El rabino Shalom Ber Lifshitz arribó a Nueva York un jueves, tras un largo vuelo desde Israel, con la intención de continuar directamente a Canadá. En aquella oportunidad, el rabino Lifshitz —que dirigía una organización de ayuda a instituciones educativas judías en Israel— viajaba para asistir a un acto de recaudación de fondos en la esperanza de que pasar un Shabat con la comunidad local generase el apoyo tan necesario.
Pero el Rebe tenía otros planes para él. Antes de que pudiera partir hacia Canadá, el secretario del Rebe localizó al rabino Lifshitz y le asignó una misión inesperada. Un viejo compañero de estudios del rabino Lifshitz había caído en depresión, por consiguiente el Rebe le pedía a éste que se quedara en Nueva York durante el Shabat para visitarlo y ayudarle a salir de su abismo de desesperanza. Aunque no había tenido contacto con su viejo compañero de estudios durante varias décadas, accedió de inmediato a la petición del Rebe, consiguió un lugar donde alojarse y postergó por unos días la reserva de su ticket de vuelo.
Fiel a su palabra, R. Lifshitz visitó al hombre varias veces durante el Shabat, con la intención de levantarle el ánimo.
El domingo, el rabino fue convocado a una audiencia privada con el Rebe. El Rebe enfatizó la importancia de su acción y lo colmó de bendiciones por su disposición a comprometer sus planes y sacrificar su propia agenda en aras de ayudar a un viejo conocido en necesidad. El encuentro dejó una huella imborrable en R. Lifshitz, quien contaría la historia a menudo como recordatorio de la suprema importancia y responsabilidad de priorizar el bienestar de quienes la Divina Providencia ha puesto en nuestro camino. 1
Aquí encontramos otra preciosa señal que nos dirige a un aspecto esencial del viaje de nuestra alma. Las personas con las que nos cruzamos en nuestra vida no están ahí por mera coincidencia o circunstancia; más bien, fueron entretejidas en nuestra vida por la Divina Providencia en aras de la bendición mutua y el crecimiento personal.
En palabras del Rebe, pronunciadas durante un farbrenguen en Shabat Parshat Matot 5741 (1981):
"Porque a cada judío se le asigna una parte del mundo que debe refinar y reconstruir, y a partir de ella, construir una morada para Él, bendito es... Y por lo tanto, cuando [por Providencia Divina] se encuentra con otro judío, esto evidencia que el trabajo de refinamiento del otro está conectado con él, y (en consecuencia) debe trabajar con él”. 2
Compañeros de viaje espirituales
Los cabalistas enseñan que antes de que nuestras almas desciendan, se determina (en lo Alto) con qué almas nos encontraremos, nos comprometeremos y viajaremos, y cada una de ellas alberga chispas que será responsabilidad nuestra ayudar a activar, iluminar y elevar; y viceversa.
Esto comprende a todas las personas de tu vida, incluyendo a las personas aparentemente aleatorias con que entras en contacto, desde compañeros de escuela, amigos, conocidos y clientes hasta absolutos desconocidos. Independientemente de las circunstancias que rodean tus encuentros con los demás, el Rebe insistió en que las personas en tu vida representan aspectos preciosos de tu propósito en este mundo.
En su propia vida, el Rebe encarnó este principio de forma extraordinaria, asumiendo interés y responsabilidad personal por cualquiera que entrara en su órbita de influencia. Un ejemplo entre otros innumerables ocurrió durante el invierno de 1973, cuando un judío errático llegó a 770 y comenzó a debatir sobre religión con los estudiantes de la yeshivá. Una noche, mientras el Rebe recibía visitas en iejidut (encuentros privados), el hombre irrumpió en la habitación del Rebe, sólo para ser detenido por uno de los secretarios. El Rebe pidió al secretario que dejara pasar al hombre y se tomó su tiempo para hablar con él. En algún momento durante los meses que siguieron, el hombre le dijo al Rebe que realmente planeaba abjurar del judaísmo. El Rebe se sentó con él durante un tiempo e invirtió una inmensa energía en intentar hacerle cambiar de opinión.
En un farbrenguen de Shabat posterior,3 el Rebe compartió una historia del Maguid (predicador) de Mezeritch, que evitó que un discípulo renegara citando un versículo: Un alma que reflexiona. Mientras el Rebe contaba la historia comenzó a llorar. 4
El hombre dejó una nota manuscrita para el Rebe expresando su agradecimiento y compartiendo su intención de partir de 770 y seguir adelante con sus planes, Di-s no lo quiera:
"Gracias por su amor y preocupación que tan generosamente me ha dispensado durante mi estadía aquí... Gracias por las muchas cosas que he aprendido de su vida... Pienso partir mañana. Mi única meta, espero, es encontrar la Perfecta Voluntad de Di-s".
El Rebe rodeó las palabras "Pienso partir mañana" y escribió en respuesta:
"Esta no es ... ciertamente la voluntad de Di-s. Permanezca aquí hasta después de Tishrei [unos seis meses más tarde], para que podamos celebrar todos los Shalosh Regalim [Pésaj, Shavuot y Sucot] en mutua compañía (y también mi cumpleaños), incluyendo Simjat Torá. Utilice su tiempo aquí para estudiar Torá en profundidad y con energía, al punto de que pueda usted motivar también a los demás. Di-s le conceda éxito en este sentido, porque esta es la voluntad de Di-s”.5
Después de haber recibido la nota —que incluía la invitación personal del Rebe a la celebración de su cumpleaños, algo extremadamente fuera de lo común— el hombre suspendió sus planes de partida. En total, el hombre pasó casi un año en 770, donde siguió siendo un huésped muy querido. 6
Si este grado de bondad y responsabilidad dedicada está justificado en el caso de los individuos aparentemente "fortuitos" que entran en tu vida, cuánto más cuando se trata de quienes están más explícita e inextricablemente integrados en la arquitectura de tu vida, como padres, hermanos, cónyuges e hijos.
Raíces sagradas
Naturalmente, entre las personas más importantes elegidas para formar parte de nuestro viaje están nuestros padres. Como fuera citado anteriormente en nombre del sexto Rebe de Lubavitch, R. Iosef Itzjak Schneersohn, en el Capítulo 10:
"La historia de vida de una persona es un libro que cada uno debe estudiar. Ese libro debe constituirse en una guía para su vida.”7
Uno de los diez aspectos que contribuyen al libro de vida, conforme a R. Iosef Itzjak, es "de quién nació esta persona..."
De este modo, si esos diez aspectos que componen el designio divino de cada uno son el libro de su vida, sus padres y su influencia son la primera página. Desde este punto de vista, tus padres no son meramente los cuidadores a cargo de tu bienestar y de tu desarrollo hasta que te conviertas en un adulto saludable e independiente. Las almas de tus padres (y, por extensión, de tus hermanos8 ) son componentes fundamentales de la trayectoria de tu vida.
Es su rol como cuidadores, guías, protectores y educadores el que crea las condiciones que revelan la conexión innata que tienen con tu alma, y no a la inversa. En otras palabras, no es lo que nuestros padres (y hermanos) aportan a nuestras vidas lo que crea su vínculo con nosotros. Más bien, su cuidado e influencia son expresión del vínculo intrínseco y predeterminado que comparten con nosotros.
Esta dinámica espiritual explica en parte por qué el mandamiento de honrar a los padres9 está comprendido entre los cinco primeros Mandamientos, los cuales se refieren específicamente a nuestra relación con Di-s, y no en los segundos cinco, que se refieren a nuestra relación con los semejantes. Su inclusión entre los mandamientos relativos a nuestra relación con Di-s refleja el hecho de que, lejos de ser de carácter social, son ante todo de carácter místico, metafísico e intrínseco del diseño de tu alma y del propósito de su descenso a este mundo.
Escalando en el amor
Otra relación fundamental que muchos establecen a lo largo de su camino providencial es con un cónyuge o compañero de vida. A primera vista, esta relación puede parecer menos obviamente orquestada por la Providencia, debido a la creencia subyacente de que "elegimos" a nuestra pareja de vida, a veces en detrimento de nosotros mismos. Especialmente en aquellos casos en los que la pareja se convierte en un desafío, podemos replantear la relación como una mala elección que sólo se reveló después de haber conocido la verdad de la persona que hemos elegido.
Sin embargo, desde un punto de vista místico,10 rara vez es así. Podemos "elegir" a nuestras parejas en la vida, pero las razones de la elección —las virtudes y cualidades específicas que buscamos y el hecho de que la persona que elegimos las posea— fueron diseñadas e integradas dentro de nosotros por Di-s para unir "dos mitades de una misma alma."
Esta empoderadora perspectiva se convierte en una base filosófica que sustenta nuestros esfuerzos por aprender y crecer a través de los desafíos que inevitablemente surgen en toda relación, y por seguir trabajando en dicha relación aun cuando parezca, para las personas involucradas, haber perdido todo sentido.
La extraordinaria medida en que nuestro compañero de vida está conectado con el propósito y la misión de nuestra vida se puede ver en la carta del Rebe a un hombre lidiando con la discordia en su matrimonio.
"En mi carta anterior le he escrito sobre el hecho de que, ciertamente, hallará desafíos y dificultades, especialmente en relación con la armonía matrimonial, y es precisamente aquí donde se requiere el mayor esfuerzo. La intensidad de las dificultades en cuestión evidencia que se trata de un punto clave de su tarea esencial de refinamiento, como se desprende de los escritos del Arizal y lo aclaran las enseñanzas jasídicas. Porque, salvo algunas excepciones, las almas de nuestra generación ya han estado en el mundo y ahora regresan como guilgul (reencarnación). Y su principal propósito es rectificar lo que no hayan hecho de las 613 mitzvot (mandamientos) en sus vidas anteriores en esta tierra.
"...Cuando se trata de mitzvot que la persona ya ha cumplido en sus vidas anteriores, la inclinación al mal no opone mayor resistencia, sólo lo suficiente para la perdurabilidad del libre albedrío. Ello se debe a que, respecto de aquellas cuestiones, la persona ya ha alcanzado el refinamiento requerido.
"Sin embargo, en las cuestiones en las que su servicio en vidas anteriores fue deficiente —es decir, en la parte específica del mundo y de su psiquis que no ha logrado aún refinar— la oposición de la inclinación al mal alcanza su máxima fuerza...
"Con respecto a la acción práctica, que es el punto esencial: una vez más [procuraré] inspirarte e implorarte que hagas el mayor esfuerzo posible por establecer un hogar de paz, aunque esto requiera concesiones (ya que no son concesiones en Torá ni en mitzvot)..." 11 ,12
Sin duda, las relaciones de matrimonio rara vez son fáciles y fluidas. De hecho, son precisamente esas relaciones las que más nos cuestan y las que más estrés emocional y agitación nos causan, poniéndonos a prueba hasta el extremo.
Y esa es justamente la cuestión.
La verdadera bondad, que incluye la profundidad de carácter, la virtud y la nobleza, a menudo surge específicamente en respuesta a los desafíos que nos plantean las personas más cercanas a nosotros, lo que nos exige profundizar y aprovechar nuestra verdadera fortaleza y nuestro mayor potencial.
Levantando el velo
No hay ninguna relación en la Torá donde esta idea se ilustre mejor que en la relación entre Jacob y sus dos esposas, Lea y Raquel.
La Torá relata que Labán tenía dos hijas, Lea y Raquel. Jacob amaba a Raquel, su carácter y sus modales, y estaba tan enamorado de ella que se ofreció a trabajar (para su suegro) durante siete años para ganarse su mano. Al cabo de los siete años, en la noche de la boda, Labán sustituyó a Raquel por Lea, una traición que Jacob no descubrió hasta la mañana siguiente. Jacob aceptó su destino y permaneció con Lea, pero también se casó con Raquel, la novia que él había elegido, y la amó más que a Lea.
¿Por qué el matrimonio que constituyó los cimientos de la nación judía —el matrimonio que dio origen a las doce tribus de Israel y a todos los judíos desde entonces— tuvo que producirse de una forma tan enrevesada?
Según las interpretaciones jasídicas de la historia, los personajes bíblicos Lea y Raquel representan dos dimensiones que existen dentro de cada uno de nosotros y como tales ofrecen una lección para todos.
Raquel, la mujer hermosa, simboliza las características atractivas, encantadoras y deseables de las personas que amamos, y de nosotros mismos también.
Lea, cuyo nombre significa "cansancio" o "agotamiento", representa los aspectos desafiantes y quebrados en nuestros seres queridos y en nosotros mismos, convirtiéndose en un símbolo viviente de nuestras batallas psicológicas, morales y espirituales.
El segundo Rebe de Lubavitch, R. DovBer, conocido como Mitteler Rebbe, explica que Lea es mucho más profunda que Raquel.
Raquel representa el yo consciente y revelado, el yo que se proyecta, se manifiesta y se expresa hacia el exterior. Lea, por su parte, representa el yo inconsciente, los componentes sombríos de la identidad que se agitan bajo la superficie de nuestras experiencias conscientes.
De hecho, todos tenemos una "Raquel" y una "Lea": dentro de nosotros, en nuestros cónyuges, en nuestros hijos, en nuestros padres, hermanos y amigos, en toda nuestra vida y en nuestra relación con Di-s.
Raquel simboliza las dimensiones de tus seres queridos y de tu vida que comprendes fácilmente, aprecias y con las que conectas de forma natural.
Lea, por otra parte, representa los componentes de tu vida y de tus seres queridos que te desafían, los aspectos que te confrontan con la necesidad de desenterrar y abordar las formas en que amas, vives y te relacionas con el mundo, y las dimensiones de la identidad que se ocultan bajo la superficie y te sorprenden cuando surgen.
Es especialmente en nuestras relaciones más cercanas donde debemos aprender a abrazar, e incluso amar, los aspectos inesperados de las personas de nuestra vida, así como las sorpresas que perturban nuestra existencia, cuidadosamente organizada y cómoda. Debemos hacerlo, porque estos aspectos inesperados y difíciles contienen las chispas más preciosas para recoger y redimir. De hecho, los aspectos que más te frustran de ti mismo, de tu cónyuge, de tus hijos o de tus hermanos, podrían contener la clave de valiosos descubrimientos sobre ti mismo y sobre tu propósito en esta vida.
Por supuesto, existe una predecible tendencia a favorecer a Raquel y a desconfiar de Lea a medida que avanzamos en la vida.
Pero si perseveramos, probablemente descubriremos que los aspectos desafiantes de nuestra vida y de nuestros seres queridos son cual puertas de acceso para que seamos la persona que realmente somos capaces de ser.13 ,14 ,15 ,16
Al final, son las relaciones providenciales que más nos desafían las que mejor están a nuestro servicio y las que, finalmente, recordamos y miramos hacia atrás con orgullo, placer y propósito, porque fueron las que nos han obligado a profundizar más, a extraer nuestros conocimientos más preciados, a refinar nuestros mayores potenciales y a cumplir nuestra mayor vocación. 17
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