Vaigash
No bajaremos el volumen
Estimados lectores:
El título de nuestra parashá es Vaigash. La Torá nos cuenta que Iehudá se acercó a Iosef y le dijo: “Por favor, no te enfades conmigo”.
Rashi explica que no se trató de un pedido suave, sino que le habló con firmeza, dispuesto a todo, incluso a enfrentarse con el hombre más poderoso del mundo, con tal de salvar a su hermano.
Iehudá no sabía que Iosef era su hermano. Por el contrario, estaba convencido de que se trataba del secuestrador de Biniamin. Sabía que estaba en total desventaja, pero no estaba dispuesto a permitir que un hermano suyo quedara atrás sin presentar batalla.
Pero surge una pregunta: ¿por qué fue directo al enfrentamiento? ¿No podría haber intentado primero un camino diplomático, más suave?
La Torá nos enseña que cuando un hermano, otro judío, está en peligro, no hay lugar para especular ni hacer cálculos. Hay que actuar con toda la fuerza necesaria.
Cuando algo duele de verdad, uno grita de dolor, no se queja en voz baja.
Algo similar está ocurriendo en nuestros días. Nos enfrentamos a un antisemitismo que intenta que bajemos la voz, que no nos mostremos como judíos orgullosos. Justamente allí debemos aprender de Iehudá, que no dudó en hablar fuerte y plantarse ante los más poderosos para defender a un hermano judío.
En estos tiempos, los judíos no podemos ser tibios. Hay una batalla espiritual y física contra nuestros valores, y no podemos tomarla con calma.
¡Shabat Shalom!
Rabino Eli Levy
Iehuda se acerca a Iosef para pedir por la liberación de Biniamín, ofreciéndose a así mismo como esclavo al líder Egipcio en lugar de su hermano....
El famoso dicho del Rebe de Kotzk (de bendita memoria): “Si tú eres tú porque no eres yo, y yo soy yo porque no soy tú, entonces tú no eres tú y yo no soy yo. Pero si tú eres tú porque eres tú, y yo soy yo porque soy yo, entonces tú eres tú y yo soy yo.”
No somos seres físicos que tenemos una experiencia espiritual; somos seres espirituales que tenemos una experiencia física
El Rebe le aconseja a Taibel Lipskier algo inesperado: salir a alegrar a otros, bailando en bodas. Al hacerlo, no solo transforma la vida de quienes la rodean, sino también la suya propia. Al dar alegría, termina encontrando fuerza, sanación y luz dentro de sí misma.
«Estoy aquí esta noche para decir, fuerte y claro, que la oscuridad no tiene la última palabra», declaró el rabino Iehoram Ulman, director de Jabad-Lubavitch de Bondi. Era la noche del domingo, la octava y última luz de Janucá
Podemos intentar esquivar el dolor, dejarlo a un lado y volver a la normalidad lo más rápido posible. O podemos hacer lo que nuestra tradición nos enseña: juntar todo el dolor, enfrentarlo con honestidad y permitir que alimente una luz mayor.