¿Ha notado alguna vez que cuando pasan revista a los procedimientos de seguridad en un avión antes del despegue y se muestra cómo las máscaras caen en caso de una emergencia, le indican que se ponga primero su máscara antes que la de su hijo?
Le pregunté al sobrecargo: “No sería más apropiado asistir primero al niño antes que a uno mismo?”. Ella me explicó que si estuviera padeciendo de problemas respiratorios, sería incapaz de ayudarlo. Por consiguiente, debo ajustar mi máscara primero y luego, ya que respiro bien, podré asistir al niño.
Tomé esta analogía y lo apliqué a padres que están criando a sus hijos. Ellos a veces pueden descuidar sus propias necesidades personales y las necesidades de su matrimonio, porque están ocupados con su familia. Las prioridades de los hijos están por encima de las de su matrimonio y sus sentimientos personales, bienestar y crecimiento.
Pero a menos que el matrimonio se nutria, la pareja no será congruente y no podrán cuidar a sus hijos como un equipo. Lo mismo se aplica a ellos si no se fijan en sus propias necesidades y armonía mental; no serán capaces, ni física ni emocionalmente, de darles lo mejor que tienen a sus hijos.
Necesitamos ajustar nuestra propia máscara y asegurar que nuestras necesidades estén bien atendidas. Entonces estaremos en posición dar lo mejor de nosotros a los niños que Di-s nos ha confiado, y de creer que haremos un buen trabajo en criarlos.
Recordemos lo que dice la Torá: "Debes amar a tu amigo como a tí mismo, no más que a tí mismo, porque sólo puedes dar amor cuando tienes amor".

¿los niños o yo? Durante muchos años he hecho pasar las necesidades de mis hijos y mi marido antes que las mías, yo ya no era yo, sino el cemento que mantenía unida la familia pero no había toda la harmonía que debía haber.
Pero un días tras el comentario de una vieja amiga que me dijo "tu ya no eres tu", decidí salir de la oscuridad y ser ante todo yo misma y no la madre de... o la mujer de... sino yo misma, volví a mis estudios y ahora primero soy yo y luego los demás.
Con lo cual ahora hay paz en mi matrimonio y en mi hogar, mis cuatro hijos son felices y da gusto estar todos juntos. Bien es verdad que hemos encontrado una actividad que nos gusta a todos en la cual estamos juntos pero no revueltos, es decir que tenemos un interés común pero dentro de él cada uno se desarrolla de forma autónoma.
Pero lo más importante es que yo vuelvo a ser la de antes.