Estimados lectores:
En la parashá de esta semana encontramos una serie de quejas del pueblo de Israel dirigidas a Moshé. A pesar de recibir diariamente el maná y de ver constantemente la providencia divina, el pueblo reclamaba más. Pedían carne, se quejaban de las dificultades del desierto y parecían encontrar siempre un nuevo motivo para protestar. La Torá incluso los llama "mitonenim", personas que se quejan constantemente.
En un momento, Hashem responde a estos reclamos de una manera sorprendente. Les concede aquello que pedían y les provee carne en abundancia, "hasta que les salga por las narices". El mensaje es profundo: la queja permanente no surge necesariamente de una falta real, sino muchas veces de una actitud frente a la vida. Hay personas que, aun teniendo mucho, encuentran motivos para sentirse insatisfechas.
Esta enseñanza sigue siendo muy actual. Cuando una persona dedica sus energías a reclamar, exigir y buscar culpables, le queda poco espacio para actuar, construir y transformar. Es mucho más fácil quejarse que asumir responsabilidad. Es más sencillo esperar que otros resuelvan nuestros problemas que preguntarnos qué podemos hacer nosotros para mejorar la situación.
Los judíos que salieron de Egipto estaban atravesando una etapa de transición. Sin trabajo, sin una rutina estable y sin un objetivo visible a corto plazo, encontraron en la queja una ocupación constante. En contraste, las personas que logran transformar el mundo suelen ser aquellas que enfocan sus energías en la acción. En lugar de preguntarse por qué las cosas son así, se preguntan qué pueden hacer para mejorarlas.
Nuestros sabios enseñan que la generación de las quejas quedó en el desierto, mientras que quienes mantuvieron su confianza en Hashem y siguieron avanzando fueron los que finalmente entraron a la Tierra de Israel. Quizás por eso los jasidim repiten una frase tan simple como poderosa: más vale una acción que mil suspiros. Más vale una acción que mil quejas.
Antes de finalizar, quisiera disculparme con nuestros lectores. La semana pasada publicamos una reflexión sobre la parashá Behaalotejá, siguiendo el calendario de lectura de la Tierra de Israel, mientras que en gran parte de la diáspora todavía se leía parashat Nasó. Por ese motivo, volvemos esta semana a compartir una reflexión sobre Behaalotejá.
Que tengamos el mérito de enfocarnos menos en las quejas y más en las acciones. Que Hashem colme nuestras manos de bendición, abundancia y oportunidades para hacer el bien.
Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy

es un mensaje maravilloso y y que llena nuestro propósito, mil gracias por exponerlo