Mientras estaba escribiendo el editorial sobre la parashá de la semana, me llegó la triste noticia del fallecimiento del rabino Moishe Friedman, shelíaj del Rebe en la ciudad de Bahía Blanca. Durante más de treinta años, dedicó su vida a la difusión del judaísmo en lo que durante mucho tiempo fue el Beit Jabad más austral del mundo.

Su vida estuvo marcada por su entrega y devoción para ayudar al prójimo y, sobre todas las cosas, por una profunda fe y convicción en su misión.

Más de una vez le preguntaron por qué quedarse en una ciudad tan alejada de los centros judíos, por qué no irse a vivir a Buenos Aires o Estados Unidos, pero él decía: “Si el Rebe me envió aquí, mi misión esta en este lugar”.

Hace ya más de diez años le fue diagnosticada una insuficiencia pulmonar que lo obligó a buscar tratamiento en los Estados Unidos. Su fe nunca menguó, sino que se vio fortalecida. En algún momento los doctores no tuvieron muchas esperanzas, pero la convicción del rabino Friedman estuvo en la idea jasídica de trajt gut vel zain gut (“piensa positivamente y todo estará bien”). Decidió tomarse unos momentos a diario para mentalizarse acerca de que todo estaría bien y, con esa gran fuerza de voluntad, logró sobreponerse a su enfermedad durante muchos años.

En la parashá hablamos de la recompensa que Hashem le da a Pinjás, quien estuvo dispuesto a dar su vida heroicamente sólo por cuidar el honor de Hashem y de la Torá. Sin pensar en las consecuencias sobre su persona, tomó la iniciativa y actuó.

Hoy Hashem se llevó a un héroe del pueblo judío. Los que quedamos debemos imitar sus acciones y sacrificar un poco de nuestro confort para ayudar a otro judío.

Que Hashem le dé descanso eterno. Baruj Dayan Haemet.

¡Shabat shalom!

Rabino Eli Levy