En el año 5679, durante la primera Guerra Mundial, no había etrogim, pues no era posible traerlos desde fuera del país. Únicamente el Rebe Shalom Ber de Lubavitch, quien vivía en ese tiempo en Rostov, tenía uno, gracias a los esfuerzos de uno de los jasidim. Obviamente, todos en la ciudad fueron a realizar la bendición sobre el etrog del Rebe y todos los hicieron en presencia del Rebe.

Un jasid llegó a Rostov en Jol HaMoed Sucot a pronunciar una bendición sobre el etrog. Después de haber cumplido la mitzvá, el jasid dijo con alegría y satisfacción, “Ah, gracias D-os!” El Rebbe le dijo: “Que Hashem haga que la alegría de la mitzvá brille durante todo el año.”