Tras sobrevivir al asesinato de su familia a manos de los nazis, luchar por Rusia en la Segunda Guerra Mundial, quince años de encarcelamiento en un campo de trabajo soviético por ayudar a su familia a huir de la Unión Soviética y, por último, emigrar a los Estados Unidos, el talentoso pintor Janoj Hendel Lieberman llegó a París, donde finalmente se estableció en el seno de la creciente comunidad Lubavitch.
Por aquel entonces, el sexto Rebe de Lubavitch, R. Iosef Itzjak Schneersohn, residía en Nueva York. En busca de consejo, Lieberman le escribió desde el otro lado del Atlántico, pidiéndole ayuda para reconciliar las dos cosas de su vida que aún tenían sentido —su arte y su religión— y que a menudo sentía que estaban reñidas.
R. Iosef Itzjak, comprendiendo de inmediato las necesidades del atribulado artista, respondió con su propia perspectiva espiritual sobre las artes.
Tal como la mayoría de las personas llamadas a la vida creativa, escribió, Lieberman necesitaba la oportunidad de rehacer el mundo desde su perspectiva única. Explicó que, para el verdadero jasid, todos los aspectos de la vida deben integrarse en un todo armonioso, y que la forma en que cada judío se acerca y comprende a Di-s es única, tal como el camino propio de cada artista es único.
Gracias a esta conmovedora respuesta, Lieberman sintió que la tensión entre su impulso artístico y su forma de vida jasídica se disolvía, y comenzó nuevamente a pintar, con una dedicación inigualable, empleando los aspectos ahora armonizados del arte y el espíritu dando inicio así a una nueva visión de su obra. París, mientras tanto, resultó ser el lugar perfecto para alimentar su renovada inspiración.
Con el paso de los años, los traumáticos recuerdos de la guerra y las inimaginables pérdidas personales volvieron a atormentar al artista, y con esos recuerdos volvieron las dudas sobre si la pintura era una vocación apropiada para un Jasid. Para entonces, R. Iosef Itzjak había fallecido, así que escribió al Rebe, que desde entonces había asumido el liderazgo de Jabad, en busca de orientación.
El Rebe respondió recordándole que el artista desempeña un papel singularmente sagrado en la creación, y que su propósito en la vida es revelar las dimensiones interiores del mundo a través de la lente de su particular visión como artista. De este modo, el artista facilita un tipo especial de redención y tikún (rectificación), revelando la belleza en cosas que la mayoría de la gente da por sentadas y elevando así las chispas ocultas en el tema de cada obra.
El Rebe escribió:
"Nuestra misión en la vida —basada en la fe absoluta de que no hay nadie más fuera de Él— es que todo en la vida debemos abordarlo desde esta perspectiva. Que cada uno se esfuerce por revelar, en la medida de lo posible, la esencia Divina en todo y minimizar, en la medida de lo posible, el ocultamiento (de dicha esencia Divina) por las externalidades de lo terrenal.”1
Animado por la respuesta del Rebe, Lieberman se trasladó a la creciente comunidad jasídica de Crown Heights, Brooklyn. Allí se sintió muy reconfortado por la comprensión religiosa que le proporcionaba el jasidismo. Ahora, que vivía en cercanía del Rebe, prosperó aún más. Estaba encantado de ocupar una posición de honor detrás del Rebe en las plegarias y farbrenguens. El artista pronto se convirtió en una figura importante en la comunidad Jabad-Lubavitch, y llegó a disfrutar de gran éxito y reconocimiento por su talento.
Años más tarde, mientras reflexionaba sobre su carrera, Lieberman citó el mensaje del Rebe que le cambió la vida y le puso en su camino:
"Cada persona en este mundo tiene asignada una tarea. Tú tienes un talento... úsalo. Es cierto que, antiguamente, la pintura no se consideraba un medio aceptable para lograr este objetivo [llevar a las personas hacia la fe]. Hoy sí lo es. Es tu camino.”2
En consonancia con la premisa de que el primer lugar donde debemos buscar nuestra misión personal en este mundo es en nuestra propia composición y constitución interior, uno de los temas principales y recurrentes de la guía del Rebe a las personas que buscaban su propósito divino fue que analizasen y desarrollasen los talentos innatos que Di-s les diera.
Nuevos tiempos de cambio
En épocas anteriores, no era común en las comunidades judías religiosas la creencia de que los talentos artísticos fueran instrumentos divinos que debían desarrollarse y utilizarse para un propósito superior.
Esto se debe a que, en toda Europa tras la Ilustración, el mundo de las artes creativas—desde la música hasta el arte, la literatura y el cine— era conocido por traspasar, en lugar de preservar, las barreras sociales y morales, introduciendo nuevas voces e ideas que desafiaban al sistema dominante. Durante siglos, las artes seculares se caracterizaron por confrontar y burlarse de las creencias y formas de vida tradicionales, todo en nombre de la exploración desinhibida. Es comprensible, por tanto, que existiera resistencia y recelo en las comunidades religiosas conservadoras respecto a las artes. Este recelo, a su vez, condujo a un desaliento generalizado hacia los artistas que se dedicaban a desarrollar tales talentos dentro de sus comunidades.
El Rebe, sin embargo, entendía que los tiempos habían cambiado y, en conversaciones con numerosas personas que buscaban su orientación en relación con sus aptitudes artísticas únicas, a menudo se hacía eco de las palabras de su suegro, el sexto Rebe de Lubavitch, R. Iosef Itzjak:
"El talento es un don de Di-s. Algunos son dotados por Di-s con talento para el canto; otros con talento para la oratoria y la elocución, o con talento para instruir; o con talento para educar, y así sucesivamente. Los talentos son [expresiones de] los poderes espirituales del alma: sus miembros.
La esencia del alma se extiende a estos miembros, animándolos según su carácter particular, permitiéndoles [así] llevar a cabo sus tareas únicas.”3
De hecho, conforme con el Midrash, el talento es más que un don que se puede utilizar o desechar a voluntad; es una invitación, e incluso una directiva, de lo Alto para que uno utilice ese don especial que Di-s le ha conferido cual instrumento para llevar luz y sanación al mundo.
Como expone el versículo en Proverbios: Honra a Di-s con tus posesiones.4
La palabra honejá en este versículo significa literalmente "tu riqueza" o "tus posesiones". Así, el significado simple de esta frase es que debemos honrar a Di-s usando todas nuestras posesiones materiales para un propósito Divino. Por ejemplo, al utilizar nuestro dinero para alimentar a los pobres, honramos a Di-s.
El Midrash lleva esta línea de pensamiento un paso más allá, interpretando el versículo en el sentido de que no sólo nuestra riqueza material debemos aplicarla al servicio de Di-s, sino también nuestra riqueza de talentos. 5
Un bello ejemplo de ello podemos verlo en un intercambio entre el Rebe y el querido cantor litúrgico Joseph Malovany.
Malovany es un célebre tenor vocalista, distinguido profesor de música litúrgica en la Escuela de Música Judía Philip y Sarah Belz, a cuyos conciertos han asistido presidentes y primeros ministros por igual.
En 1973, Malovany aceptó el puesto de cantor en la Sinagoga de la Quinta Avenida de Nueva York. Tras un tiempo allí, Malovany fue invitado a un farbrenguen en 770, donde conoció al Rebe. El Rebe le ofrecía a menudo bendiciones para que tuviera éxito en su carrera y le instaba a utilizar su talento para brindar conciertos por todo el mundo, incluidas actuaciones dedicadas específicamente a recaudación de fondos para obras benéficas.
En una ocasión, el Rebe dijo: "Debes honrar a Di-s con tu voz", explicando: "Según nuestros Sabios, el versículo [de Proverbios], Honra a Di-s con tus posesiones, puede leerse como: Honra a Di-s con tu voz, lo que es aplicable a un cantor. 6
El Rebe bromeó: "Si lo intentase yo, no sé si tendría éxito; el público huiría. Pero cuando tú cantas, más gente acude, por lo cual las donaciones se incrementan.”7
Desde la perspectiva del Rebe, tu talento es la manera en que D-os te coloca en el umbral del propósito de tu vida. Sean cuales fuesen tus habilidades, artísticas o de otro tipo, y sea cual fuese la capacidad que dichas habilidades te ofrezcan para hacer el bien en el mundo, tu talento es un instrumento conferido por Di-s que te empodera de forma única. Este poder es tanto una bendición como una responsabilidad. Usar tu talento no solo está permitido ni vale la pena el riesgo. El talento es un don Divino y conlleva el deber sagrado de utilizarlo para el mayor bien posible. De esta manera, nos convertimos en co-creadores de un mundo mejor
Una carta desde la sepultura
La siguiente historia ilustra hasta qué punto el Rebe entendía que el uso constante y dedicado de los propios talentos produce inevitablemente frutos espirituales.
Un año, tras la conclusión de Rosh Hashaná, Natan Yellin Moor, escritor laico israelí, llegó a 770 para recibir kos shel brajá del Rebe. 8
Nacido en Vilna de padres religiosos, Natan había estudiado en las academias judías de renombre mundial de la ciudad. De joven, sin embargo, Natan abandonó las creencias y prácticas del judaísmo en favor del sionismo laico, convirtiéndose finalmente en un activista acérrimo y luchando por un Estado judío independiente. Tras el establecimiento del moderno Estado de Israel en 1948, Natan se desilusionó de la causa por la que había luchado y comenzó a publicar regularmente artículos difamando todo lo judío, en particular al Estado judío y sus políticas.
Natan llegó ante el Rebe gracias a su amistad con el difunto Gershon Jacobson, editor del periódico yiddish neoyorquino The Algemeiner Journal. Para frustración de muchos de sus lectores, Jacobson había invitado al autoproclamado ateo a escribir para el Algemeiner, publicando a menudo en su nombre artículos venenosamente antiisraelíes y antijudíos. Cuando Gershon sugirió a Natan que se reuniese con el Rebe, el escritor aceptó la invitación a regañadientes.
Después de las presentaciones, el Rebe se volvió hacia Natan, sonrió ampliamente y le dijo: "He leído tus artículos".
Natan se sorprendió de que un Rebe jasídico hubiera leído sus artículos incendiarios y a menudo heréticos. ¡Y más aún se sorprendió cuando el Rebe pareció respaldar su trabajo!
"Cuando Di-s bendice a alguien con un talento como el tuyo", dijo el Rebe, "debe utilizarlo al máximo. Es un llamado Divino y una inmensa responsabilidad. Es un poder conferido por Di-s y es tu deber hacer pleno uso de tu capacidad para llegar a los demás e impactar sobre ellos por medio de tus escritos."
Abrumado, y pensando que tal vez el Rebe había confundido su identidad, Natan preguntó: "¿¡Usted, Rebe, está de acuerdo con lo que escribo yo!?"
El Rebe respondió con una sonrisa: "Uno no tiene por qué estar de acuerdo con todo lo que lee". A continuación, el Rebe desvió la conversación hacia su punto esencial. "Lo más importante es hacer uso de los talentos que Di-s le ha confiado. Y al hacerlo, finalmente llegará a la verdad".
Antes de que el escritor pudiera procesar el inesperado estímulo del Rebe, éste le hizo una pregunta que despertó algo en su corazón.
"Dime", dijo el Rebe en tono amable, "¿qué ocurre con respecto a tu observancia de la Torá y las mitzvot?".
No queriendo engañar al Rebe, Natan respondió: "El judío es contemplativo...".
"Pero en el judaísmo", dijo el Rebe citando una conocida máxima talmúdica, "lo más importante es hacer [y no meramente contemplar]. Lo primordial es la acción".
Varios meses después, a Natan le diagnosticaron un cáncer terminal y los médicos le dieron sólo unos meses de vida. Poco antes de morir, envió un sobre lacrado a Gershon Jacobson con una nota solicitándole que la publicase póstumamente.
Gershon aceptó y, tras el deceso de Natan, el artículo salió publicado en el Algemeiner Journal.
"Mi querido lector", escribía Natan. "Mientras lees este artículo, yo estoy rindiendo cuentas ante el Tribunal celestial, donde soy juzgado por todas las acciones y decisiones que he tomado en el curso de mi vida. Sin duda, seré juzgado por haber llevado una vida totalmente contraria a todo lo judío. De hecho, tengo serias dudas de que siquiera se me permita alegar en mi defensa. Por eso, en vida, he solicitado al editor de este periódico que publicase esta nota ahora, al encontrarme ya ante el Tribunal Celestial, en la esperanza de que lo que estás próximo a leer y debatir atraiga la atención del Juez Supremo. Porque tengo un mérito que deseo presentar ante el Tribunal a la luz de todas mis faltas y transgresiones”.9
Tras describir su intercambio con el Rebe, Natan concluyó su artículo póstumo con las siguientes palabras:
"El Rebe me dijo que dispongo de un talento único conferido por Di-s, y que es mi deber sagrado utilizarlo para ejercer influencia en los demás. Lo hice lo mejor que pude, aunque de manera equivocada. Y ése es el único mérito que puedo alegar; que ilumine el destino de mi alma....".
El Rebe creía que el mérito y el potencial incorruptible que acompañan a los talentos únicos de cada persona jamás caducan. Incluso en el ocaso de una vida vivida en conflicto directo con el judaísmo tradicional, el Rebe veía una chispa de fuego celestial y una maravillosa posibilidad. Él entendía que mientras vivas, e incluso después, siempre puedes llegar a ser aquello para lo cual Di-s te ha creado y poner tus dones a trabajar por el bien del mundo y de la humanidad.
Tanto se trate de los galardonados autores Herman Wouk, Chaim Grade o Chaim Potok; del escultor Jacques Lifshitz; o de renombrados músicos como el tenor estadounidense Jan Pierce y Bob Dylan, el Rebe animó reiteradamente a cada individuo a utilizar sus talentos especiales, artísticos o del tipo que fuesen, para promover el bien y la Divinidad en el mundo.
Cada talento, reiteraba a menudo, conlleva una responsabilidad diferente. Por supuesto, la magnitud y el peso de dicha responsabilidad varían dependiendo del talento de que se trate y de la capacidad que Di-s le haya otorgado a cada uno. Pero sin importar el talento, la estética o el nivel de habilidad, el llamado del Rebe fue claro: tus talentos sui generis son vehículos extraordinarios para cumplir tu misión personal en el mundo, y debes hacer uso de su poder, al igual que con todas las demás bendiciones, para revelar la luz de Dios en el mundo. De este modo, los dones que Di-s te ha concedido hallarán su máxima expresión, darán su mayor fruto y cumplirán el propósito sagrado transformador para el cual han sido concebidos.
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