Estimados lectores:
Esta noche comienza Tu BeAv, conocido popularmente como “el día del amor”. Si bien ese nombre no aparece en nuestras fuentes, no deja de reflejar una realidad: nuestros sabios dijeron que no hubo días tan alegres para el pueblo judío como Tu BeAv y Iom Kipur.
Sin embargo, llama la atención que apenas unos días después de Tishá BeAv, el día más doloroso de nuestro calendario, lleguemos al día más alegre. ¿Cómo puede ser que el calendario judío nos lleve tan rápidamente de un extremo al otro?
Este domingo tuve el mérito de oficiar una jupá. Mientras explicaba el significado de las costumbres del casamiento, me detuve en un detalle muy conocido: al finalizar la ceremonia, el novio rompe una copa. ¿Por qué justamente en el momento de mayor alegría recordamos la destrucción del Beit Hamikdash?
Entonces comprendí que, en realidad, no existe ninguna contradicción. Durante las Tres Semanas y en Tishá BeAv vivimos el duelo por Jerusalén, pero cuando termina el ayuno no “pasamos la página” como si nada hubiera ocurrido. El recuerdo del Beit Hamikdash sigue acompañándonos incluso en los momentos más felices de la vida.
Y lo mismo sucede en sentido inverso. También en los momentos de dolor debemos recordar que llegará la redención. Nuestros sabios enseñan que en Tishá BeAv nació el Mashíaj, recordándonos que incluso en la mayor oscuridad ya comienza a gestarse la luz.
Quizás esa sea una de las grandes enseñanzas del judaísmo: la vida no consiste en olvidar el dolor cuando llega la alegría, ni en perder la esperanza cuando atravesamos momentos difíciles. Vivimos con ambos presentes. En los días de duelo recordamos el futuro de Jerusalén reconstruida, y en los días de alegría seguimos anhelando su reconstrucción.
Que podamos celebrar este Tu BeAv fortaleciendo el amor entre nosotros y que muy pronto tengamos el mérito de hacerlo en una Jerusalén reconstruida, con la llegada del Mashíaj.
Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy
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