Estimados lectores:

Este Rosh Hashaná tiene una particularidad especial: durante el primer día no escucharemos el sonido del shofar, porque coincide con Shabat. El Talmud explica que nuestros Sabios establecieron no tocarlo por temor a que alguien pudiera transportarlo por el espacio público y profanar el Shabat (Rosh Hashaná 29b). Pero el Jasidut plantea una pregunta más profunda: ¿cómo puede ser que, por el temor de una posible transgresión, todo el pueblo judío deje de cumplir una mitzvá tan fundamental? La respuesta es que, cuando Rosh Hashaná coincide con Shabat, aquello que espiritualmente logramos a través del shofar es alcanzado por la propia santidad del Shabat.

Durante los seis días de la semana vivimos en una batalla constante. Corremos detrás de nuestras necesidades, preocupaciones, deseos y de aquello que creemos que nos dará satisfacción. Shabat nos propone algo completamente diferente: por un día dejamos de correr y de intentar conquistar el mundo, para conectarnos con un placer más profundo, que no depende de conseguir algo externo, sino de encontrarnos con nuestra propia esencia, con nuestra neshamá y con Hashem.

Quizás por eso el shofar y el Shabat tienen tanto en común. El shofar no utiliza palabras, no explica ni argumenta. Es un sonido elemental que surge desde lo más profundo de nuestro ser, un llamado de la neshamá que trasciende nuestras preocupaciones y deseos cotidianos. Durante un Rosh Hashaná habitual necesitamos ese sonido para alcanzar ese lugar; cuando Rosh Hashaná es Shabat, el propio Shabat nos lleva hasta allí. El silencio del shofar, entonces, no es realmente un silencio: el shofar está sonando de otra manera, dentro de nosotros.

Hay algo especialmente significativo en comenzar el año de esta forma. Entramos al nuevo año imbuidos de la energía del Shabat: menos atrapados en la batalla constante con el mundo, menos esclavos de nuestros deseos y más conectados con nuestra esencia. Quizás este Rosh Hashaná nos invite precisamente a eso: dejar por un momento de buscar afuera y descubrir aquello que ya existe en lo más profundo de nuestra alma.

Nuestros Sabios describen la era del Mashíaj como “un día que será completamente Shabat y descanso para la vida eterna”. Que este Rosh Hashaná, que comienza con la santidad del Shabat, sea finalmente el comienzo de ese tiempo: un año de verdadera menujá, de paz y de redención, con la llegada del Mashíaj.

Shaná Tová Umetuká,
Rabino Eli Levy