Estimados lectores:
Hoy es un día muy especial para los jasidim de Jabad de todo el mundo. Se cumplen 32 años de Guímel Tamuz, el día de la desaparición física del Rebe.
Esta fecha tiene una conexión muy particular con otros acontecimientos de nuestra historia. En el Tanaj, Guímel Tamuz está asociado con el milagro ocurrido en tiempos de Iehoshúa, cuando el sol se detuvo en lo alto del cielo para permitir que el pueblo de Israel completara la conquista de la tierra. Muchos siglos más tarde, este mismo día quedó marcado como Jag HaGueulá, la fiesta de la redención, cuando en 1927 el Rebe anterior fue liberado de la prisión soviética. Aunque inicialmente fue enviado al exilio, aquel día marcó el comienzo de su liberación definitiva y de la victoria sobre quienes intentaban erradicar el judaísmo.
Ambos acontecimientos tienen un punto en común: la transformación de la oscuridad en luz. La conquista de la Tierra de Israel representa el avance hacia la redención, mientras que la liberación del Rebe anterior simboliza la victoria de la fe sobre la opresión. Toda la vida del Rebe estuvo dedicada a esta misma misión: transformar un mundo que muchas veces parecía hostil a la espiritualidad, al judaísmo y a la presencia de Hashem, en un lugar más luminoso y más conectado con su propósito.
Saliendo de las cenizas del Holocausto, el Rebe se convirtió en una fuerza capaz de devolver esperanza, orgullo e identidad al pueblo judío. Inspiró a miles de emisarios y millones de personas a levantar la cabeza, fortalecer su judaísmo y asumir la responsabilidad de iluminar su entorno. Como jasidim y como continuadores de su legado, en este día renovamos nuestro compromiso de seguir adelante con esa misión.
Aunque a simple vista pareciera que el sol se detuvo, su influencia continúa iluminando al mundo. Guímel Tamuz no es un día de tristeza, sino una hilulá, una fecha en la que celebramos la vida y la obra de un tzadik. Como enseñó el propio Rebe, cuando el alma de un justo deja este mundo, su influencia no disminuye; por el contrario, se expande de una manera que antes no era posible mientras estaba limitada por un cuerpo físico.
Invito a cada uno a conectarse con este día estudiando alguna enseñanza del Rebe, apoyando las instituciones que fundó, fortaleciendo una mitzvá más en su vida o escribiendo una carta al Ohel, su lugar de descanso, donde millones de personas han acudido para pedir bendición, inspiración y guía.
Que este sea el último Guímel Tamuz antes de la redención completa, y que muy pronto veamos la llegada del Mashíaj, ahora, en nuestros días.
Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy
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