Estimados Lectores:

“Janucá, oy Janucá una fiesta hermosa. Janucá oy Janucá como ella no hay otra. Por las noches con el dreidel (perinola) nos gusta jugar, dulces tibios latkes (croquetas de papa) comemos sin parar”

Esta canción pegadiza resuena en mi cabeza cuando llega Janucá. El recuerdo del encendido de la Menorá con mi papa y mis hermanos continuado con la canción Hanerot Halalu a todo pulmón y culminado con el grito “A freilajn Janucá, Januke Guelt” (Feliz Janucá, Dinero de Janucá) y todos nos poníamos en fila para recibir una moneda para caridad y otra para comprar juguetes.

Janucá es familia. Janucá es hogar. Janucá es volver rápido a casa para encender las velas, jugar con los hijos y sentarnos alrededor de la mesa a comer cosas ricas.

Una de las leyes del encendido de las velas de Janucá nos dice que deben estar al menos media hora encendidas, y esa media hora no debemos dejar las velas solas, nos quedamos mirándolas y acompañándolas.

En una generación de celulares y tablets, tomarnos media hora para disfrutar de la calidez de las velas o sentados en el piso con la perinola, vale mucho y es algo que nuestros hijos nunca se van a olvidar. No por nada es la fiesta favorita de los chicos.

Coman rico y disfruten mucho. Los dejo que me voy a prender las velas y comer unos latkes.

¡Feliz Janucá y Shabat Shalom!

Rabino Eli Levy