Estimados lectores:
La semana pasada hablamos de la rivalidad entre hermanos, esta semana el núcleo de la historia se centra en la relación de dos hermanas, Rajel y Lea.
La historia es de competencia, pero también de mucho amor entre ellas.
Rajel sabía que Laban iba a engañar a su novio y le dio algunas señales a Lea en la noche de boda para que ella no pase vergüenza. Lea por otro lado, quería reivindicarse frente a su marido dándole mucha descendencia, pero cuando vio proféticamente que Rajel se iba a quedar sin “cupo”, oró por ella y Rajel quedó encinta.
Son nuestras matriarcas, todos los judíos somos descendientes de estas mujeres y la relación entre ellas nos deben dejar una lección.
A pesar de que competían constantemente para ganarse el agrado del marido, siempre hay una preocupación por lo que le está pasando a la otra, que no pase vergüenza, que no se amargue, que no entristezca.
En nuestro pueblo surgen competencias que a veces son acaloradas y extremas ya sea en la política o en los distintos ámbitos comunitarios, pero nunca debemos olvidar que somos hermanos. Podemos pensar distinto, pero si el otro va a pasar un mal momento, va a pasar vergüenza y yo lo puedo evitar voy a hacerlo.
¡Shabat Shalom!
Rabino Eli Levy

Hay un arquetipo,el fundamental, basado en cuatro mujeres. Tres de ellas son tres luces y tres modos de ser. Hay una cuarta que es luz pero no briatica sino posterior. Ella es quien puede resolver la competencia pues se mueve en el cuadrículo con su propio cuadrículo. Es un asunto escatológico: ella es la divina ministra cocreadora con el Creador. Nuestra Tierra está en cuarentena pero se mantienen las identidades de los seres. Que el Menorah de nueve luces nos dé ésta luz que necesitamos.