Estimados lectores:

Esta semana vivimos el 18 de Elul, día del nacimiento del Baal Shem Tov, líder y fundador del movimiento jasídico.

Hay miles de historias sobre el Baal Shem Tov, pero la más famosa es la del “Kokorico”.

Un joven judío había sido criado por un granjero no judío, y nunca tuvo la oportunidad de estudiar ni siquiera las plegarias más básicas. En el día de Iom Kipur, después de mucho insistir el granjero lo llevó a la ciudad para que entre a la sinagoga con sus hermanos judíos.

Al entrar el joven se vio abrumado por las plegarias y toda la gente vestida con el talit concentrados. Sin saber cómo acompañarlos, pensó. “El gallo todas las mañanas también alaba a Hashem con su canto, yo no se hebreo pero se el canto del gallo” Y sin darse cuenta pego un grito con el “kokorico” del gallo.

Todos frenaron sus rezos para ver quien era el desubicado que gritó en medio de las oraciones, y el joven avergonzado salió corriendo a la calle.

El Baal Shem Tov que estaba dirigiendo las plegarias dijo. “Gracias al cántico de este niño, se quebraron los decretos oscuros que pendían de nuestra comunidad este año, su grito rompió el decreto negativo”

A pocos días de Rosh Hashaná, se vienen horas y horas de plegarias, pero en el fondo lo que Hashem quiere de nosotros es un clamor sincero, una búsqueda de acercarnos a la fuente, no sólo las palabras del Majzor lo más importante es la pureza que tenemos en el corazón.

¡Shabat Shalom!

¡Ketiva veJatima Tova!

Rabino Eli Levy