Cuando era chico, deciamos “no dejes que se te haga jametz”, “no lo jametzies”. La decíamos cuando teníamos planeado hacer algo, una salida y por algún motivo se demoraba demasiado, decíamos: “ya se hizo jametz”. Con eso queríamos decir que había perdido su entusiasmo, su frescura, su fuerza inicial. Curiosamente, entre amigos seguimos usando esa expresión hasta el día de hoy, cada tanto.

En esta parashá leemos acerca del precepto de la matzá y del sacrificio de Pésaj. Uno de los detalles que señala la Torá es la obligación de cuidar las matzot.

La interpretación más simple es clara: debemos asegurarnos de que la masa no fermente ni se convierta en jametz, en algo leudado.

Sin embargo, Rashí, el comentarista clásico de la Torá, trae una segunda interpretación en nombre de Rabí Ioshía. Él explica que el versículo puede leerse también como: “cuidarás las mitzvot”. Es decir, así como cuidamos que la masa no fermente, también debemos cuidar las mitzvot y no permitir que “se fermenten”.

Cuando se nos presenta la oportunidad de cumplir un mandamiento, ayudar a otra persona, hacer tzedaká o estudiar Torá, no debemos decir: “lo hago después”. La Torá nos enseña que la mitzvá debe cumplirse en el momento, sin postergaciones. Dejarla para más adelante es como dejar que la masa fermente.

Nuestra tendencia natural muchas veces es dejar pasar oportunidades, pensar que habrá otro momento más adecuado. Pero la Torá nos recuerda que, del mismo modo que no permitimos que la masa leude, tampoco debemos demorar el cumplimiento de una mitzvá. Cada oportunidad es única, y cuando llega, debemos aprovecharla de inmediato, antes de que “se haga jametz”.

Shabat Shalom,

Rabino Eli Levvy