El Sr. Elliot Lasky, un buscador espiritual, se presentó ante el Rebe con una pregunta candente.

"En nuestras plegarias proclamamos: Escucha, Israel, Hashem es nuestro Di-s, Hashem es Uno. ¡Rebe, la declaración Hashem es Uno parece una afirmación universal. ¿Por qué, pues, la Torá destaca al pueblo de Israel? ¿Cómo podemos alegar que el Creador de todo es nuestro Di-s? ¿Acaso no hay un único Di-s para todos los pueblos, tanto seas judío, africano o indio?".

El Rebe respondió: "La esencia de un africano es ser quien verdaderamente es como africano; la esencia de un indio es ser quien verdaderamente es como indio. Y la esencia de un judío es estar ligado a Di-s a través de Su Torá y Sus mitzvot1

Aquí, el Rebe revela una clave esencial en nuestra búsqueda para descubrir nuestro propósito sagrado. Tus circunstancias de vida, como la familia, la comunidad, la tradición y el entorno en el que naciste, son parte intrínseca de tu identidad, tal como fue moldeada por Di-s. Naciste en una cuna de circunstancias destinadas a nutrirte para convertirte en la persona que estás destinado a ser, comenzando por la tradición espiritual en la que has nacido.

En contraste con este enfoque providencial de las propias raíces, las tradiciones religiosas han invertido durante milenios en incrementar su número y tratar de convertir a personas de otras tradiciones a la suya. En el corazón de estos esfuerzos está la satisfacción y la validación de atraer a otros a su mundo, así como el orgullo de haber concedido la salvación a miembros de una tradición diferente.

El enfoque judío es decididamente distinto. El judaísmo acoge a los conversos, pero no hace proselitismo.

Esto se debe a que el judaísmo no cree que haya que ser judío para hallar a Di-s, la iluminación espiritual, la salvación o para llevar una vida de rectitud. Desde la perspectiva judía, existen siete leyes transmitidas desde Noé que representan un código universal de moralidad; y siguiendo dichas leyes, todo ser humano puede vivir una vida de conformidad con Di-s.2 El judaísmo entiende que todo ser humano ha sido creado a imagen de Di-s, que cada uno tiene una misión que cumplir y que no es necesario ser judío para cumplir el propósito que Di-s nos ha encomendado.

Este fue el mensaje que recibió el renombrado investigador psicológico y profesor de Yale, Reuven Feuerstein, cuando se presentó ante el Rebe con un singular dilema moral y cultural.

Por aquel entonces, Feuerstein había estado trabajando con la tribu navajo en el desarrollo de programas de ayuda para la preservación de sus conocimientos culturales tribales a través de las generaciones. En el proceso de aprendizaje sobre el simbolismo y los iconos de culto de la tribu, a Feurstein le surgió la pregunta: como judío observante, ¿debería participar en entrenar a los navajos a transmitir su mitología? Después de semanas debatiéndose en el cuestionamiento, el Prof. Feuerstein decidió buscar el consejo del Rebe y recibió la siguiente respuesta:

“[Siempre y cuando no se les facilite la idolatría], es nuestro deber como pueblo judío fortalecer y animar a otras culturas a cumplir con las Sheva Mitzvot Bnei Noaj (las Siete Leyes Noájidas/Universales). Es un deber de suma importancia. Ellos (y todos) deben ser aquello para lo cual fueron creados… (por consiguiente) es nuestro deber enseñarles esas siete leyes”.

Dejar espacio para que cada uno sea quien Di-s lo hizo ser es una de las razones por las que la sabiduría judía prohíbe el proselitismo y rechaza tres veces a quienes solicitan convertirse, para garantizar que se comprenda y se honre el tremendo compromiso de la conversión y que no se eluda el plan de Di-s para el aspirante a converso en pos de una tradición que no forma parte de su proyecto divino. 3

Por ejemplo: Una vez, una buscadora espiritual no judía, que estaba considerando convertirse al judaísmo, compartió su interés con el Rebe y le pidió consejo sobre si debía proceder.

El Rebe le respondió que ella ya era buena así como era y no necesitaba convertirse para encontrar significado y propósito en la vida, pues Di-s ya le había conferido un propósito. El Rebe concluyó animándola a seguir adelante en su tradición actual, viviendo una vida con sentido según el plan único de Di-s para ella, y recordándole las Siete Leyes Noájidas destinadas a todos los pueblos de la tierra. 4

En otra ocasión, cuando se le acercó una joven no judía insistiendo en convertirse, a pesar de la fuerte oposición de sus padres, respondió:

"¿Por qué te involucrarías en una ruptura tan profunda y emocionalmente tensa con tus padres y con tus amigos de la infancia, para asumir el yugo de la Torá y las mitzvot, [lo cual impactaría] sobre cada paso de tu vida, algo que no estás obligada a hacer en tu situación actual? [En cambio,] observa debidamente las Siete Leyes Noájidas, sé amable con los demás y reconcíliate con tus padres.”5

En situaciones como estas, el Rebe, a menudo, animaba a la gente a reconsiderar su voluntad de cambiar de identidad espiritual y de tradición, recordándoles que su principal responsabilidad es para con Di-s, y que honrar esa responsabilidad suele ser más efectivo explorando la propia tradición innata.

Como pez en el agua

Frecuentemente el Rebe era abordado por judíos que habían llegado a dudar de la primacía de su propia herencia espiritual y se preguntaban si podrían hallar mayor belleza y profundidad en otras tradiciones.

Su respuesta fue sencilla: Ser judío es un honor y un don, y representa la fuente más natural de vitalidad y alimento para el alma judía. El Rebe consideraba que el alma judía se encuentra más saludable y plena cuando está en sintonía la Torá.

"...La paz interior y la armonía de un judío están estrechamente asociadas con una vida judía en toda su plenitud, porque, como dicen nuestros Sabios, la judeidad para un judío es lo que el agua es para un pez. Y así como un pez no puede sentirse feliz y contento cuando sale de su elemento natural, lo mismo sucede con un judío que, por una razón u otra, descuida el modo de vida judío apropiado." 6 ,7

En una carta que escribió a un joven que había abandonado la práctica del judaísmo, el Rebe aclara aún más este punto:

“Debo discrepar con lo que usted llama al final de su carta ‘mi judaísmo perdido’. La expresión ‘perdido’ no encaja en este contexto, pues nadie puede perder lo que constituye su verdadera esencia y naturaleza interior”.8

Una vez más, el Rebe nos recuerda que nuestro compromiso con nosotros mismos y con nuestro propio crecimiento personal comienza por honrar la tradición que Di-s nos ha dado. No importa el valor que se encuentre en la belleza de otras culturas y tradiciones, nuestro propósito está ligado a la tradición en la que nacimos, y ése debe ser el primer lugar al que vayamos a buscarlo, no importa cuán desafiante sea.

Este fue el caso de una chica judía que, a instancias de sus padres fue a un iejidut (reunión) con el Rebe. A su llegada declaró su creencia de que nadie tiene derecho a imponer a otro una determinada visión del mundo.

El Rebe escuchó y luego preguntó amablemente: "¿Por qué has venido aquí?".

"Porque me trajeron aquí", respondió.

"¿Pero no decías que no se debe seguir las directivas de los demás?", sondeó el Rebe.

Con esa pregunta, la joven suavizó su tono. Luego preguntó al Rebe su opinión sobre si viajar a la India para familiarizarse con el modo de vida de otros pueblos, o quedarse en los Estados Unidos y continuar sus estudios.

"Si sigues mi consejo", le dijo el Rebe, "quédate aquí. En la India aprenderás sobre el estilo de vida de otros; aquí, aprenderás sobre el tuyo".

Conmovida por las palabras del Rebe, decidió quedarse en Nueva York y, con el tiempo, formó una hermosa familia jasídica. 9

Suelo nativo, alma nativa

En particular, el Rebe alentaba a los judíos de diferentes orígenes que acudían a él en busca de orientación a profundizar su conexión con su propia variante específica de tradición, costumbre, cultura y herencia judías. Sería fácil suponer que, como Rebe jasídico profundamente comprometido con el enfoque de Jabad sobre el judaísmo, el Rebe aprovecharía toda oportunidad para animar, a quienes estuvieran dispuestos, a adoptar la línea de Jabad. Pero quizás, en sentido opuesto a la intuición, el Rebe alentaba a las personas a conservar sus ricas y propias costumbres judías en lugar de cambiarlas por las formas particulares de Jabad.

Un ejemplo entre muchos se encuentra en la historia de Moshe Rappaport, descendiente de grandes rabinos jasídicos de Polonia, que se acercó al Rebe con un dilema sobre las tradiciones de las plegarias. Entonces con tan solo dieciocho años, Moshe se había enamorado de las costumbres de plegaria propias de Jabad, a pesar de haber nacido en la tradición de Radomsk. Su fascinación por Jabad y su deseo de comenzar a rezar según tal costumbre se encontraron con la férrea oposición de su padre, quien era un fiel seguidor de las tradiciones de su dinastía jasídica de origen.

El Rebe le respondió: "Dado que las costumbres de tu familia también se basan en las enseñanzas del Arizal [R. Itzjak Luria, el célebre cabalista del siglo XVI], es aconsejable que sigas manteniéndolas y que ores según el nusaj (costumbre) sefardí.10

El joven hizo como el Rebe le indicó y prosiguió orando a la manera de su padre y de su tradición.11

El Rebe impartió consejos similares a todos los individuos de todas las tradiciones y costumbres imaginables, recordándoles que honrasen la profunda santidad de su forma específica de ser judíos, entre las muchas maneras de serlo. De hecho, advertía que los intentos de eliminar la diversidad eran desaconsejables, aun en nombre de la paz y del sentido de comunidad.

La defensa del Rebe por honrar la propia tradición se extendió por todo el mundo y se convirtió en parte de un esfuerzo multidimensional, de toda la vida, para ayudar a las personas de todas las tradiciones judías a preservar y prosperar en el suelo nativo en el que Di-s los había implantado para que hiciesen germinar su propósito en la vida de la manera más productiva.

Por ejemplo, R. Avraham Alashvili cuenta que cuando su padre, R. Rafael Alashvili, emigró de su Georgia natal a Israel, pasó por Nueva York en busca de la orientación del Rebe sobre cómo adaptarse a su nueva vida en Tierra Santa.

Durante esa audiencia, el Rebe pidió al anciano R. Alashvili que describiera el Shabat en el pueblo de Kulashi, de donde él provenía. Comenzando con los preparativos del viernes por la tarde y por la noche, describió en detalle las prácticas propias y preciosas en su comunidad, señalando que en Georgia, el espíritu del Shabat colma el día completo, al punto de que no queda tiempo para nada más.

Cuando el Rebe lo oyó, dijo: "Ojalá nuestro Shabat fuera así".

El Rebe expresó su satisfacción y admiración de que un grupo de judíos soviéticos, aislados del resto del mundo judío, fueran tan apasionados y diligentes en mantener vivo el judaísmo, a pesar de las dificultades que ello implicaba. El anciano R. Alashvili preguntó entonces al Rebe si debía utilizar los libros de oraciones de Jabad y adoptar las costumbres de Jabad, o si debía mantener vivas sus tradiciones georgianas y continuar con las costumbres del lugar que consideraba su hogar.

El Rebe respondió: "Si ustedes, los rabinos, cambiasen las costumbres, la gente podría pensar que esas tradiciones carecen de valor y lo abandonarían todo. Tendría un impacto negativo. Quizás ustedes lo vean como algo positivo, pero ellos podrían perderlo todo. Continúe con su tradición y continúe rezando del libro de plegarias de su propia tradición, para que también su comunidad conserve todas esas tradiciones. No altere nada”.12

No importa dónde hayas nacido, no importa lo que hayas venido a hacer a esta tierra, tu camino comienza en casa y emerge de la tradición en la que naciste, la cual ya te ha moldeado de innumerables e imperceptibles maneras. Si tú, como tantos hoy, sientes un profundo deseo de expandir tus horizontes espirituales, considera adentrarte aun más en la tradición que Di-s eligió como parte de tu diseño Divino. Son muchos los caminos gloriosos, exóticos y hermosos hacia Di-s, pero el camino que recorrieron tus antepasados es precioso. A pesar de la novedad y la atracción de la abundancia de opciones actuales, no hay sustituto para las raíces profundas, la herencia sagrada y el sentido de pertenencia cuando buscas tu lugar y te esfuerzas por cumplir tu especial propósito en el mundo.