Estimados lectores:

En estos días de la cuenta del Omer, los judíos de todo el mundo guardamos duelo. No nos afeitamos, no escuchamos música, no nos cortamos el pelo ni celebramos casamientos. Lo hacemos en recuerdo a la muerte de los 24.000 alumnos de Rabí Akiva.

Durante años, me resultaba incómodo estar sin música, sin celebraciones… ¿por personas que murieron hace miles de años? Especialmente en nuestra historia, donde las tragedias fueron tan frecuentes. Si hiciéramos duelo por cada judío que murió, no habría un solo día en el calendario sin tristeza.

Nuestros sabios enseñan que murieron porque “no se respetaban unos a otros”. Y esto resulta aún más impactante si recordamos que el propio Rabí Akiva enseñaba que el principio fundamental de la Torá es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Cómo puede ser?

Justamente porque sentían un vínculo tan profundo de hermandad, les resultaba difícil tolerar cuando percibían que el otro estaba equivocado. No supieron dar lugar al respeto; en lugar de eso, terminaban invalidando al otro. Pensaban: “si yo tengo la verdad, el otro está mal”.

Muchos estamos convencidos de que nuestro camino es el correcto, y que el del otro es un error. Nos cuesta ponernos en su lugar, entender que desde su perspectiva él también está intentando hacer lo correcto. Ahí nacen las divisiones. Ahí comienzan las grietas.

Vivimos en una época compleja para el pueblo judío. Debemos saber que la bendición de Hashem reposa cuando hay unidad. Debemos estar unidos. Debemos aprender a respetarnos, incluso cuando pensamos distinto.

Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy