El designio providencial de nuestras luchas personales no se encuentra únicamente en los desafíos externos. De hecho, algunos de nuestros mayores desafíos se originan en nuestro interior. Entre estos desafíos internos destacan nuestros arraigados y persistentes vicios y defectos: ira, lujuria, avaricia, arrogancia e indiferencia, por nombrar algunos. En contraposición a la intuición, nuestros Sabios nos indican que nuestros vicios innatos son también invitaciones que sirven cual señales críticas que nos dirigen hacia nuestra misión en la vida.
Frente a un enfoque estrictamente pragmático, que sugeriría eludir las áreas de la personalidad con las que más luchamos, las enseñanzas místicas del judaísmo transmiten que parte de nuestro propósito sagrado en la vida es afrontar, canalizar y redimir nuestros vicios naturales, defectos de carácter y las partes difíciles o "fragmentadas" de nuestra personalidad.
Basándose en la creencia de que "Di-s no crea nada superfluo",1 una y otra vez, el Rebe insistió en que cada parte de nosotros puede ser aprovechada al servicio de Di-s y de la humanidad. De hecho, incluso los aspectos aparentemente indeseables de nuestra personalidad —incluyendo nuestras sombras, no sólo nuestra luz— tienen potencial para la elevación. Por ello, en lugar de ver nuestros defectos de carácter como maldiciones que debemos eliminar o evitar, se nos enseña a verlos como regalos de Di-s que aguardan ser “desempacados” y aprovechados.
Paradójicamente, son nuestras sombras las que representan algunos de los instrumentos más poderosos de nuestro arsenal personal para traer nuestra luz individual al mundo y cumplir nuestro propósito en la vida.
En palabras del Rebe en Hayom Yom: "Cada alma tiene su propio servicio Divino [designado] en el reino del intelecto y la emoción, cada uno de acuerdo con su naturaleza y disposición. Expone el versículo: Hazme sabio de mis enemigos, lo cual significa que de las inclinaciones negativas que uno percibe en sus propios rasgos de carácter no desarrollados, puede obtener sabiduría y entender cómo abordar su trabajo de autorefinamiento y cómo aprovechar sus fortalezas personales al servicio de Di-s." 2 ,3 ,4
Las siguientes historias demuestran la persistente aplicación de este principio por parte del Rebe.
Un Jasid comentó una vez al Rebe que su conducta recta estaba a menudo motivada por preocupaciones sobre su imagen pública.
“A menudo me consumen los pensamientos de lo que otros dirán o pensarán de mí”, dijo.
El Rebe respondió:
"No es una mala manera de pensar, si lo utilizas como motivador. La próxima vez que dudes sobre si quedarte más tiempo estudiando, piensa: '¿Qué dirá la gente de mí?' y ello te impulsará a prolongar tu tiempo de estudio.”5
En un mundo ideal, nuestra conducta positiva estaría motivada por nuestros valores y no por el modo en que nos perciban los demás. Sin embargo, si utilizamos nuestras intenciones innobles como combustible, podemos —aplicando el ejemplo anterior— aprovechar nuestra aparentemente sed superficial de status y atención para impulsarnos más allá de donde podríamos haber llegado basándonos exclusivamente en nuestras motivaciones "puras". A este proceso podríamos llamarlo compostaje espiritual: procesar nuestros desechos psíquicos y ponerlos a trabajar con fines productivos.
En otro caso, un hombre preguntó al Rebe: "¿Qué debo hacer para deshacerme de mi ego inflado?".
"¿Por qué deberías deshacerte de él?", respondió el Rebe. "¿Por qué no te pones a la altura de tus grandes expectativas? ¡Sé la persona increíble que crees ser!"
Tradicionalmente, el pensamiento jasídico enfatiza y valora el bitul, despojarse del ego o el yo arrogante. De hecho, los maestros jasídicos suelen considerar que el yeshut, el fuerte sentido de individualidad basado en una percepción distorsionada de la propia importancia, es la némesis de la santidad.
Sin embargo, según el Rebe, también el ego puede ser canalizado hacia la santidad; de hecho, debe ser utilizado correctamente. Desde esta perspectiva, el ego no es inherentemente negativo. Al contrario, si se integra en una estructura espiritual más amplia, puede desempeñar un papel catalizador en la realización de nuestro propósito en la vida, brindándonos la confianza y la fuerza interior necesarias para alcanzar nuestro mejor yo.
Otro ejemplo lo hallamos en la historia de un jasid que vivía en Londres y cuyo hijo Yaakov era melancólico por naturaleza. Yaakov era retraído y no parecía entusiasmarse por nada.
"¿Qué puedo hacer para cambiar la naturaleza de mi hijo?", preguntó el angustiado padre al Rebe.
El Rebe respondió: "No es necesario cambiar la naturaleza de tu hijo. Más bien, él puede utilizar esta parte de su personalidad hacia fines positivos, por ejemplo como ayuda para avanzar en sus estudios."
"La introversión es buena para el estudio concentrado y la contemplación", explicó el Rebe, añadiendo que la inclinación al juicio crítico es beneficiosa para el autoperfeccionamiento y, en términos más generales, para identificar las carencias y articular lo necesario para el progreso. 6
Equivocaciones sagradas
De la misma manera que todos los aspectos de la personalidad pueden ser canalizados y elevados, el Rebe insistió en que todos los aspectos de nuestra experiencia vital —aun nuestras malas acciones— son parte esencial de la historia de nuestra vida y pueden ser aprovechados y utilizados para un bien mayor.
Este fue el mensaje empoderador que compartió el Rebe con un grupo de reclusos judíos que acudieron a visitarle. El encuentro fue organizado por R. Sholom Ber Lipskar, quien, inspirado por las enseñanzas del Rebe, fundó una organización, llamada Aleph, de apoyo espiritual y moral a los detenidos judíos y sus familias.
R. Lipskar compartió7 que durante su encuentro con el Rebe, "el Rebe habló sobre el concepto ‘cárcel’ y sobre el hecho de que los hombres y mujeres en prisión tienen una misión divina extraordinaria; de lo contrario Di-s no los hubiera puesto en una situación de 'exilio dentro del exilio'8 ... [El Rebe luego] habló sobre las oportunidades y la misión [únicas] de estos hombres.9
En pocas palabras, si bien es cierto que la causa del encarcelamiento de estas personas está relacionada con los delitos que hayan cometido, la razón por la que se encuentran en prisión es que sus almas fueron elegidas por el Cielo y enviadas a un lugar de exilio y oscuridad existencial con el propósito de llevar la luz divina a aquel lugar de desesperanza y desesperación.
Aquí, en este enfoque radicalmente redentor, el Rebe afirma que incluso nuestros errores y malas decisiones pueden ser vistos como indicadores Divinos e invitaciones destinadas a ayudarnos a cumplir nuestro propósito Divino único.
Rendimiento inesperado
De hecho, el Rebe vio el mismo potencial incluso en las acciones más inesperados —el pecado y la transgresión— reconociendo el poder explosivo para el retorno y la renovación incrustado en nuestras faltas espirituales y morales.
Siempre enraizando sus enseñanzas en textos judaicos clásicos, el Rebe citaba a menudo la enseñanza talmúdica10 de que a través de la teshuvá adecuada, aun los pecados pueden transformarse en méritos y mitzvot. Al igual que la velocidad que se crea al tensar hacia atrás una honda, la distancia espiritual y el consiguiente anhelo causado por el pecado se convierte en la fuerza que nos impulsa poderosamente hacia un mayor compromiso con nuestra alma y propósito espiritual.
Un hermoso ejemplo de esta dinámica redentora se encuentra en el caso de una mujer que se volvió religiosa en edad adulta. Como estudiante, la mujer había pasado muchos años en el Lejano Oriente participando en diversas prácticas espirituales, incluyendo diferentes formas de idolatría. Cuando se animó a retornar al judaísmo, sintió un inmenso remordimiento, lamentando la degradación de su alma producida mientras buscaba la verdad y el sentido espiritual.
Escribiendo al Rebe, le contó su historia y recibió una sincera respuesta, haciendo referencia a una enseñanza de los Sabios: "Si alguien dice: 'He trabajado y no lo he hallado’, no le creas. Si dice: 'Lo he hallado sin haber trabajado’, no les creas. Si dice: 'He trabajado (iagati) y lo he hallado (matzati)', créele.”11
El Rebe concluyó:
"Dado que el yagati definitivamente se ha cumplido, ciertamente la promesa del matzati también se ha cumplido”.12
Con esta perspectiva que le cambió la vida, el Rebe replanteó el tiempo y la energía que la mujer pasó en la India como parte integral del "trabajo" espiritual que finalmente la llevó a "hallar" la verdad del judaísmo.
Antes de su encuentro con el Rebe, esta mujer veía aquel período errático de su vida como un capítulo perdido e irredimible que había corroído su alma y comprometido su propósito divino. Pero desde la perspectiva del Rebe, la desacertada aunque ferviente búsqueda de la verdad por parte de esta mujer fue lo que finalmente la condujo a abrazar con sinceridad el judaísmo. Sin su profundo afán por la verdad espiritual, por mal encaminado que inicialmente estuviera, bien podría haber vivido una vida de mediocridad y complacencia espiritual, y podría haber permanecido por siempre desconectada de Di-s, de su pueblo y de su herencia. De este modo, el rodeo idolátrico que recorrió la condujo finalmente al camino de un compromiso profundo y auténtico con el judaísmo. Fue, como el Rebe enfatizó, yagati, una lucha esencial para el descubrimiento y cumplimiento de su propósito de vida.
Aquí vemos cómo cada aspecto de nuestras experiencias de vida, incluidas las luchas yagati más dolorosas e inquietantes, pueden convertirse en partes integrantes de nuestro viaje: etapas de desarrollo necesarias en el camino hacia el cumplimiento del propósito de nuestra vida.
Lecciones aprendidas con dureza
Además del poderoso impulso generado por el desvío y el aislamiento espirituales, las duras lecciones tomadas de la experiencia y la comprensión de un pasado pecaminoso, podemos utilizarlas para ayudar a otros, en su camino, a evitar los abismos morales en los que nosotros hemos caído.
En la siguiente historia, el Rebe compartió esta visión redentora con R. Betzalel Kinn, un baal teshuvá (retornante) que se sentía inseguro por su inobservancia del pasado y se consideraba indigno de ser un modelo a emular y un maestro.
"No me siento lo bastante recto como para enseñar a niños judíos", dijo Betzalel tímidamente, antes de que el Rebe empezara a reír con los ojos brillantes.
"Si esperas a ser perfecto, tardarás mucho. Así que ponte a ello. Si no cumples tu misión en este mundo, cuando venga el Mashíaj te preguntará por qué no has hecho aquello para lo cual has sido enviado a la vida. No pongas excusas. Sigue adelante", respondió el Rebe, concluyendo con el siguiente consejo: "Puesto que has caído en un lodazal y has sobrevivido, guiarás a otros a través del lodazal con un farol en una mano y señalando los peldaños con la otra. Los llevarás a buen puerto. Ese es tu trabajo". 13 ,14
Desde la perspectiva del Rebe, los errores del pasado de este hombre no fueron en contra de su propósito. Más bien, le sirvieron cual lecciones esenciales que le permitirían ayudar a otros a navegar con seguridad sus propios caminos. De esta manera, no sólo era apto, sino estaba en una posición poderosa y única para descollar en su rol de maestro.
De acuerdo con la forma redentora de ver el mundo del Rebe, nuestros vicios, defectos de carácter, malas acciones y transgresiones no son sólo desventuras desafortunadas y cargas que debemos evitar y lamentar, sino son también señales Divinas a nuestra medida, colocadas en nuestro camino por Di-s para ayudarnos a llegar a los lugares más precisos en los nos espera nuestro propósito único.
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