Estimados lectores:

Uno de los flagelos de nuestra época es el individualismo. Cada uno en su burbuja personal, en su algoritmo hecho a medida, gente en el subte lleno mirando la pantalla del celular, cada vez menos eligen dedicarse a la familia y a la comunidad.

El Rebe en su último discurso, dos días antes de su derrame cerebral, justamente sobre la Parashá de nuestra semana, habló sobre la importancia del amor al prójimo y el valor de la comunidad. La bendición del pueblo judío solo recae cuando estamos unidos.

Los hijos de Israel en el desierto se quejaban todo el tiempo en forma egoísta, pero cuando estuvieron en bajo el monte Sinaí se unieron “como si fueran una sola persona” y fueron merecedores de recibir la Torá, pero esa unión surgió de la gran revelación divina.

En Vaiakel el pueblo se unió para construir el Mishkan, cada uno aportando lo que podía, ya sea con su dinero, su tiempo o sus talentos, hombres, mujeres y niños. Pero esto ya fue después de la revelación divina, como dice Rashi, esto fue después de Iom Kipur. Ya había pasado todo y habían vuelto a la rutina diaria, de todos modos, tenían un proyecto en común en el que todos iban a dar todo de sí mismo para construir el santuario.

Para la reconstrucción del Beit Hamikdash y llegar a la era mesiánica, necesitamos lo mismo, unión y amor al prójimo, no pensar en forma egoísta e individual en lo que nos convine solo a cada uno, sino en el bienestar de todo el pueblo y de todas la humanidad.

¡Shabat Shalom!

Rabino Eli Levy