“¿Tiene alguna duda por qué me siento tan mal? ¡Me siento mal porque estoy rodeado de gente tan tóxica!”, dijo el joven del otro lado de la pantalla.
La gente suele creer que son producto o víctimas de las circunstancias que la rodean. ¿Será tan así? ¿No será quizás justamente al revés? ¿Quién influye más en quién, el mundo externo en nosotros o nosotros en el mundo externo?
En la lectura de esta semana, Jukat-Balak,1 leemos sobre muchos temas muy importantes e interesantes. Una historia que llama mucho la atención es la siguiente:2
El pueblo judío se quejaba por el viaje cansador rumbo a Israel y por las condiciones incómodas en las que se encontraban, sin acceso predecible a agua y comida. Como castigo, Di-s mandó serpientes venenosas y murieron muchos como consecuencia de ello.
El pueblo recapacita y pide a Moshé que interceda ante Di-s para que retracte la plaga.
Di-s instruye a Moshé para que confeccionara una víbora y la montara sobre un mástil, para que cualquiera que fuera mordido la mirara y pudiera vivir.
La Torá concluye contando que Moshé efectivamente confeccionó una víbora de cobre, la colocó arriba del mástil y todo aquel que llegó a mirarla luego de haber sido mordido, vivió.
¿Por qué justo una víbora de cobre? ¿Qué cualidades curativas tiene como para poder, desde lejos, salvar de la muerte a quien fuera mordido por una serpiente venenosa?
Nuestros sabios, citados por Rashi, hacen esta pregunta y explican que el poder curativo no estaba en la víbora sobre el mástil, sino en otro lugar: en el propio corazón del afligido.
“¿Acaso la víbora mata o revive?”, preguntan.3 “Sino, viene a decirte que mientras el pueblo de Israel miraba hacia arriba y subyugaba su corazón hacia su Padre en el cielo, se curaban y si no, sucumbían.”
En otras palabras, lo que sirvió para neutralizar el efecto del veneno introducido en ellos por la mordedura de la víbora fue su propia actitud y conducta.
Al mirar hacia arriba y, como consecuencia de ello, arrepentirse y subyugar su corazón, incluyendo a la “víbora venenosa”, o sea los impulsos negativos y destructivos que residen ahí, a su Padre Celestial, logran no solo neutralizar el efecto del veneno de la víbora física, sino que su impacto logra hasta transformar a la propia víbora en fuente de curación: “y será que todo aquel que llegase a ser mordido, la mirará y vivirá”.4
Mirar hacia arriba y ver la víbora, conscientizándose de su propia conducta viperina e ingrata,5 sirvió para que se arrepintieran y recapacitaran.
En otras palabras, las fuerzas viperinas en el mundo son un reflejo y se nutren del carácter viperino del hombre. Cuando uno logra dominar, neutralizar y transformar a su “víbora” interna, no hay víbora ni fuerza viperina en el mundo que lo pueda vulnerar.
Vemos un antecedente bíblico a propósito de esto en la historia de José y sus hermanos. Los hermanos lo habían tirado a un pozo “vacío sin agua”, dice la Torá.6 ¿Por qué esa redundancia? Si estaba vacío, ¿no es obvio que no tenía agua?
Nuestros sabios explican7 que si bien estaba vacío de agua, estaba lleno de víboras y escorpiones.
¿Cómo hizo José para sobrevivir a sus respectivos venenos? La respuesta es que un animal solo puede vulnerar a un ser humano que se comporta como un animal, o sea, que está dominado por los dictámenes de sus impulsos e instintos animales.
José, que tenía dominados sus instintos e impulsos, era un verdadero hombre y por lo tanto no tenía que temer a los animales.
Ya que estamos hablando de víboras y sus venenos, hay un detalle más: víboras y escorpiones tienen venenos distintos, calientes y fríos. El veneno “caliente” ataca el sistema circulatorio de la víctima, mientras que el “frío” ataca el sistema nervioso, paralizándolo.
A nivel espiritual, también, hay dos venenos, actitudes, que paralizan y matan: el “caliente”, o sea la sensibilidad y ambición, y el “frío”, o sea la insensibilidad y la falta de ambición.
Imaginemos dos escenarios diferentes:
1) alguien que es sensible en cuanto a cómo lo perciben los demás y hace todo para lograr su aprobación, siendo indiferente a su condición interior y contenido espirituales;
2) alguien que aspira a hacer el bien y trabaja constantemente para ser cada vez mejor persona, sin importar lo que los demás piensen de él.
¿Cuál de las dos considerarías una conducta sana y cuál de las dos una conducta “viperina”, motivada por venenos calientes y fríos?
Así que la herramienta de esta semana es:
Cuando sientas que el mundo externo es tóxico y amenazante, no te quejes; reconfigura tus propias actitudes viperinas. Te sentirás mejor y verás que las repercusiones a tu alrededor te sorprenderán.
Basado en Likutei Sijot, vol. 13, págs. 71-77.
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