Emor
Nada está perdido
Estimados lectores:
Hoy es Pésaj Shení, el “segundo Pésaj”. La Torá nos cuenta que durante el desierto hubo un grupo de personas que estaban impuras y no pudieron traer el sacrificio de Pésaj en su momento. Lejos de resignarse, se acercaron a Moshé con un reclamo sincero: querían tener una segunda oportunidad para cumplir la mitzvá. Hashem aceptó su pedido, y así nació Pésaj Shení, un día que hasta hoy recordamos comiendo un poco de matzá.
La idea central de Pésaj Shení es profundamente poderosa: siempre hay una segunda oportunidad. El Rebe anterior solía repetir que “nada está perdido”. No importa en qué situación espiritual se encuentre una persona, no importa cuán lejos sienta que está, siempre existe la posibilidad de volver a empezar.
A veces uno puede pensar: ya es tarde, ya me equivoqué demasiado, ya no hay vuelta atrás. Pero la Torá nos enseña lo contrario. Incluso alguien que se encontraba en un estado de impureza que le impedía el cumplimiento de las mitzvot recibió una nueva oportunidad. Hashem nunca cierra la puerta.
Ese es el mensaje que debemos llevarnos: no existe el “ya está, ya perdí”. Siempre se puede volver, siempre se puede reparar, siempre se puede reconectar. Y cuando damos ese paso, Hashem nos recibe con los brazos abiertos.
Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy
La sección Emor (“Diles”) comienza con las leyes especiales de los Cohaním (“sacerdotes”), del Cohen Gadol (“Sumo Sacerdote”), y del servicio en el Templo..
El primer defecto de los primeros seres humanos fue el deseo de gratificación inmediata. La primera transgresión registrada en la Torá fue cuando Adam y Javá comieron el fruto prohibido.
"La verdadera grandeza de una persona reside en cumplir su misión en la vida y actuar de forma que genere paz y alegría a los miembros de su familia”.
El malhumor no es un fallo, sino parte natural de la condición humana, que por esencia es cambiante y multifacética. La Cabalá enseña que vivimos en un mundo de equilibrio (Tikún), donde es normal experimentar altibajos emocionales. La clave no es eliminar los estados de ánimo, sino utilizarlos: cada emoción, incluso la negativa, puede transformarse en una herramienta para el crecimiento espiritual y personal.
La mañana del viernes fue un torbellino. Mientras mi esposo daba una clase de Cabalá, yo preparaba masa para un taller de jalá. Por delante teníamos una cena comunitaria de Shabat, un Kiddush completo después de los rezos, y una celebración festiva de bar mitzvá el sábado por la tarde. Sabía que me esperaba una experiencia intensa e ininterrumpida en la cocina hasta el encendido de las velas.
Jugado en distintas culturas y continentes por niños, grandes maestros y todos los que están en el medio, ha captado la atención de mentes judías a lo largo de las generaciones
“No es lo mismo que cuando empezó la guerra, cuando había muchos grupos de voluntarios ayudando a los soldados. Ahora lo apreciamos mucho más, porque sabemos que muchos ya están cansados. Nosotros mismos, como soldados reservistas, también lo estamos… pero sabemos que hay que seguir”
No se acostumbre a llorar por la leche derramada, pues Di-s tiene un abundante suministro de leche al que se puede llegar en cualquier momento —probando que tenemos una sed verdadera, y expresándole este sentimiento.
