Rezar en “lugares santos de sepultura” es una práctica judía antigua y ampliamente difundida. Por supuesto, rezar a los muertos, o incluso pedirles información, realizar sesiones espiritistas, etc., está claramente prohibido (véase Deuteronomio 18:11) y está relacionado con la prohibición de la idolatría.
Al analizar el versículo: “Subieron por el Néguev y llegó hasta Jebrón…” (Números 13:22), el Talmud interpreta que Caleb, el único de los doce espías además de Iehoshúa que no difamó la tierra de Israel, llegó solo a Jebrón (véase también Iehoshúa 14:6–15). ¿Por qué hizo Caleb este desvío en soledad? “Fue a postrarse sobre las tumbas de los Patriarcas. Dijo: ‘Padres del mundo, rezad por mí para que sea salvado del mal consejo de los otros espías’” (Sotá 34b).
Esto no significa que Caleb rezara a los Patriarcas. Más bien, pidió que añadieran sus plegarias a las suyas propias, para que el Cielo le concediera la fortaleza interior necesaria para mantenerse fiel a sus buenas intenciones. Rezó específicamente en el lugar de su sepultura para que el mérito de ellos, combinado con la santidad de su lugar de descanso final, ayudara a que sus oraciones fueran más aceptadas.
La santidad de estos lugares de sepultura proviene de la conexión persistente del alma con el punto de su separación definitiva del cuerpo después del entierro. Muchos de los lugares de sepultura, antes desconocidos, de grandes tzadikim en los alrededores de Tzfat fueron identificados por primera vez por el santo Arí (Rabí Itzjak Luria, 1534–1572), quien podía percibir la presencia del alma específica que se encontraba en cada sitio. Esta presencia es especialmente intensa en el iortzait del tzadik, el aniversario de su fallecimiento.
El Zóhar (III:70b en adelante, citado en Tania, Igueret HaKodesh 27) afirma que sin las plegarias de los tzadikim el mundo no podría sostenerse ni un solo instante. Los tzadikim protegen al mundo, incluso más después de su fallecimiento que durante sus vidas terrenales. Un ejemplo destacado es la Matriarca Rajel, quien, según se nos enseña (Midrash Rabá; Rashí y Rambán sobre Génesis 49:7; haftará del segundo día de Rosh Hashaná), fue enterrada en el camino, en Beit Léjem, para que sus descendientes, al ir al exilio tras la destrucción del Primer Templo, pudieran rezar en su tumba y para que ella pudiera interceder por ellos. Asimismo, el Midrash describe de manera conmovedora a un Iosef angustiado, arrancándose de las manos de sus captores y derramando lágrimas amargas sobre la tumba de su madre (véase Meam Loez sobre Génesis 37:36).
Es una costumbre de larga data visitar lugares de sepultura y apelar al mérito de los tzadikim. En nuestros días, también nosotros utilizamos este mismo principio: recurrir al mérito de los tzadikim fallecidos, a sus plegarias benevolentes y a la santidad de sus lugares de descanso final. Esta práctica no solo está permitida, sino que es recomendada; y en ciertas situaciones, como en tiempos de sequía severa, está incluso legislada por la halajá (Taanit 16a).
Además, el modelo de Caleb rezando en el lugar de sepultura de los Patriarcas se extiende no solo a los lugares de descanso de los tzadikim, sino también a los de los propios antepasados. Uno de los comentaristas halájicos clásicos, el Baj (Rabí Ioel Sirkes, 1561–1640, Ioré Deá, final del simán 217), aprobó firmemente la práctica de rezar en las tumbas de los antepasados en tiempos de dificultad, ya que su mérito puede intervenir para ayudar a anular un decreto adverso. De hecho, es una costumbre judía casi universal visitar las tumbas de familiares cercanos en el aniversario de su fallecimiento y rezar allí.
Antes de Rosh Hashaná, y especialmente el día previo al comienzo de la festividad, existe una antigua costumbre de visitar lugares de sepultura y apelar a los tzadikim para que intercedan por nosotros en el Día del Juicio. Sin embargo, no dirigimos nuestras oraciones a los fallecidos que descansan allí; más bien, imploramos a Di-s que tenga misericordia de nosotros en mérito de ellos (Kitzur Shulján Aruj 128:13).
Que nuestras oraciones encuentren favor ante los ojos de Di-s.
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