Estimados Lectores:

En Argentina ahora es la época de receso escolar y muchos aprovechan para ir de vacaciones. Tuve la oportunidad de ir con mi familia a descansar a una ciudad con playa. Pero para un judío ortodoxo esto es complicado, ya que la mayoría de las playas están abarrotadas de gente y no hay recato en la vestimenta. Buscamos playas muy recluidas para pasar un agradable momento de sol y mar.

Un día en camino al mar mi hijo menor empezó a llorar que le queman los pies y me pidió que lo cargue en brazos. Los cuatrocientos metros hasta el mar fueron difíciles en la arena caliente, con un niño de 4 años en brazos y el bolso con provisiones en el otro (no estoy en estado físico optimo).

Pensé en el éxodo del pueblo judío por el desierto ardiente ¡no cuatrocientos metros, sino 40 años! ¿Cómo aguantaron? Ahí el vi la cara a mi hijo que había dejado de llorar y sonreía. ¡Claro! El no camina, papá lo lleva en brazos.

Este mundo material muchas veces parece un desierto atemorizante, nos queman los pies y lloramos. Hashem es nuestro Padre, le pedimos que nos cargue en sus brazos. El como buen padre nos secara las lágrimas y nos llevará a la tierra prometida.

¡Shabat Shalom!

Rabino Eli Levy