sir Ronald Storrs, gobernador británico de Jerusalén entre 1917 y 1926, era un entusiasta jugador de ajedrez. Jugaba frecuentemente con Rabí Abba Zitron, rabino de Petaj Tikvá y yerno del renombrado Rabí Iosef Rosen (el Gaón de Rogatchov). Cuando Rabí Zitron falleció en 1927, Sir Storrs escribió a la familia una sentida carta de condolencia, describiéndolo como “mi buen amigo, mi estimado oponente (aunque siempre refinado) en el juego de ajedrez”.12

Sir Storrs también invitó repetidamente al mencionado Rabí Aharon Fisher a jugar una partida. No queriendo quitar tiempo a su estudio de Torá, Rabí Aharon rechazó la invitación. Pero cuando las solicitudes continuaron, consultó al venerado Rabí Iosef Jaim Sonnenfeld. Rabí Iosef Jaim le preguntó si estaba seguro de que ganaría. Cuando Rabí Aharon respondió que sí, Rabí Iosef Jaim le aconsejó jugar una sola partida, diciendo que hacerlo sería un kidush Hashem, una santificación del nombre de Di-s.13

9. La noche de ajedrez

Es costumbre no estudiar Torá la noche del 24 de diciembre, cuando los cristianos celebran su festividad. Para que la noche no se desperdicie, algunos tienen la costumbre de pasarla jugando al ajedrez, una forma productiva y mentalmente estimulante de aprovechar el tiempo.14

10. La leyenda del Papa judío

Según una conocida leyenda, el hijo del erudito alemán del siglo X Rabí Shimon de Mayence fue secuestrado y bautizado, y con el tiempo llegó a convertirse en Papa. En cierta ocasión, Rabí Shimon fue a visitar al Papa, y ambos se sentaron a jugar al ajedrez. A medida que avanzaba la partida, Rabí Shimon reconoció los movimientos de su oponente como idénticos a los que él mismo había enseñado a su hijo, y comprendió con asombro que el Papa no era otro que su hijo perdido hacía tanto tiempo.15

11. Explica un pasaje difícil

En las bendiciones de Parshat Bejukotai, la Torá promete: “Cinco de ustedes perseguirán a cien [enemigos], y cien de ustedes perseguirán a diez mil”.16 Pero la cuenta parece no cerrar: si cinco pueden perseguir a 100, ¿no deberían 100 perseguir solo a 2.000?

Esta es una respuesta del erudito del siglo XVI Rabí Abraham Menajem Rapoport: “Cuanto mayor es el número de soldados, mayor es su fuerza combinada. Por eso, es un milagro mayor que cinco persigan a 100 que el hecho de que 100 persigan a 10.000. Cualquiera que conoce el ajedrez ve esto claramente”.17

12. Jugar en Shabat es cuestionable

¿Está permitido jugar al ajedrez en Shabat? Muchos rabinos opinaron sobre esta cuestión. En la práctica, se puede disfrutar del juego con la condición de que no se juegue por dinero y que las piezas no se clasifiquen al final de la partida.18 Por supuesto, el estudio de la Torá y otras actividades espirituales son pasatiempos más apropiados para el santo día de descanso.

13. Modificar al rey

En algunos juegos de ajedrez, la pieza del rey está coronada con una cruz. Aunque por diversas razones esto no representa un problema halájico, muchos son cuidadosos de quitar la cruz para evitar poseer un símbolo asociado con otra religión.

14. Nos enseña muchas lecciones

El Baal Shem Tov enseñó famosamente que todo lo que vemos u oímos contiene una lección sobre cómo servir mejor a Di-s. El ajedrez no es la excepción. Estas son algunas enseñanzas:

  • El ajedrez no es un juego de suerte. Un jugador habilidoso tiene ventaja. De manera similar, el mundo no está gobernado por la casualidad, sino por una Mano Suprema que dirige cada movimiento.19
  • El rey representa a Di-s; las torres, alfiles y caballos representan a los ángeles superiores; y los peones nos representan a nosotros, los judíos que vivimos en el mundo físico. Los ángeles son más poderosos, pero nunca pueden trascender su naturaleza fija. Un judío avanza solo un paso a la vez, pero cuando alcanza su objetivo, cumpliendo el propósito para el cual fue creado, se convierte en reina, superando incluso al ángel más elevado.20