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La decisión que cambió una comunidad
Estimados lectores:
La parashá de esta semana nos habla de las elecciones que hacemos en la vida. Hay elecciones pequeñas, que apenas modifican nuestro día, y hay otras que transforman por completo el rumbo de una vida y el de muchas personas.
Esta semana mi padre cumple 70 años y, al mismo tiempo, se cumplen 44 años desde que llegó como emisario a la provincia de Tucumán. Un paso que cambió para siempre su vida, la de nuestra familia y la de miles de judíos que, desde entonces, encontraron en él un referente, un maestro y un hogar judío.
Poco después de casarse, mis padres, siendo todavía muy jóvenes, tuvieron que tomar una de las determinaciones más importantes de sus vidas. Mi abuelo, de bendita memoria, le propuso a mi papá hacerse cargo de algunos negocios familiares en la Capital Federal. Era una oportunidad segura, con estabilidad económica y una vida cómoda.
Pero mi papá eligió otro camino. Decidieron venir a Tucumán para hacerse cargo de la comunidad judía de la provincia. En aquella época, nada era sencillo. Conseguir alimentos kosher era una verdadera odisea; para tener leche kosher había que ir a supervisar personalmente el ordeñe de las vacas. No existía un Talmud Torá donde pudiéramos estudiar, por lo que mi papá tuvo que traer un maestro especialmente para enseñarnos Torá. Cada aspecto de la vida judía requería esfuerzo, dedicación y enormes sacrificios.
Sin embargo, optaron por el camino más difícil. Lo más cómodo y, probablemente, lo más egoísta habría sido quedarse en Buenos Aires, con un sustento asegurado, una buena calidad de vida y todas las instituciones judías al alcance de la mano. Pero ellos prefirieron construir en lugar de recibir.
Cuarenta y cuatro años después, los frutos de aquella elección están a la vista. Hoy Tucumán cuenta con una comunidad vibrante, una sinagoga, una cocina comunitaria donde se realizan eventos y casamientos, y una escuela judía de primer nivel que sigue creciendo año tras año. Nada de eso existía cuando ellos llegaron. Todo comenzó con la valentía de renunciar a la comodidad para dedicar la vida a construir el futuro de una comunidad.
La Torá nos recuerda que las elecciones que realmente dejan huella rara vez son las más fáciles. Muchas veces implican renunciar a la comodidad, asumir riesgos y pensar más en los demás que en uno mismo. Pero también son esas elecciones, las menos egoístas y las más generosas, las que con el paso de los años dan los frutos más dulces. El legado no se construye buscando el camino más cómodo, sino el más significativo.
Que tengamos el mérito de elegir siempre el camino que Hashem espera de nosotros y de sembrar hoy aquello cuyos frutos podrán disfrutar las próximas generaciones.
Shabat Shalom,
Rabino Eli Levy
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