Estimados lectores:

En la parashá Sheminí encontramos uno de los episodios más impactantes: la muerte de Nadav y Avihú, los hijos de Aarón. Ellos trajeron un “fuego extraño” que no les había sido ordenado, algo que solo debía hacerse en el día de Iom Kipur.

Ellos no actuaron con mala intención. Al contrario, estaban profundamente inspirados por la inauguración del Mishkán. Sentían un deseo intenso de conectarse con Hashem al máximo. En su entusiasmo, pensaron: “No hay que ser tan estrictos con las reglas; lo importante es la conexión, entregarse completamente”.

Pero justamente allí está la enseñanza. En el judaísmo, la verdadera conexión con Hashem no se logra solo a través de la emoción o la intensidad espiritual, sino dentro de los límites y las formas que la Torá establece. No todo lo que sentimos que nos acerca a Dios es correcto si no está alineado con Su voluntad.

Di-s no quiere que nuestra conexión espiritual sea solo elevarnos en momentos de búsqueda de éxtasis, sino que sepamos bajar esa conexión a lo cotidiano. La verdadera espiritualidad no es vivir picos aislados de emoción, sino integrar esa conexión dentro de un marco de reglas y orden. Recuerdo que un maestro, hace muchos años, contaba que organizaron una serie de cursos: halajá, cabalá y parashá de la semana. La gran mayoría se inscribió en cabalá, y apenas unos pocos en halajá. La gente naturalmente busca lo más elevado, lo más místico. Sin embargo, nuestra tradición enseña que la cabalá solo se estudia después de una profunda preparación y conocimiento. No todos querían construir la base; muchos querían ir directo a la cima.

El mensaje es claro: la conexión más verdadera y duradera con Hashem no se construye escapando hacia lo espiritual, sino trayendo la espiritualidad a la vida diaria, con compromiso, constancia y fidelidad al camino que la Torá nos marca.

Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy