La palabra hebrea natán (“dar”) es un palíndromo (se lee igual en ambos sentidos), revelando una profunda verdad sobre la dinámica recíproca del dar: Cuando uno da, también recibe a cambio.1
En un estudio reciente,2 los investigadores descubrieron que quienes gastaban más de sus ingresos en los demás que en sí mismos disfrutaban de una felicidad significativamente mayor y más duradera. De hecho, un presente mínimo de cinco dólares era suficiente para producir un incremento considerable de felicidad. En general, la felicidad auto declarada de quienes practican la caridad es cuarenta y tres por ciento mayor que la de quienes no lo hacen.
Otros hallazgos3 incluyen tasas de depresión más bajas entre quienes donan más del diez por ciento de sus ingresos.4 Dar dinero no es la única forma de disfrutar de los beneficios de la generosidad: Las personas que son muy generosas en sus relaciones —personas emocionalmente disponibles y hospitalarias— tienen muchas más probabilidades de gozar de buena salud (cuarenta y ocho por ciento) que las que no lo son (treinta y uno por ciento).
De hecho, según las investigaciones actuales, la energía positiva que se siente al realizar una buena acción tiene impacto en el cuerpo. De la misma manera que el ejercicio libera endorfinas en el cerebro que nos hacen sentir bien,5 los actos de caridad generan lo que los científicos llaman el “subidón de ayudar”.
En otras palabras, los seres humanos estamos predispuestos a dar. De ahí que, según la profesora Elizabeth Dunn y sus colegas,6 [i] que estudiaron datos de ciento treinta y seis países, “en contraste con el pensamiento económico tradicional, que sitúa el interés propio como principio regidor de la motivación humana, [nuestros] hallazgos sugieren que la recompensa por ayudar a los demás puede estar profundamente arraigada en la naturaleza humana, que emerge en diversos contextos culturales y económicos”.
Esto concuerda con la enseñanza de la Torá en el sentido de que la humanidad fue creada a imagen de Di-s. Según los cabalistas, Di-s creó el mundo principalmente para expresar Su bondad. Como enseñan los Sabios: Teva Hatov l’heitiv, “es propio de la naturaleza de Aquel Que es Bueno hacer el bien”. La propensión humana a dar es un reflejo natural de la imagen Divina con la que hemos sido creados.
Curiosamente, además de generar beneficios que nos hacen sentir bien, “dar” también tiene sus ventajas financieras.
El Talmud promete riqueza a quienes hacen actos caritativos, interpretando el versículo “Diezmad [aser] diezmaréis [teaser]”7 como: “Diezmad [aser] para que os enriquezcáis [titasher]”.8 A diferencia de la mayoría de los mandamientos, cuya recompensa se acredita en el Mundo Venidero, en el caso de la caridad, Di-s nos promete una recompensa más inmediata en esta vida, a saber, que nuestra riqueza se incrementará en tanto más la utilicemos en beneficio de otros.
Es así que la palabra hebrea para “riqueza”, osher, está etimológicamente relacionada con la voz hebrea aser, “diezmar”, que enseña que lo que recibimos es reflejo de lo que damos. La riqueza llega a quienes distribuyen sus recursos de forma activa y eficaz, lo cual demuestra que el propósito y la función de la riqueza es invertirla donde más se necesita.
Cuando nos transformamos en humildes agentes filantrópicos contribuyendo a diferentes causas nobles, Di-s nos confía una riqueza aún mayor para realizar inversiones aún mayores en Su Nombre. En palabras de R. Yaakov ben Asher:9 “Que no surjan malos consejos en tu corazón que digan: ‘¿Cómo puedo reducir mi riqueza dándosela a los pobres? Debes saber que la riqueza no es tuya; sólo fue confiada a ti en depósito con la condición de que la utilices como desea el Depositante, dando una parte de ella a los necesitados”.
Dar es recibir no sólo se aplica a la riqueza material; siempre que actuamos por el bien de los demás, también acabamos beneficiándonos nosotros mismos. Por ejemplo, expone el Talmud:10 “Quien reza en favor de otro cuando necesita la misma salvación, a él se le responde primero”.
En última instancia, a pesar de las enormes recompensas y beneficios que acompañan al acto de dar, lo más importante no es lo que obtenemos para nosotros, sino lo que damos a los demás. En palabras de Winston Churchill: “Podemos ganarnos la vida con lo que recibimos (por nuestro trabajo), pero nuestra vida la hacemos con lo que damos”.
El Concepto
Cuando damos a otros en necesidad, no implica una merma (en nuestro patrimonio); por el contrario, un enriquecimiento...
Sucedió Una Vez
Sir Moses Montefiore fue un destacado filántropo anglo-judío del siglo XIX y el primer judío en alcanzar un alto cargo en el Reino Unido. En su 100º cumpleaños, The London Times dedicó varios editoriales a alabar su obra, señalando que “había demostrado que el judaísmo ferviente y la ciudadanía patriótica son absolutamente compatibles”.
Una vez le preguntaron: “Sir Moses, ¿cuánto vale usted?”. Sir Moses pensó un rato y dijo una cifra demasiado pequeña para un empresario internacional de su envergadura.
“Pero sin duda”, insistió su asombrado entrevistador, “su riqueza debe ser mucho mayor”.
Sir Moses respondió amablemente: “Usted no me ha preguntado cuánto poseo; sólo me ha preguntado cuánto valgo. Así que calculé cuánto he dado a la caridad este año y esa fue mi respuesta. Vea, “continuó explicando, “sólo valemos lo que estamos dispuestos a compartir con los demás”.
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