Estimados lectores:

Nos encontramos en los Nueve Días del mes de Av, y faltan apenas unos días para Tishá BeAv, probablemente el día más triste del calendario judío. El miércoles por la noche recordaremos la destrucción del Primer y del Segundo Beit Hamikdash y el comienzo del exilio tal como lo conocemos.

Este Shabat recibe un nombre muy especial: Shabat Jazón, el “Shabat de la Visión”. En la Haftará leemos la visión del profeta Ieshaiáhu, quien anuncia la futura redención y la reconstrucción del Beit Hamikdash. Aunque nos encontramos en pleno período de duelo, durante el cual evitamos comer carne, beber vino y escuchar música, en Shabat todas esas restricciones se suspenden. No solo eso: este Shabat procuramos honrarlo con mayor alegría, más carne y más vino que en un Shabat común.

La explicación es profunda. Nuestros profetas enseñan que estos días de duelo se transformarán, con la llegada del Mashíaj, en los días más alegres del calendario judío. Justamente porque conocimos el exilio y la oscuridad, podremos apreciar con una intensidad incomparable la luz de la redención. Shabat Jazón nos permite anticipar, aunque sea por un día, esa alegría futura en medio del duelo presente.

Esta idea también ilumina nuestra vida cotidiana. Todos atravesamos momentos de oscuridad, dificultades o sufrimientos que pueden desanimarnos. Sin embargo, muchas veces esas mismas experiencias son las que nos permiten valorar aquello que antes dábamos por sentado. Quien atravesó una enfermedad aprecia mucho más la salud; quien pasó por una etapa difícil disfruta con mayor intensidad la tranquilidad cuando vuelve.

Hashem creó la oscuridad no como un fin en sí mismo, sino para que aprendamos a reconocer y valorar la luz. Que tengamos el mérito de que este sea el último Tishá BeAv de duelo y que muy pronto podamos celebrar la reconstrucción del Beit Hamikdash con la llegada del Mashíaj.

Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy