Estimados lectores:

Siempre la lectura de la Torá previa a Rosh Hashaná es la Parashá Nitzavim:

“Hoy están todos ustedes de pie, firmes ante Dios, su Señor: sus líderes, sus jefes tribales, sus ancianos, los que hacen cumplir las leyes, todo hombre israelita, sus hijos, sus mujeres y los prosélitos de tu campamento; incluso tus leñadores y los aguateros. De este modo, se los está trayendo al pacto de Dios, su Señor, y [están aceptando] el juramento terrible que hace hoy con ustedes”.

“Hoy” se refiere al día de Rosh Hashaná, el día del juicio, el día en que Di-s es coronado una vez más como nuestro Rey. Todos estamos firmes, sin diferencias: judíos de todas las generaciones y de todas las clases sociales, con distintos niveles de compromiso religioso, unidos en el pacto con Di-s y sus consecuencias.

La unión de todo el pueblo judío, sin hacer distinciones, es lo que abre los canales de bendición para el nuevo año. Y también está presente la poderosa imagen de nuestra historia completa: desde los grandes líderes que marcaron el rumbo de nuestro pueblo, hasta aquellos judíos sencillos y despojados, marginados o asesinados simplemente por ser judíos.

Todos ellos están firmes con nosotros en silencio en el día de Rosh Hashaná, mirándonos y pidiéndonos que reforcemos por un año más nuestro pacto con Hashem. Ellos nos dicen que, aunque el mundo esté en contra, ser judío siempre vale la pena. No nacimos ayer, no tememos a los vaivenes históricos: seguimos de pie, a pesar de todo.

Aquel aguatero masacrado en las Cruzadas y ese leñador asesinado por los cosacos también nos miran y nos transmiten un mensaje: “Sigue con la frente en alto como judío, ya falta poco para la llegada del Mashíaj.”

Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy