Entre las causas de la angustia y la depresión, están los pensamientos obsesivos.
Quienes los sufren o conocen a alguien que sufre de esto, no necesitan mucha explicación para entender lo paralizante que son.
¿Cómo se hace para liberarse de pensamientos obsesivos paralizantes?
Cuentan de cierto individuo que lidiaba con el problema de pensamientos negativos invasivos. Fue a consultar con el Álter Rebe, fundador de Jabad.
El Rebe lo mandó a consultar con un leñador veterano que vivía en el bosque cercano.
“Él te podrá ayudar a entender cómo se hace para controlar los pensamientos no deseados”, dijo.
El jasid, lleno de esperanza, no perdió tiempo y salió enseguida hacia la casa del hombre indicado.
Cuando llegó a la casa del veterano, la encontró cerrada, pero vio que había luz en su interior.
Empezó a tocar la puerta, pero nadie le abrió.
Golpeó más fuerte. Nada.
Empezó a gritar: “¡Ábranme la puerta! ¡Me estoy congelando!”. Nada.
Al no tener otra alternativa, se acostó en un rincón a dormir.
A la mañana, el dueño de casa abrió la puerta y saludó al jasid.
“¿Qué te trae a mi casa?”, preguntó.
“Vine a hacerle una consulta. Pero antes de planteársela, quisiera saber por qué no me abrió la puerta anoche. Estuve golpeando y gritando un buen rato. ¿Dónde está su sentido de empatía y hospitalidad?”, preguntó el jasid.
“Mire, esta es mi casa y en mi casa mando yo. Soy yo quien decide a quién dejar entrar y cuándo. No me importa que griten, golpeen y armen escándalo. En mi casa mando yo. ¿Cuál era su consulta?”
“Gracias. Ya me dio la respuesta que estaba buscando”, dijo el jasid ante la mirada sorprendida del leñador.
La lectura de esta semana, Shoftim,1 abre con la orden divina de: “Jueces y policías debes poner en todos tus portones”.
En el sentido literal se refiere a la responsabilidad comunitaria de colocar jueces en las entradas de las ciudades para determinar la conducta correcta, y policías cuya tarea será asegurar que los fallos de la corte se implementen.
Nuestros sabios explican que dicha orden también tiene una connotación y aplicación en la vida personal de cada uno.
El hombre es como una pequeña ciudad.2
Los siete “portones” por donde entran a la “ciudad” personal y salen de ella son los ojos, oídos, nariz y boca.
Es nuestra responsabilidad colocar “jueces y policías” en estos portones.
Debemos determinar qué es lo que permitiremos entrar a nuestra “ciudad” y qué permitiremos salir de ella.
Hacen falta dos cosas: “jueces” para determinar lo que debemos ver, escuchar, comer y lo que no; qué es lo que debemos dejar salir de la boca y lo que no; y “policías” para asegurar la implementación de la opinión de los jueces.
No es tan difícil determinar qué es lo correcto en cada situación. Para eso hace falta simplemente consultar con el Shulján Aruj o con un rabino competente.
Lo difícil es implementar lo que sabemos que debemos hacer.
Todos los que empezamos una dieta nueva conocemos ese trecho entre el saber y el hacer.
¿Cómo hacemos para implementar en la práctica las conclusiones de nuestros “jueces”?
Necesitamos al policía.
Si bien el “juez” representa el razonamiento, los argumentos y la lógica, el “policía” representa todo lo contrario: la imposición sin argumentos.
En la vida personal, representa la disciplina; obligarse a comportarse de acuerdo a cómo entiende ser el camino correcto, de acuerdo a la objetividad de la ley, aunque sus instintos y emociones, su subjetividad, resistan.
“Yo soy el dueño de mi casa y decido quién y qué entra”.
(Queda por definirse cómo identificamos ese “yo”, dueño de casa y su deseo. El Tania desarrolla muy extensamente el tema de las dos almas que pujan por ocupar ese lugar. Pero ese es otro tema...)
Finalmente, me gustaría compartir la perspectiva del Rebe, que su mérito nos escude, sobre el tema de los pensamientos negativos.
En muchas instancias, ante consultas sobre el tema, el Rebe aconsejaba que la mejor manera de lidiar con ellos es hacer caso omiso.
Dirigir el pensamiento a otra cosa y no darles entrada.
Este sistema se llama hésej hadaat, o sea, desviar la conciencia para otro lado.
Es un abordaje muy diferente al de indagar infinitamente en los pensamientos negativos y sus posibles causas, cosa que muy a menudo sirve para reforzarlos y darles más presencia dañina en nuestras vidas.
Así que la herramienta de esta semana es:
Ante los pensamientos obsesivos hay que recordar que uno es el dueño de sus pensamientos.
La cabeza puede tener solo un pensamiento a la vez.
Si optas por ocupar tu cabeza con un pensamiento positivo, no habrá lugar para uno negativo.
Obviamente, no estoy implicando que ignores y no atiendas los problemas que surgen en la vida.
A los problemas hay que atenderlos; no obsesionarse de una manera estéril que paraliza e impide su resolución.
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