Estimados lectores:

Esta semana leemos en la Torá varios temas que, a simple vista, parecen no tener relación entre sí. Pero en la Torá nada es casual. Veamos:

  • El cierre del censo de los levitas.
  • La ley de la mujer sospechada de infidelidad (sotá).
  • El nazareno (nazir), que se aparta del vino.
  • La bendición sacerdotal.
  • La inauguración del Mishkán con las ofrendas de los líderes de las tribus.

A primera vista, las secciones sobre la mujer sotá y el nazir parecen fuera de lugar, como si hubieran sido insertadas sin conexión con el resto. Pero no es así. La Torá no fue escrita para ángeles ni para justos perfectos. Fue dada a seres humanos, con debilidades, luchas y desafíos.

Los levitas, cuya misión es velar por la espiritualidad del pueblo judío, representan el ideal de conexión constante con lo sagrado. Pero incluso en ese contexto elevado, la Torá nos recuerda que cualquiera puede desviarse. El versículo sobre la sotá dice: “si su mujer se desvió”, una expresión que también puede entenderse como una metáfora del alma que se aleja de su camino.

Justo después aparece la figura del nazir, quien, al tomar conciencia del riesgo de caer, decide alejarse del vino y de las distracciones mundanas. Es una forma de teshuvá: un retorno a lo esencial, un acto de fortalecimiento espiritual.

Y en ese proceso, Di-s responde con Su bendición más poderosa: la bendición sacerdotal. Nos envuelve con Su luz, nos protege y nos da la fuerza para transformar nuestras caídas en elevación, y nuestro mundo cotidiano en una morada para Su presencia.

Que seamos merecedores de hacer teshuvá sincera y de recibir todas las bendiciones celestiales.

¡Shabat Shalom!

Rabino Eli Levy