Hay quienes creen hacer el bien cuando se tragan vivo el ego de los demás. Y aquéllos a quienes no pueden ayudar, o que no pueden ayudarlos a ellos, les resultan indigestos y en consecuencia intolerables. No son capaces de trabajar con otros, ya que su ego no deja lugar para otros, sino sólo para aquellas extensiones de su ego hinchado que muestran que los otros los necesitan a ellos, o que ellos los necesitan a los otros.
El amor al prójimo no es para glorificar tu propio ego. Cuando acudas a ayudar a tu hermano o a tu hermana, deja tu propio ego atrás. Ama entregándote.
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