Uno de los textos más transformadores y perdurables de la espiritualidad judía es el Tania, de la pluma del padre del movimiento jasídico Jabad, R. Schneur Zalman, conocido como Alter Rebe. Tras alcanzar gran renombre, se vio tan sobrepasado de personas en procura de su consejo que decidió escribir un libro que articulase el enfoque del judaísmo con las diversas luchas humanas más universales y predominantes. En su introducción, describe el propósito de esta obra sagrada como reemplazo de la necesidad de audiencias privadas, cara a cara. De este modo, el Tania fue esencialmente el primer libro judío de autoayuda jamás escrito.
En el capítulo 27, el Alter Rebe se dirige al buscador espiritual, que en su permanente lucha por alcanzar la rectitud se encuentra en medio de implacables tentaciones y maquinaciones de su inclinación negativa interior.
En su desesperación, este proverbial luchador espiritual, el beinoni del Tania, se lamenta desconsolado: "Me siento como si estuviera constantemente flotando: mucho movimiento pero ningún progreso".
El Alter Rebe ofrece el siguiente consejo edificante: "Uno no debe sentirse deprimido ni angustiado, aun si se ve envuelto en esta lucha durante toda su vida".
A continuación, ofrece quizá las tres palabras más radicales del Tania:
“Ulai lekaj nivrá”.1
Es decir: “Quizá para eso (para esa eterna lucha) hayas sido creado”.
En pocas palabras, aquí aprendemos que la espiritualidad judía ve la lucha por sí misma como parte de nuestro propósito en la vida.
Esta profunda enseñanza revoluciona nuestra comprensión de los numerosos desafíos de la vida. En ella aprendemos que las luchas de la vida, tanto internas como externas, no son imposiciones que deban evitarse o resolverse. Más bien, cada desafío es una oportunidad providencial para extraer y transmutar la luz oculta incluso en las circunstancias más difíciles.
Como lo expresó un pensador jasídico contemporáneo:
“Algunos piensan que la vida consiste en hacer el bien y alejarse del mal. Para ellos, la lucha no tiene un propósito en sí mismo: haber luchado es haber fracasado. El éxito, imaginan, es un dulce caramelo sin rastro de amargura.
”Están equivocados, terriblemente equivocados. La lucha es una oportunidad única para alcanzar lo absoluto, cuando la oscuridad misma se convierte en luz. En medio de la lucha se despierta una luz interior, una luz lo suficientemente profunda como para abrumar la oscuridad, encerrarla y vencerla”.2
Fracaso épico
La historia de la primera lucha de la humanidad, relatada en la Torá, representa posiblemente la tragedia de mayor alcance de todos los tiempos. La incapacidad de Adán y Eva para obedecer el mandato Divino de abstenerse de comer el fruto prohibido y la consecuente expulsión del Jardín del Edén, se consideran generalmente la raíz de la eterna lucha de la humanidad contra la tentación.
Durante una alocución de Simjat Torá en 1963, el Rebe explicó el significado más profundo que encierra esta historia esencial, que hasta entonces había quedado en las penumbras por las interpretaciones predominantes.
Según el Rebe, la prueba de Adán fue la prueba arquetípica de la condición humana, y el Jardín del Edén fue el campo de pruebas de la humanidad.
¿Obedecerían los primeros seres humanos el primerísimo mandamiento divino?
Dada la importancia de dichas condiciones primordiales, cada movimiento de Adán repercutiría y marcaría el curso de la historia humana a partir de ese mismo momento.
Lo que estaba en juego no podía ser mayor.
Según la interpretación del Rebe, fue precisamente debido a la enorme responsabilidad de Adán que la serpiente, símbolo de la inclinación humana a desobedecer lo Divino, concentró todas sus fuerzas y ejerció tanto poder para sabotear su objetivo.
Desde esta perspectiva, la historia de la lucha de Adán con la serpiente nos enseña que cuanta más resistencia hallemos al enfrentarnos a un desafío particular al hacer algo noble, más esencial será superarlo en aras del cumplimiento de nuestro propósito en la vida.
El Rebe concluyó la alocución con el siguiente concepto:
"Lo mismo ocurre en nuestras propias vidas. Un asunto espiritual o moral que, objetivamente, debería ser sencillo de llevar a cabo para alguien en particular —y que, de hecho, es sencillo y fácil de llevar a cabo para los demás— resulta increíblemente difícil de realizar para esa persona. Precisamente por ser crucial para su misión individual en la vida lograr este objetivo, las dificultades y los desafíos que enfrenta son proporcionalmente inmensos”.
En lugar de desanimarnos, la magnitud de nuestros desafíos en la vida debería servir como indicador de la importancia de persistir en nuestros esfuerzos, y debería apaciguarnos en la certeza de que, si se nos ha presentado semejante desafío es porque (de lo Alto) nos han concedido los recursos y la fortaleza para superarlo.3
Esta poderosa enseñanza destaca un aspecto esencial del principio de la Providencia Divina específica. Es decir, y tal vez de manera opuesta a la intuición, cuanto más difícil sea tu lucha, más esencial es esa lucha en la misión de tu vida.
Cuanto más grandes, más fuerte llaman
El Rebe veía la oposición y los desafíos en el camino de la rectitud como indicadores inequívocos de estar en el camino correcto; llegando incluso a afirmar que cuanta más oposición uno encuentra al hacer algo positivo, más seguro debe estar de que tal esfuerzo desafiante está conectado con el propósito de su vida.
Por ejemplo, en 1968, tras iniciar una campaña en la que alentaba a los hombres judíos a usar tefilín,4 recibió duras críticas de cierto rabino de otra corte jasídica. Más tarde comentó que la reacción negativa le resultó reconfortante, ya que históricamente, siempre que surgía un movimiento meritorio dentro del judaísmo, la oposición provenía no solo de la inclinación negativa, sino también de los círculos religiosos.
El Rebe compartió la misma perspectiva con R. Menajem Hacohen después de que este fuera elegido para la Knesset (Parlamento israelí) en los años ‘70 y experimentara una severa oposición de ciertas agrupaciones políticas por no seguir la línea del partido. Cuando los ataques alcanzaron su punto álgido, Menajem se presentó ante el Rebe y le dijo que estaba pensando en retirarse debido a la intensidad creciente de los ataques personales.
"Quizás, simplemente, abandone todo esto. ¿Para qué lo necesito?", planteó.
"Lo que estás haciendo es bueno, no debes detenerte. Y no debes temer a nadie", respondió el Rebe, añadiendo: "El movimiento jasídico se ha fortalecido, justamente por tener oponentes. Cuando una persona ya no tiene oponentes necesita examinarse, tal vez no esté haciendo lo que se supone que debe hacer.”5
Esa misma reflexión ayudó a fortalecer al Rabino y (su esposa) la Rebetzin Binjamini, que habían sido enviados en reiteradas ocasiones a reactivar y establecer escuelas judías por todo Brasil, debiendo enfrentar cada vez mayor oposición de parte de las comunidades locales.
"¿Por qué es todo tan difícil?", preguntó una vez la Rebetzin al Rebe.
El Rebe respondió: "Siendo que estás luchando contra la asimilación, las fuerzas de la negatividad intentan contraatacar. Es como una vela; justo antes de apagarse de repente la llama empieza a chisporrotear y saltar. No es motivo de desánimo, sino de esfuerzo adicional.”6
Una posición envidiable
Sea cual fuese la naturaleza de la lucha, interna o externa, perpetua o pasajera, física o espiritual, Di-s nos proporciona las habilidades, herramientas y fuerzas necesarias para ayudarnos a superarla.
Un hermoso ejemplo de esta perspectiva empoderadora podemos hallarlo en la historia de un judío tradicional que se encontraba en una relación desalentada por la Torá. Cierta vez, al encontrarse ante el Rebe, le explicó que deseaba desesperadamente vivir alineado con la Torá y la voluntad de Di-s, pero que tenía poderosas inclinaciones que persistentemente lo llevaban por el mal camino.
Después de describir su situación, el hombre guardó silencio y se preparó para la amonestación, esperando una inequívoca respuesta de cuán gravemente había faltado a los mandamientos Divinos.
El Rebe guardó silencio un momento y finalmente, en voz baja, dijo: "Te envidio".
Sorprendido y confuso, el joven no supo qué pensar de la respuesta del Rebe.
El Rebe le explicó:
"Hay muchas escaleras en la vida; cada persona tiene la suya. Las escaleras se presentan como los desafíos de la vida y las decisiones difíciles. Las pruebas a las que te enfrentas son las escaleras que te elevan a las mayores alturas: cuanto mayor es el reto, más alta es la escalera. Di-s te ha dado esta difícil prueba porque Él cree que puedes superarla, y te ha dotado de la habilidad para hacerlo. Sólo a los más fuertes les presentan (de lo Alto) una escalera tan desafiante como la tuya. ¿Ves, entonces, por qué te envidio?7
¿Por qué yo?
Cada uno de nosotros tiene su propia escalera que subir. Sus numerosos peldaños son los obstáculos personales de moralidad y circunstancias que debemos superar para alcanzar nuestro máximo potencial y lograr nuestro verdadero propósito. Desde este punto de vista, los desafíos de la vida se convierten en peldaños a ascender en vez de obstáculos a evitar, colocados providencialmente en nuestro camino para ayudarnos a alcanzar nuestras mayores alturas espirituales.
Al superar los retos que aguardan en el camino hacia nuestro propósito, liberamos una fuerza interior y manifestamos capacidades que una vida facilista y de privilegios nunca podría impartir ni invocar.
"Toda flor debe crecer en la tierra", dice el refrán.
Esta perspectiva surge de la conciencia inalterable del Rebe de que la Divinidad impregna todos los aspectos de la existencia. Incluso las circunstancias más difíciles y los desafíos personales están impregnados de chispas Divinas que esperan ser liberadas. Para el Rebe, ninguna lucha es meramente una carga. De hecho, el Rebe creía que los mayores desafíos ocultan la mayor luz y los abismos más profundos albergan a su vez las mayores recompensas espirituales.
Un ejemplo impresionante de esta verdad espiritual lo hallamos en el intercambio del Rebe con un joven que sufría de insoportables desafíos espirituales personales.
Escribió una carta al Rebe, haciendo una simple pregunta: "¿Por qué yo?"
El Rebe respondió:
"No lo sabemos. Los misterios de los viajes de las personas están más allá de nuestra comprensión humana finita”. 8
El Rebe ofreció entonces una visión revitalizadora: "Una observación que puede sugerirse... Si alguien experimenta una situación particularmente difícil o angustiante, puede suponerse que Hashem le ha dado poderes extraordinarios para superar semejante extraordinaria dificultad. El individuo en cuestión, probablemente, no sea consciente de su verdadera fuerza interior; por lo tanto, el desafío puede estar diseñado con el único propósito de sacar a luz esa fuerza oculta en el individuo, fuerza que, una vez superado el obstáculo, queda añadida al arsenal de las capacidades reveladas de la persona, a fin de ser utilizada para logros infinitamente mayores, en beneficio propio y de los demás."
En pocas palabras, a veces una persona posee una increíble luz interior que puede cambiar el mundo. No hay forma de que esta persona descubra ese poder oculto en su interior y lo haga suyo sin verse obligada a superar algún reto importante.
A menudo, nosotros mismos desconocemos el poder inherente y el verdadero potencial de nuestras almas. Solo cuando la adversidad nos obliga a profundizar y encontrar nuestras mayores fortalezas, nos empoderamos para cambiar el mundo. Así, nos vemos impulsados a viajar a un lugar inexplorado dentro de nosotros mismos, que de otro modo habría permanecido sin descubrir. En ese proceso liberamos el verdadero poder y la luz del alma, que, al integrarse, puede iluminar nuestras vidas y nuestro mundo de maneras increíblemente poderosas.
Donde otros podrían haber mirado al joven con desdén o lástima, el Rebe vio a alguien agraciado con una tremenda fuerza espiritual, evidenciada por las mismas luchas que hicieron que otros dudaran de su santidad inherente. Donde otros vieron una tragedia moral, el Rebe vio una oportunidad para alcanzar alturas espirituales incomparables. El joven no estaba paralizado por una crisis de virtud; había sido enviado como emisario a la oscuridad más profunda porque su potencial para irradiar la luz de Di-s era de una magnitud mayor.
De hecho, habría sido fácil para Di-s despejarnos el camino, permitiéndonos avanzar sin esfuerzo por la senda de nuestra vida. Pero en Su infinita sabiduría y benevolencia, Di-s lo orquestó todo para que cada uno de nosotros halle los obstáculos que invocasen nuestro mayor potencial.
De este modo, las batallas cuesta arriba de nuestra vida se convierten en caminos en espiral que nos llevan cada vez más alto y más cerca de Di-s y al cumplimiento de nuestro más sublime propósito.
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