Moshé (Moisés) se sintió responsable por la oscuridad, y también por la luz. Defendió no sólo a los justos, sino también a quienes habían fallado.
Apenas cuarenta días después de la revelación de la Unidad Absoluta en el Monte Sinaí, el pueblo causó el enojo de D-os con el becerro de oro. Moisés debió admitir que se habían equivocado. Con todo, hizo mucho más que rogar por ellos: Arriesgó todo su ser por salvarlos.
— ¡Perdónalos! — exigió — ¡Y si no los perdonas, bórrame de Tu Libro, que Tú escribiste!
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